Columnistas


Freud, Einstein y la guerra
Autor: Hernán Mira
14 de Febrero de 2016


Tuvimos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y nuestra civilización tan sólo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada.” Stefan Zweig

mira@une.net.co @mirafer


“Tuvimos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y nuestra civilización tan sólo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada.” Stefan Zweig


Desde hace años nos venimos preguntando porque Colombia, cuya historia ha estado siempre marcada y dominada por alguna de las tantas guerras hasta desembocar a la actual, ha sido tan propensa a los conflictos armados y aquí hemos estado tan dispuestos a tomar las armas para resolver las diferencias políticas, muchas veces, pero, además, las sociales, económicas o territoriales, entre otras. La causa de la guerra es multifactorial, predominado en cada caso un elemento sin que esto opaque los demás. Uno de los que constantemente está en juego es el psicológico, con el que siempre andamos por la vida.


Albert Einstein, el 30 de julio de 1932, le escribe una carta a Sigmund Freud en la que le pregunta “¿existe un medio de liberar a los hombres de la maldición de la guerra?”. Le habla, además, de las poderosas fuerzas psicológicas que mueven a la guerra y señala la “voluntad de poder político” animada por la veleidad del poder también en el plano material y económico. Unido esto, a esos grupos de hombres para quienes la fabricación y el comercio de armas son una muy buena ocasión “para conseguir ventajas personales y extender su esfera de poder personal” Al final, Einstein, plantea en su misiva una explicación de por qué la masa se deja llevar a la guerra y propone la existencia en los humanos de “una necesidad de odio y destrucción”, llamándola “psicosis de masa”. Pregunta entonces a Freud, si sería posible enderezar el desarrollo psíquico y que puedan “resistir a la psicosis de odio y destrucción


Freud responde en setiembre de ese año, una extensa y brillante carta con múltiples consideraciones, de las que destaco las que considero más relevantes para nuestra historia y actualidad. La unión es uno de los factores que destaca para contrarrestar la guerra, “la violencia es vencida por la unión” y la unidad de grupo debe ser permanente. La comunidad tiene que ser conservada, organizarse “crear preceptos que prevengan las insubordinaciones” y designar organismos que velen por el cumplimiento de las leyes. Cuando los miembros de un grupo humano reconocen esa comunidad de intereses, se crean vínculos afectivos y “gregarios que constituyen el verdadero fundamento de su poderío.” De este elemento fundamental hemos carecido en Colombia, donde siempre han impuesto su ‘ley’ las divisiones irreconciliables que se siguen viendo hoy por hoy.


“Una comunidad humana se mantiene unida merced a dos factores: el imperio de la violencia y los lazos afectivos –técnicamente los llamamos ‘identificaciones’- que ligan a sus miembros” Aquí, es como si nos hubieran ‘unido’ más las guerras inmemoriales que una identificación, extremadamente frágil, como país. Para Freud, es necesario educar unos ciudadanos dotados de pensamiento independiente “inaccesibles a la intimidación, que breguen por la verdad” y los cuales puedan llegar a la dirección de la comunidad.


En la conclusión de la carta, Freud recalca el papel de la evolución cultural o civilización y dice que hay dos factores psicológicos más importantes en la cultura: “el fortalecimiento del intelecto, que comienza a dominar la vida instintiva y la interiorización de las tendencias agresivas”. Y concluye que las actitudes psíquicas que logramos con la cultura “son negadas por la guerra en la más violenta forma, y por eso nos alzamos contra la guerra: simplemente no la soportamos más.” La conclusión es tajante y señala también nuestras grandes carencias: “todo lo que impulse la evolución cultural obra contra la guerra.” Se trata así, de trabajar a fondo para engrosar esta “capa” que nos proteja ahora y siempre de la guerra.