Columnistas


Una sede imposible
Autor: Sergio De La Torre
14 de Febrero de 2016


Se ventila en estos días un asunto espinoso: si se accede o no a la pretensión del Eln de que sea Venezuela la sede de los diálogos con esa agrupación, para reproducir allí los de La Habana con las Farc, probablemente con el mismo ruido.

Se ventila en estos días un asunto espinoso: si se accede o no a la pretensión del Eln de que sea Venezuela la sede de los diálogos con esa agrupación, para reproducir allí los de La Habana con las Farc, probablemente con el mismo ruido, parsimonia e interrupciones. Los cuales, por lo demás, están a punto de concluir, al menos con la firma de un acuerdo cuya ejecución (que es lo que de veras importa, pues asegura el cierre del conflicto) solo podrá darse en el postconflicto.


El tema es crucial porque de quién sea el anfitrión depende en alta medida la suerte de este nuevo proceso. Con Cuba como sede nos ha ido relativamente bien por no estar ya ella interesada en desquiciar a sus vecinos atentando contra su estabilidad, prendiendo focos guerrilleros donde no los hay, para implantar su modelo fracasado, como cuando con su aliento actuaban en Colombia las guerrillas marxistas o filomarxistas que aquí brotaron a partir de los años sesenta. A la Cuba actual, de regreso al capitalismo, solo le interesa reconciliarse con Estados Unidos, ya que a Venezuela, en harapos y sin cómo sostenerse ella misma, se le desinfló la bolsa y con ella su mensaje que, difundido a punta de petrodólares, mal podía sembrarse y pelechar, como lo evidenciaron las recientes elecciones en Argentina y la propia Venezuela, y la no por discreta menos perceptible retirada de amigos muy cercanos como Brasil, Ecuador y Uruguay. Y de tanto redentor de ocasión que aún pervive, como Evo y Ortega.


Ninguna convicción alimentada con oro puede durar, pues el vil metal todo lo degrada y corrompe, así genere al comienzo arrebatos colectivos o el ardiente, fugaz entusiasmo que la demagogia fácil suele despertar en sociedades inmaduras o frustradas. Cómo confiar, verbigracia, en la lealtad perdurable de ese puñado de islitas caribeñas que creyéndose naciones soberanas a duras penas figuran en el mapa y no aparecen sino cuando se requieren sus votos remunerados en las “cumbres” que reúne Caracas para armar mayorías con qué lanzar proclamas contra Washington, que es lo que ritualmente hace Venezuela, pese a que sin el mercado gringo para su crudo jamás hubiera podido ser el ricachón ostentoso sino apenas uno más entre los desvaídos , precarios países del continente.


La conducta exterior venezolana, bajo la larga hegemonía chavista, nunca ha tenido consistencia. Revela creciente desesperación, y eso la torna pugnaz y prevenida, cada vez en mayor grado. El papel que asumió enarbolando una ficticia emancipación latinoamericana de la coyunda yanqui nadie se lo ofreció sino que fue fruto del narcisimo desbordado (megalomanía, dirían los médicos) de un oficial que al llegar al poder por vía electoral, después de su fallido cuartelazo, ya era presa de un delirio de grandeza tal que lo llevó a intentar una segunda independencia no ya del imperio español sino del imperio norteamericano. Pero ahora ellos están a la defensiva, lo que entraña un mayor riesgo. Porque la cúpula caraqueña se torna hipersensible frente a cualquier opinión adversa o siquiera diferente, y entonces responde con furia y desproporción. Poco distingue los matices y menos los tolera, pues sabe que toda su obra es un desastre que impacta a la humanidad entera, incluyendo a los aliados que aún le quedan. Abrazó Caracas el castrismo cuando éste, con el naufragio de la Unión Soviética y su satrapía stalinista, ya venía en barrena. La bonanza petrolera fue el trampolín de Chávez, pero también su tragedia. Le dio alas pero también lo engañó haciéndolo pensar que el socialismo se propaga simplemente subvencionando gobiernos mendicantes, insolventes o fallidos, como el nicaragüense. 


Todo lo anterior indica que Venezuela no solo no debe (por impedimentos morales tan obvios como que soterradamente - y a veces no tanto - ha guarecido en su territorio a la guerrilla del Eln) sino que no puede ser sede de unas negociaciones. En las que yo poco creo, dicho sea de paso. Bastante tiene Maduro con la debacle interior que lo ronda, para asumir más cargas y compromisos.


Coda: apenas comienzo a leer el libro titulado Retablos Místicos de Hernán Villegas Ramírez y ya me tiene asombrado por la sobriedad y elegancia de su prosa y por la hondura de su experiencia mística y religiosa. Habiéndolo conocido en la tribuna parlamentaria no podría menos que testimoniar que el doctor Villegas así como habla escribe.