Columnistas


La resaca petrolera
Autor: Rafael Bravo
12 de Febrero de 2016


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Después de ser la tabla de salvación para muchos países productores, el petróleo va camino a convertirse en una de las maldiciones que según los más pesimistas llevara al mundo desarrollado a otra recesión. La Opep otrora poderoso cartel que decía cuanto abrir las llaves de la oferta, se ha convertido en un perro que perdió los dientes e incapaz de morder. Luego de una larga noche de lujuria y gasto desmedido, los gobiernos despiertan a una penosa resaca cuyos efectos van a producir más de un dolor de cabeza. Lo peor es que no hay medicina que alivie el mal y como siempre el paciente termina grave o en la tumba.


Contrario a los árabes que supieron aprovecharse de la plusvalía que pagamos en Occidente, la situación en América Latina es bastante diferente. Comencemos de arriba abajo. El desplome del precio ya cobró la primera víctima en México: la cabeza del director de la productora estatal Pemex. Con la caída del barril en un 70 por ciento, se desencadenó la tormenta perfecta. El capital extranjero que sería la panacea perdió el apetito. La producción se estancó y el monstruo acumuló pérdidas de 20.000 millones de dólares en los tres primeros trimestres del año pasado. Se anuncia el despido de decenas de miles de empleados y una reducción significativa de los ingresos para el gobierno central.


Las repercusiones económicas en Colombia que sin ser una potencia petrolera depende de las exportaciones de crudo, han obligado al Gobierno a hacer un ajuste en los ingresos impactando importantes programas sociales y de inversión. Las menores ventas al exterior han producido un déficit en cuenta corriente catalogado entre los más altos en el mundo. Para compensar la caída en los ingresos, se cocina una reforma tributaria que va a golpear con dureza a las clases media y baja por un aumento en el impuesto de ventas. 


En Venezuela donde hasta hace poco todo sabía a bonanza, la debacle económica se agudiza con el paso de los días. Los petrodólares sirvieron para comprar diplomacia a cambio de un Socialismo Siglo XXI del cual sólo quedan las cenizas. Un modelo asistencialista que lamentablemente hoy deben pagar sus beneficiarios. No hay comida, no hay medicamentos, no hay divisas y un gobierno que se niega a aceptar una realidad cruda y madura. Las alarmas se han encendido. Ultradependiente del crudo y el país con las mayores reservas petroleras del planeta sufre la peor crisis de los últimos 30 años, en un clima de creciente tensión política y hastío popular.


Brasil, en su momento la niña linda de América del Sur se sume en una crisis institucional y política en la que el petróleo también es un ingrediente negativo por los escándalos en la estatal Petrobras. Además, las exportaciones de crudo llegaron a representar un dos y medio por ciento del producto. Los hallazgos en altamar que en su momento trajeron inversión foránea en cantidades, es una incógnita lo que puede traer los menores precios.


Las compañías petroleras estatales sirvieron como caja menor para subvencionar programas sociales, educativos y obras de infraestructura, como ha ocurrido en Ecuador donde el oro negro ha sido el motor para la modernización vial y un avance de los índices económicos como nunca antes. Una vez más, los países latinoamericanos olvidan la historia de lo que significa manejar irresponsablemente las bonanzas que traen las materias primas.