Columnistas


Un centro pensado y caminable
Autor: Alvaro T. L髉ez
9 de Febrero de 2016


Los centros de las ciudades son esos lugares, casi sagrados, donde confluye el com鷑 para sus habituales actividades de tr醡ites, comerciales, judiciales, religiosas y de encuentro. Todo gira en torno a un espacio p鷅lico determinado.

alvarolopez53@hotmail.com 


Los centros de las ciudades son esos lugares, casi sagrados, donde confluye el  común para sus habituales actividades de trámites, comerciales, judiciales, religiosas y de encuentro. Todo gira en torno a un espacio público determinado que sirve de referente, como una plaza o un parque, por ejemplo. Pero las ciudades van creciendo y las personas van desplazándose hacia nuevos sectores que se desarrollan precisamente como consecuencia de ese desarrollo, que debe ser ordenado y pensado. Ese fenómeno de ir habitando nuevos espacios, puede generar el gran problema del abandono de lo que fue el epicentro urbano, el cual será irremediablemente ocupado por la informalidad, la delincuencia y la indigencia, si no se prevén los cambios.


Devolver en dos meses las aceras a los ciudadanos, no es tarea imposible. Pero, ¿será la ocupación del espacio público el meollo del problema? Parece que no. Medellín ha vivido a lo largo de décadas el gran problema del uso del suelo de lo que hemos venido en llamar el centro histórico; algún alcalde construyó pequeños centros comerciales para que los venteros del centro se trasladaran con sus negocios, pero algunos tuvieron que ser demolidos porque se convirtieron en verdaderos antros de vicio y prostitución. Este hecho solo puede indicarnos que estas obras fueron tomadas por las fuerzas oscuras que se han ido apoderando del espacio público, y no solo del centro, pauperizando un territorio valioso por el contenido arquitectónico y cultural, y porque encierra la historia de la ciudad. 


No es un asunto solo de fuerza armada, sino de manejo de cada uno de los problemas que vive el centro de la ciudad. La inequidad de la periferia se refleja en la inseguridad del centro, pues mientras no se combatan la pobreza y el hambre, eso que hace salir a nuestros niños a mendigar y a robar, y a nuestras niñas las pone en riesgo de explotación sexual, no le podremos garantizar seguridad física al resto de la población ni en el centro ni en ninguna otra parte de la ciudad. Los centros son a las ciudades lo que los ojos al alma: son su reflejo, los reales indicadores de las condiciones sociales. La falta de oportunidades de los ciudadanos en materia de educación, empleo y seguridad social, se traducen en las grandes calamidades que hoy estamos viviendo en nuestra ciudad.


Otro asunto a tener en cuenta para la transformación de un centro como el de nuestra ciudad, es el de la propiedad, sobre todo el dedicado a la habitación de las personas. Se hace necesario que haya medios que permitan que las nuevas generaciones, las nuevas familias, más pequeñas que antes, accedan a la propiedad de los edificios y viviendas del centro, concebidos para otro tipo de vecindario. Cuando vuelven a ser habitados, cuando pueden ser transitados a cualquier hora, cuando vuelven a ser atractivos, los centros dejan de ser una carga muerta para la Administración local, pero para esto se necesita seguridad física, sanitaria, peatonal y vehicular. Todo esto se logra con planeación humanizada, buena voluntad y conocimiento de ciudad.