Columnistas


¿Pedagogía del olvido?
Autor: Diego Alvarez
16 de Enero de 2016


Hace unos años hice el experimento de aplicar el mismo instrumento de evaluación a mis estudiantes de medicina a los cuales separé en dos grupos al azar, uno lo presentó en las condiciones habituales.

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Hace unos años hice el experimento de aplicar el mismo instrumento de evaluación a mis estudiantes de medicina a los cuales separé en dos grupos al azar, uno lo presentó en las condiciones habituales y al otro les permití utilizar cuanto recursos dispusieran (libros, notas e incluso internet). Sin mucha sorpresa pude corroborar que el rendimiento fue significativamente menor en el grupo que tuvo disponibles todos los recursos, porque como me retroalimentaron los estudiantes es muy complejo resolver un problema cuando se tiene a mano demasiada información.


Aunque nuestro cerebro tiene la capacidad de almacenar toda la información a la que nos podemos exponer, la naturaleza ha elegido que olvidemos. ¿Se imaginan que terrible confundir los bellos pasajes de un buen libro, con el número de manchas en las hojas, las irregularidades de las letras en la impresión, los signos de puntuación, los sonidos que percibimos del entorno mientras leíamos, la presión de la silla sobre nuestro cuerpo en el momento y tantos detalles alrededor?


El olvido como parte del aprendizaje, es un sofisticado proceso que permite resaltar lo que inconscientemente valoramos y necesitamos. Especialmente en la infancia tenemos una enorme capacidad de establecer nuevas conexiones neuronales y desconexiones. Se ha atribuido  a la pérdida de la capacidad de “podar” las redes neuronales por lo cual los adultos somos incapaces de olvidar el acento cuando aprendemos ya tarde otra lengua.


El sistema educativo es ineficiente en la continua repetición de conceptos, porque la información que no se conecta con experiencias preexistentes y no tiene una carga afectiva asociada, se olvida fácilmente. Un escolar a lo largo de 12 años recibe más horas de matemáticas que lo que recibe un licenciado en matemáticas en la universidad.


Cada vez que recordamos, el cerebro trae los elementos principales almacenados, los conecta llenando los vacíos y almacena nuevamente de una manera diferente. Entre más recordamos más  cambiamos dichos recuerdos. Se ha percatado que cuando uno ve una película extranjera, no se acuerda de haber leído los subtítulos sino que recuerda a los personajes hablando en español.


Pero estas cosas que nos parecen novedades de la neurociencia, la cultura las conoce profundamente desde hace milenios. Por ejemplo la conexión entre memoria y emoción  claramente está en la lengua como señala el profesor Lauand. Etimológicamente recordar significa traer de nuevo al corazón, en inglés by heart significa  saber algo de memoria y   en italiano olvidar es scordare (sacar del corazón). En lengua árabe la palabra que designa al ser humano es Insam y literalmente significa aquel que olvida.


En la mitología Griega, los dioses protestaron ante Zeus porque el ser humano olvidaba y no habría quien celebrara el nuevo orden en el universo, por lo cual decidió unirse a Mnemósine (diosa de la memoria), hija de Urano (cielo) y Gea (tierra).  De dicha unión nacieron las nueve musas de las artes.  


¿No será acaso esta bella alegoría una tentadora invitación para valernos del arte y construir una pedagogía  que hasta ahora se ha olvidado del olvido?


* Este es un espacio que se abre a la reflexión y al diálogo con diferentes representantes nacionales e internacionales de las educaciones alternativas. Una propuesta de la Fundación Mundo Mejor para responder de forma concreta a su compromiso con la felicidad y la libertad de los niños, buscando integrar y debatir sobre conceptos, experiencias y metodologías que están transformando la educación, una invitación que provoque cambios y estrategias más respetuosas y comprensibles en el mundo de los niños.