Editorial


Desde el alto de San Miguel
13 de Enero de 2016


Si para Caldas esa transformaci髇 significa evitar que se siga usando el alto de San Miguel como botadero de escombros, para los municipios que constituyen la centralidad implica renunciar a entender el r韔 como exclusivo corredor de movilidad.

El primer encuentro público de los directores de Corantioquia, Alejandro González, y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, Eugenio Prieto Soto, autoridades ambientales de la subregión, ocurrió con el alcalde de Caldas, Carlos Eduardo Durán Franco, y representantes del alcalde de Medellín, además de personeros de las juntas de acción comunal de ese municipio. Este acaeció en el pie de monte del emblemático alto de San Miguel, albergue del nacimiento del río Medellín (o Aburrá), además de cuna de ricas especies de flora y fauna que ayudan a preservar la vida en esta subregión. Su ocurrencia durante el puente de Reyes -el de los poco ecológicos “paseos de olla”- permitió inaugurar un proyecto pedagógico para el cuidado de la zona, que compromete a estas instituciones en la formación y acompañamiento de los paseantes a esa rica, pero también frágil, sede del río. 


La simbólica reunión ha sido precedida por trascendentales acciones dirigidas a transformar las condiciones del río Medellín y la relación de habitantes y municipios con él, siendo especialmente destacadas la suscripción por 5.500 entidades de diverso orden, del acuerdo Nuestro río, y la avanzada construcción del tramo 1A de los Parques del Río Medellín. También la antecedieron promisorias declaraciones de compromiso con la cuenca: la del doctor Prieto  Soto, señalando que “el río nos debe integrar, debe ser el eje articulador del Valle de Aburrá, no la cicatriz que separa y divide”, visión que está acorde con el compromiso de protección del río, señalado por el doctor Durán Franco, quien proclamó que “Caldas es una ciudad verde, nosotros somos animalistas, ecologistas, y tenemos la intención de vivir de lo que tenemos que es un medio ambiente bonito”. A ellos se ha sumado el director de Corantioquia, quien anuncia la pronta declaratoria del alto como Distrito de Manejo Integrado, en el marco del Decreto 1974 de 1989, que estableció la creación de zonas de desarrollo sostenible en territorios específicos de gran riqueza natural. 


La coincidencia de voluntades de estas autoridades alrededor de pensar el río como centro de vida y protección crea esperanza porque los municipios, sus instituciones y actores privados, así como académicos, consigan dar continuidad al proceso de “transformación del ecosistema Valle de Aburrá, fundado en nuevas formas de relación con lo natural y habitación y desarrollo de la infraestructura urbana en torno al río y sus afluentes, las laderas y las vidas que pueden coexistir en ellas”, que se expresó en la creación de Nuestro río. Si para Caldas esa transformación significa evitar que se siga usando el alto de San Miguel como botadero de escombros, para los municipios que constituyen la centralidad implica renunciar a entender el río exclusivamente como corredor de movilidad, según lo definido en los lejanos años 50, y, en consecuencia, dar paso al proyecto que lo transforma en cuenca integrada a sus afluentes y laderas para la protección ambiental y la construcción de nuevas formas de vida ciudadana en ricos espacios públicos. ¿Qué hacer entonces con la movilidad?, queda abierta la posibilidad de aprovechar nuevos corredores circunvalares, como la avenida 80, cuyo desarrollo no sacrifica al río Medellín, y formar nuevos recorridos.


El primer evento público del director del Área Metropolitana, cuya designación reconocemos como acierto de los alcaldes que participan en la Junta Directiva de la institución, muestra su voluntad de fortalecer a esa entidad como punto de encuentro y de diálogo entre los mandatarios, a fin de orientar el desarrollo en perspectiva de sumar todos al bien común. Para alcanzar tan ambiciosa meta, que espera realizar en los campos de planificación, movilidad, seguridad, salud y educación, tiene a su favor las esperanzas y apertura frente al organismo que han manifestado los alcaldes, la cual se suma a la creciente conciencia ambiental que reconoce los territorios como espacios a gestionar con responsabilidad conjunta. En esas condiciones, y como el doctor Prieto Soto ha declarado, una decisión necesaria, y aún pendiente, es el ingreso de Envigado como miembro de pleno de derecho en el organismo regional, posibilidad que el Concejo de ese municipio negó en 2013, cuando persistió en una vieja actitud aislacionista que sigue siendo incoherente con una conurbación que no distingue límites y casi no diferencia razones de identidad cultural o vocación económica particular.