Columnistas


En el barrio San Benito de Medellín nacía el Niño Dios
Autor: José Maria Bravo
18 de Diciembre de 2015

Uno de los períodos del año más significativos es la Navidad, tiempo de amor y paz, de perdón y reconciliación incondicional. Es del recuerdo y la nostalgia. El 25 de diciembre es un día de fiesta universal; trasciende los idiomas, la cultura y las creencias religiosas. 


Como lo afirma el evangelista Lucas en las Sagradas Escrituras, Jesús nació en un pesebre, lugar destinado para el reposo de los animales. Cuenta la historia bíblica, que fue en un pesebre donde José y María debieron refugiarse como último recurso ante el inminente nacimiento; en ese establo se encontraban una mula y un buey. 


Costumbre muy antigua y arraigada en el mundo, es la elaboración de los pesebres en Navidad. Se recrean las jornadas del nacimiento del Niño Jesús, con figuras que se ubican en espacios característicos de cada región. 


Narra la tradición que San Francisco de Asís, fue quien creó esta costumbre en la primera mitad del siglo XIII, año 1223.  Antes no se había escenificado el nacimiento de Jesús, recibió la aprobación del Santo Padre. 


Los villancicos, componente musical de las fiestas navideñas, son canciones tradicionales populares; etimológicamente villancico viene de villano, gente rústica. Son tonadas populares, que se convirtieron en España, a comienzos el siglo XVI, en expresiones navideñas. Usualmente, solistas cantan coplas que alternan con un estribillo.


Ligado muy estrechamente a la vida de Medellín, fue el viejo barrio San Benito, que fue de mucha tradición en la historia de esta ciudad. En las últimas décadas perdió mucho su carácter de barrio, por la orientación del desarrollo urbano; los cambios de usos del suelo y la expansión del comercio hacia este sector, entre otras cosas, presionaron el traslado de la mayoría de las familias tradicionales que allí habitaban, hacia otras zonas.


E. Libardo Ospina en su libro Una vida una lucha una victoria, lo caracterizó  maravillosamente; anotaba: barrio sosegado, sufrido y hasta aguantador fue siempre este de San Benito. “Apagado, pacífico, hogareño” le dice un cronista…Y de creerle al cronista don Luis Latorre Mendoza, veinte años adelante y ya para despedirse el siglo XIX, aquella parte era aún tan salvaje que a pleno sol meridiano salía de la manga de la casa de don Alejandro Gaviria Castro, sembrada de tupidos guayabales, un tigre gallinero que llegaba hasta el mismo crucero, torcía a la izquierda y mansamente se echaba a dormir la siesta a la sombra de un caimo al pie de la quinta de don Juan S. Martínez; sin molestar a nadie por muchas razones, la principal de todas, porque no encontraba al paso alma viviente”. (p.36-37)


En la iglesia de San Benito de los padres franciscanos, fue muy famosa y muy concurrida la novena de aguinaldos y la celebración de la misa del gallo a la media noche del 24 de diciembre. La gran afluencia de gentes de toda la ciudad se debía a que en San Benito nacía el Niño Dios, narraba Jorge Bravo B. (q.e.p.d.). 


Acostumbraba la comunidad franciscana, iniciar esa misa un poco antes de la media noche del 24, para que en el momento del canto del Gloria fuesen las doce, cuando  se iniciaba en el pesebre una simulación del nacimiento del Niño Jesús, la sorpresa que Fray Laso, sacristán de la iglesia, preparaba  con anticipación. 


Se escenificaba el nacimiento, y en forma diferente cada año. Unas de ellas fueron: un gran botón de rosa se abría cuando una paloma descendía, picoteaba el botón, y aparecía en el centro el Niño Jesús. Otra, palomas y ángeles descendían lentamente trayendo al Niño Jesús que colocaban sobre las pajas del pesebre.


El pasado nos interroga sobre la necesidad de conservar y divulgar las costumbres tradicionales de las comunidades que marcaron la historia.