Columnistas

¡El general en su teatro!
Autor: José Alvear Sanin
9 de Diciembre de 2015


El pasado 1° de diciembre, el taciturno general Mora Rangel rompió el ominoso silencio de los últimos tres años que lleva devengando en La Habana, para manifestar enfáticamente el rechazo a la desmilitarización de las “zonas de paz”.

El pasado 1° de diciembre, el taciturno general Mora Rangel rompió el ominoso silencio de los últimos tres años que lleva devengando en La Habana, para manifestar enfáticamente el rechazo a la desmilitarización de las “zonas de paz”, la eliminación del Esmad y la negociación de las fuerzas militares y de policía. 


El tono vehemente del general sorprendió favorablemente, así fuera como aparente primer tanto del gobierno en un partido que iban ganando las Farc por doscientos cincuenta y pico goles contra cero. 


Pero no duró mucho la sensación favorable porque el general Mora tenía a Sergio Jaramillo a su siniestra y a Humberto de la Calle a su diestra, impasibles, hieráticos, como si la cosa no fuera con ellos. ¡Desahogo que le permitieron a un general flojo, fofo y faltón, triste comparsa apenas!


Nada va a cambiar. Esa escenita se inscribe dentro de la reciente estrategia para hacerle creer al país que el gobierno es un negociador duro que no se ha rendido en el asunto de la “justicia para la paz” (¡porque falta ponerse de acuerdo en uno de los setenta y cinco artículos!), y porque las Farc andan diciendo que Humberto y Sergio “carecen de optimismo y entusiasmo para la paz” y que, además, no le jalan al plebiscitico.


Todo esto sería de risa si no fuera tan obvio el trasfondo, puesto que van a enviar al Gran Hermano Enrique para que nos con-clave todo lo que falta para la entrega.


Ahora bien, es posible que finalmente las Farc acepten que sus 59 o más inmensos “terrenos de paz” no sean sustraídos de posible acción militar, porque saben: 


1. Que el gobierno no intervendrá militarmente en ninguno de esos lugares, una vez les sean entregados.


2. Que un ejército sometido al poder ejecutivo, y además emasculado y privado de recursos, nunca podrá actuar contra la “nueva doctrina militar” convenida entre el gobierno y las Farc. 


En los acuerdos entre Santos y Timochenko lo peor es lo referente a las zonas de reserva campesina, que ahora quieren llamar territorios de paz, y que no son cosa distinta de sóviets rurales donde el campesino quedará reducido a la esclavitud en grandes áreas en las que la única agricultura productiva será la de la coca y la amapola. Además, desde esas 59 repúblicas independientes, controladas por las Farc, será posible estrangular las vías de comunicación y mantener al país en vilo a base de marchas, reivindicaciones, huelgas, invasión de predios, etc.


Cuando las Farc hablan de “territorios de paz”, no puedo dejar de recordar a Orwell, que mejor que nadie se adentró en la mente formada en el estalinismo, porque en la neolengua (newspeak), “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fortaleza”, y para ellos, la acción política se expresa en el pensamiento escindido (doublethink), que significa el poder de sostener dos creencias contradictorias simultáneamente y aceptar ambas (Mil novecientos ochenta y cuatro, Cap. ix).


Merece ser destacada la pulcra y bien ilustrada edición del más reciente libro de Jaime Jaramillo Panesso, Verdad amarga y otros escritos (Medellín: Unaula; 2015), que recoge un buen centenar de artículos escritos entre 2011 y 2014 para redes sociales y periódicos virtuales. Con su elegante y desenvuelta prosa, Jaramillo Panesso nos ofrece certeras reflexiones sobre un país a la deriva, que él enjuicia sin plegarse a lo políticamente correcto para los días que corren. 


Dilma Roussef, como Samper y Clara López, de nada se dio cuenta...