Columnistas


Burkina Faso y sus dictaduras
Autor: José E. Mosquera
3 de Diciembre de 2015


En África, en cinco décadas, han ocurrido más de 135 golpes militares, el último en octubre del año pasado en Burkina Faso, un país del África Subsahariana.

@j15mosquera


En África, en cinco décadas, han ocurrido más de 135 golpes militares, el último en octubre del año pasado en Burkina Faso, un país del África Subsahariana. De hecho, la mayoría de los países africanos han sufrido profundas inestabilidades políticas e institucionales como consecuencia de los regímenes militares, caudillistas, antidemocráticos y despóticos. Un continente donde pululan los dictadores disfrazados de demócratas. Los sátrapas de Camerún, Paul Biya; Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang; Angola, José Do Santos, y Zimbabue, Robert Mugabe, simbolizan las eternas autocracias africanas. El primero con 38 años en el poder, el segundo y el tercero con 36 años, el cuarto con 35 años, son los autócratas con más años en el poder en África, siguen decenas que llevan entre 10 y 25 años en el poder. 


Pero cuando hablamos de dictaduras, ni Europa se queda atrás, la reina Isabel II del Reino Unido, lleva 63 años, gobernando 16 Estados y en Bielorrusia, el dictador Alexander Lukashenko, lleva dos décadas en el poder. Ahora en Asia existen 19 dictaduras, la mayoría monarquías hereditarias que ejemplarizan igualmente las repudiables prácticas de la eternidad en el poder, donde por las faltas de sistemas democráticos más representativos, aumentan las restricciones a las libertades, los descontentos populares y los movimientos extremistas.


En Burkina Faso, una nación de 16 millones de habitantes, el ingreso per cápita de sus pobladores es de US$ 767 anuales y la esperanza de vida de 49 años. El dictador Blaise Compaoré gobernó 27 años y el año pasado, cuando intentó reformar la Constitución para seguir otra década en el poder, el pueblo se rebeló y los militares lo derrocaron.


Un país que logró su “independencia” de Francia en 1960. Pero cuatro años después las luchas por el poder desencadenaron en una ola de golpes militares que profundizaron su inestabilidad política. En 1964, el presidente Maurice Yaméogo fue depuesto por el general Sangoulé Lamizana, quien asumió el poder hasta 1980, pero corrió la misma suerte y en otro golpe militar fue derrocado por el coronel Saye Zerbo, quien gobernó dos años. Este coronel también fue reemplazado en otra asonada militar por el mayor Jean Baptiste Ouedraogo, quien gobernó otros dos años y luego fue derrocado en 1984 por el capitán Thomas Sankara. Dictador que siguió los pasos de la denominada africanización del continente, liderado por varios dictadores, entre ellos, el congolés Mobutu Sese SeKo, quien cambió el nombre del país del Congo por Zaire. En el caso del antiguo Alto Volta, Sankara cambio el nombre por el de Burkina Faso. Por sus políticas en contra de los intereses de Francia fue depuesto y asesinado en 1987 por Compaoré. Un dictador que se aferró con el apoyo de Francia casi tres décadas en el poder y desde que reformó la Constitución “ganó” fraudulentamente todas las elecciones. 


Pero en octubre del año pasado, cuando el pueblo se enteró que cursaba una reforma que permitía a Campaoré volver a presentarse a la reelección, la oposición del pueblo burkinés fue total, salió a las calles y rechazó la reforma que permitía a Campaoré permanecer una década más en el poder. 


Se convocó a elecciones y el ex primer ministro Roch Marc Christian Kaboré, gano con más del 53,5% de los votos los comicios presidenciales que se celebraron el domingo pasado, frente al 21% que obtuvo el exministro de Finanzas Zephirin Diabre, ambos candidatos formaron parte de la hegemonía política de Compaoré, de manera que con quien resultará ganador, el derrocado de Compaoré ganaba con cara y con sello. En conclusión: el presidente Kaboré se convierte así en el primer jefe de estado elegido democráticamente en elecciones sin escándalo de fraudes electoral en Burkina Faso desde 1978.