Columnistas


Lizarazo, alias Springer
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
3 de Diciembre de 2015


Se acerca a su fin 2015, y uno de los personajes aciagos del a駉 es la inefable Natalia Lizarazo Garc韆, m醩 conocida como Natalia Springer. La misma novia de Guillermo Herrera, viceministro de vivienda.

rdbarrientos@une.net.co


Se acerca a su fin 2015, y uno de los personajes aciagos del año es la inefable Natalia Lizarazo García, más conocida como Natalia Springer. La misma novia de Guillermo Herrera, viceministro de vivienda; la misma mujer favorecida con los estrambóticos contratos del fiscal Montealegre; la misma que firmó un contrato millonario con el municipio de Valledupar, que está sometido a ley 550; la misma dama que tiene una inigualable hoja de vida de más de veinte páginas; la misma que se agazapa en la firma Springer Von Schwarzenberg Consulting Services, para sus sagacidades; la misma que está investigada por fiscalía, contraloría y procuraduría; la misma ojiverde que lleva muchos meses como centro del debate y de los cuestionamientos nacionales; la misma que en su fantasía, se debe creer hasta presidencial. Sí, la misma, la misma...


Esta politóloga, periodista, jurista, académica, analista, columnista, decana, internacionalista, psicóloga, humanista y otras yerbas, pareciera ser la única capaz de contratar con cualquier entidad porque posa de sabionda y de incomparable en cualquier materia imaginable. No se había llegado a ver en Colombia alguien que acaparara contratos, prebendas y favorecimientos de esta manera. Eduardo Montealegre, otro personaje funesto de este año en Colombia, se la llevó a Washington para que hablara sobre una pomposa macroinvestigación realizada sobre crímenes de guerra de lesa humanidad atribuidos al Eln, acerca de ataques cometidos contra la infraestructura petrolera desde los años 1986 y 2014. Y allí, destapó el genial dato de que fueron 1.317 atentados que causaron el derrame de 151 millones de galones de petróleo, para un daño ambiental de US$ 42.000 millones. ¿No hubiera dicho lo mismo, un buen cronista judicial? ¿Por eso fue que le pagaron ese baloto? 


Con la fiscalía, firmó contratos por $ 4.000 millones; con el arruinado municipio de Valledupar, por $ 1.400 millones; con la Fiduciaria de Bogotá, administradora de recursos del Ministerio de Vivienda, por $ 1.337 millones. ¡Habrase visto insolencia! Esta humillante danza de los millones, no tenía antecedentes en Colombia. Es una bofetada al país, una extravagancia para cualquier persona que respire, un desafío a los ingresos de profesionales calificados y el pleonasmo de actos corruptos y de desfachatez. Para sus jugosos contratos, Lizarazo, perdón Springer, renunció a La FM como analista y antes había dejado su columna en El Tiempo. Muy ética, ¿verdad? El primero que la denunció y la puso contra la pared, fue Pablo Bustos, director de la Red de veeduría ciudadana.


Como si fuera poco, Víctor Velásquez (hijo del exmagistrado de la Corte Suprema, Iván Velásquez) apareció en la junta directiva de la firma de Lizarazo, sin que supiera éste, es decir, de manera fraudulenta. Más recovecos de su oscura condición de mujer de tramoyas y enredos. La Natalia, sabe de información guerrillera, de organizaciones criminales, de derechos humanos, de escuelas de paz, de los actores del conflicto, de viviendas de interés social, de posconflicto, de urbanismo, de lo divino y lo humano. Es todo un personaje de ficción (o antipersonaje). De su esposo, Alexander Paul Springer, solo le importó tomar su apellido y en la notaría 10ª de Bogotá, mutar su Lizarazo García por el flamante Springer. Con este entramado, engaña a Colombia y se burla de todos.


En el diario El Universal de Cartagena, el 4 de septiembre de 2015, se escribió lo siguiente: “La fábula que creó el entorno suyo le sirvió para borrar durante años unos orígenes sociales humildes de los que se avergüenza profundamente, pero también para llenar sus alforjas como nunca se alcanzó a imaginar la fantasiosa jovencita que aprendió a correr en las calles de Facatativá”. No hay más por agregar en esta indigestión de patochadas...