Columnistas


El Fiscal y el M-19
Autor: Rubén Darío Barrientos
26 de Noviembre de 2015


Me produjo risa que el Fiscal Montealegre se hubiera dado a la tarea de revisar el indulto y la amnistía, concedidos en 1989 al M-19. En concepto de Montealegre, si se comprueba la responsabilidad de este movimiento en graves violaciones.

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Me produjo risa que el Fiscal Montealegre se hubiera dado a la tarea de revisar el indulto y la amnistía, concedidos en 1989 al M-19. En concepto de Montealegre, si se comprueba la responsabilidad de este movimiento en graves violaciones a los derechos humanos o su incursión en crímenes de guerra o en delitos de lesa humanidad, se le levantarían estos beneficios de perdón. En materia de justicia, vamos como el cangrejo: aquí nos importa más revivir hechos viejos y trasnochados, que ya no resisten más análisis, que buscar una pronta justicia y combatir la vergonzosa impunidad. A este paso, yo estoy esperando que se dé la orden para reabrir los casos de Jorge Eliécer Gaitán y Rafael Uribe Uribe.


Dentro de la misma peculiaridad, ¡por fin coincidió el Fiscal con el Procurador! Todo es una cortina de humo pues el Fiscal quiere distraer la atención habida cuenta de la celebración de astronómicos, escandalosos e injustificados contratos (Springer y compañía limitada), rebosados de favoritismo y de prebendas. Es incuestionable que el M-19 cometió actos de barbarie, llevó a cabo secuestros infames, se unió con el narcotráfico para la toma del palacio de justicia y quiso tomarse el poder. Eso es innegable. Pero fue beneficiario de una legítima ley de indulto, firmada por el presidente de entonces, Virgilio Barco Vargas. Eso le dio potencia para llegar a ser un movimiento político, con relativo éxito dado que ha tenido constituyentes, ministros, gobernadores, congresistas, alcaldes y líderes regionales.


El M-19 emerge ante los ojos del país y de acuerdo con sus dirigentes, como un movimiento guerrillero que riposta el fraude de las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, cuando el país se acostó con Rojas Pinilla como ganador y amaneció con Pastrana Borrero como presidente. Primero fue Alianza Democrática M-19 (AD-M19) y después fue a secas M-19. Hizo un robo histórico: la espada de Simón Bolívar en la toma de la Quinta de Bolívar; secuestró al líder sindical de la CTC, José Raquel Mercado, a quien ultimó por traidor de la clase sindical; se le midió a un robo de armas en el Cantón Norte, sustrayendo más de 5.000 armas y se tomó la Embajada de República Dominicana, al mando de Rosemberg Pabón; secuestró a Álvaro Gómez Hurtado y finalmente dejó de existir como movimiento político (dejando el reguero de muchos muertos en su disfavor), sumándose no pocos de sus militantes al Polo Democrático y otros a la Alianza Verde.


Curiosamente, Álvaro Uribe Vélez  –oficiando como senador a la sazón- promovió un proyecto de indulto para el M-19, de la mano con el gobierno, con total éxito. Cuando se dio todo con el viento a favor, se incluyó el perdón para la toma del Palacio de Justicia. Se propuso una comisión accidental para un acuerdo con el Gobierno y se invocaron razones políticas. De esta forma se enervó el arribo a la cárcel de sus líderes más connotados (Petro, Navarro, Patiño, Pabón, Grave, Lucio, Chalita, Bustamante, entre otros).  Santos dice que no le jala a esta revocatoria. Y es que es un exabrupto que un caso cerrado, un acuerdo blindado y una decisión soberana, declarado exequible por la Corte Suprema de Justicia, se reabra a estas alturas y luego de ser ya cosa juzgada.


Botamos corriente y quemamos fusible. Hablamos por hablar. El Fiscal, con esas ganas que tiene de ser candidato presidencial, erra al querer evaluar y revivir este asunto que dimana de un acuerdo válido. Montealegre, tan recalcitrante en sus ideas y tan terco para opinar y armar peleas, se equivoca una vez más. El M-19, bien o mal, se ganó en franca lid el indulto y la amnistía. Cuando encaró el ruedo político, supo hacer valer su condición desmovilizada para aspirar bajo el telón de fondo de la democracia. Fiasco el de Montealegre. Todo un ridículo jurídico.