Columnistas

Cuidarse de los llamados curanderos
Autor: Mariluz Uribe
24 de Noviembre de 2015


Esto es para prevenir a mis lectores, sus familias y amigos sobre algo que surge cuando hay alguien con una enfermedad fatal, pues es posible que se caiga en lo que se ha llamado “Síndrome de la última esperanza”.

Esto es para prevenir a mis lectores, sus familias y  amigos sobre algo que surge cuando hay alguien con una enfermedad fatal, pues es posible que se caiga en lo que se ha llamado “Síndrome de la última esperanza”. Quiero advertir sobre el extremo peligro que constituyen  ciertas personas que se ofrecen como curanderos cuando saben que una familia está en esa situación.


 En la mayoría de los casos estos personajes NO comienzan su negociación preguntando: “¿Qué tan enfermo está el paciente?”.  Si no más bien: “¿Cuánto dinero puede pagar esa familia?”  Presentando así una incómoda pregunta a una familia que se siente forzada a colocar valor monetario en una persona amada.


¿Cómo podrían vivir luego con el remordimiento y pesar de no haber sido capaces de cubrir cualquier opción posible para salvar una vida querida? ¿Y cómo es que estos llamados curanderos logran convencer a una familia de que sus métodos, garantizarán el alivio del paciente? Pues resulta muy fácil. Sucede así por el estado de desesperación que se vive: 


Cuando un grupo familiar siente que se ha entrado en las últimas etapas de la vida de un enfermo amado, está ya erosionada por el esfuerzo emocional y físico de haber sido el primer y constante cuidador. Esta erosión impide confiar en sus propios instintos y empuja a colocar sus manos temblorosas en manos de esos extraños que - pidiendo además pasajes y estadía, pues inclusive viajan de un país a otro-  llegan equipados con máquinas electrónicas de colores brillantes, cubos magnéticos, inyecciones ardientes, lavados de té negro, ejercicios fortísimos, etc., etc.


Todo esto sin revelar los increíbles casi que perversos detalles a los que se ha sometido al enfermo y a la familia. Los resultados obtenidos han sido lo opuesto a lo prometido. No solo el “tratamiento” ha sido inefectivo, sino que también ha sido psicológica y físicamente abusivo. 


Los familiares  que tenían  esas falsas esperanzas, pocos días después del comienzo del “tratamiento”,  tienen que correr de urgencia para el hospital, y el “curandero” o “healer”, ha desaparecido misteriosamente pero con bastantes miles de dólares en su puerca billetera. 


Cuando finalmente la familia llega con su enfermo al hospital - donde bien lo conocen pues lo han atendido desde  que enfermó - los médicos se horrorizan de la situación en la que ha llegado. Al punto que toman fotos de su cuerpo desnudo y llaman al Departamento de Policía. De inmediato llaman al aeropuerto para que al curandero quede con la prohibición de volver. En su pasaporte. 


¡Y lo peor o más doloroso,  es que cuando muere deciden  que es necesario hacer una autopsia!   ¡Y luego no muestran los resultados a la familia que porque eso es para la Policía, que inclusive revisa la casa de la víctima! 


Es necesario prevenir a los que caen con el síndrome de la última esperanza, que se cuiden de esos curanderos que inclusive se atreven a llamarse doctores. Que nunca ignoren lo que les dice su propio instinto si van a negociar con esta clase de gente.


Y las palabras finales para esos que hacen su fortuna, tomando ventaja de aquellos que están desesperados: Ustedes son los que tendrán que vivir con culpa y remordimiento, cada día, cuando abran los ojos, no podrán pensar en otra cosa, eso si acaso han podido dormir. Y será  por lo que ustedes hacen y esconden por lo que tarde o temprano serán juzgados.


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A.