Columnistas


Entrevista a misiá gallina
Autor: Álvaro González Uribe
14 de Noviembre de 2015


Como me ha parecido muy peculiar el protagonismo de misiá gallina o doña gallina en los últimos días, decidí entrevistarla para saber su opinión sobre el tema que ha acaparado tanta prensa.

@alvarogonzalezu


Como me ha parecido muy peculiar el protagonismo de misiá gallina o doña gallina en los últimos días, decidí entrevistarla para saber su opinión sobre el tema que ha acaparado tanta prensa.


Llegué muy temprano, usando tenis pisahuevos para no alborotar el gallinero y así sostener una conversación calmada. Me esperaba.


-Buenos días misiá gallina, ¿o mejor doña gallina?


-¿Quién pidió gallina?, ¡ah!, buenos días señor periodista, mejor doña gallina, el misiá ya no se usa.


-No soy periodista doña, solo columnista. Bueno, se imaginará a qué vine.


-Claro que sí, bien pueda siéntese en esa tablita, ¿le provoca un huevito?


-Gracias, me da pena comerme un huevo en este lugar. ¿Vamos al grano?


Doña gallina se echó en su nido y asintió.


-¿Es verdad que usted vive confinada en una celda o galpón que llaman sin poderse mover?, o por el contrario vive feliz correteando en una manga como dice el comercial sancionado por la Superintendencia de Industria y Comercio.


-Vea señor periodista (sic), sepa que no me aburro. Como ustedes los humanos, paso ratos quieta en mi oficina y otros ratos salgo a la manga, tomo el sol y juego con los niños a la gallinaciega.


-Doña, ¿y usted al fin es criolla o extranjera?


-Varias de mis parceras sí son extranjeras pero tienen sus papeles en regla y permiso para trabajar. Las acusaciones son xenofobia y hasta gallinafobia, ¿o usted ha visto igual alboroto contra el pastor alemán, el chikunguña, las abejas africanas, el caballo árabe o el gato siamés?


-Pues sí, tiene razón, pero...


-Pero nada señor, ¿y le cuento una que nadie sabe? Yo soy descendiente de las gallinas que le bombardearon a Tirofijo en Marquetalia, por eso creo que esto es un montaje, una persecución política en contra del proceso de paz de La Habana.


Nunca imaginé que doña gallina me saldría con esa bomba. Sin embargo, me adentré en temas más complejos:


-También dicen que usted es blanca como las demás gallinas que en Colombia trabajan en grandes empresas, ¿entonces se tiñe las plumas?


-No señor, soy pura gallina saraviada como puede ver, si quiere arránqueme una pluma y lávela bien. Es que además esto es discriminación racial. Sea cual sea mi color, esta carnita y estos huesitos dan un sabor delicioso a cualquier plato.


-¿Entonces con usted sí hay para hacer un caldo?


-Pues claro, para un caldo y cientos de caldos más, como ve estoy repuestica. Es más: le aseguro que conmigo al que no quiera caldo se le dan dos tazas y hasta tres, nueve y más.


Doña gallina se empezó a poner brava:


-Mire señor, ni crea que me voy a agallinar con este escándalo mediático e injusto. Voy a demandar ante la CPI y la OIM, ¡iré hasta el final!


-Pero doña, también dicen que incluso don gallo está bastante molesto, que ante su presunto engaño pedirá nulidad de matrimonio y hasta solicitará que le pida perdón públicamente y clamará por verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.


-Falso, le dije que esto es una persecución política. He sentido un gran apoyo de don gallo, se ha portado como todo un gallo fino, y les advierto a mis enemigos: él es un gallo de pelea que está dispuesto a darla hasta las últimas consecuencias.


Estaba energúmena y mi temor a ser picoteado crecía. Las aves empezaban a salir de a poco y mi miedo se convirtió en terror cuando a mi lado pasó un gallo tuerto, instintivamente me apreté mis gafas con fuerza y seguí:


-Doña, no se vaya a molestar más, pero dicen que la Fiscalía pedirá que a usted se le dé taza por cárcel, incluso hasta una olla de sancocho por reclusión.


Sus ojos se enrojecieron, abrió el pico amenazante y las plumas se le crisparon. Fue tal su ira y se calentó tanto que empezó a sudar a chorros, ya era una gallina sudada y temí que se fuera a deshidratar hasta el punto de tener que terminar entrevistando a un cubito; empezó a oler a consomé. Y siguió en ofuscado cacareo:


-Claro, ¿se da cuenta?, me quieren condenar a pena capital que usted sabe está prohibida en Colombia, porque no otra cosa es eso de querer verme en una taza o en un sancocho, y no faltará el que quiera verme dando vueltas en un asador, ¡volvió la Inquisición!


-Calma doña, pero cuénteme, ¿cuál será el motivo de estas acusaciones?


-Ya le dije, detrás hay una persecución política, pero también sospecho de don cerdo, pues él dice que su caldo de costilla sabe mejor que el mío.


-¿Y qué opina de la publicidad engañosa de que acusan a su amo?


-Siguiente pregunta.