Nacional

La frontera abre más heridas entre Santos y los expresidentes
26 de Agosto de 2015


La crisis de los deportados desde Venezuela provoca un cisma en las altas esferas del poder político colombiano.


Por: Armando Neira


La onda expansiva por la atropellada y humillante deportación de humildes ciudadanos desde Venezuela, alcanzó las esferas de la alta política alcanzando al Jefe del Estado y los últimos tres expresidentes de la República. Cada cual busca mejorar su posición en las viejas confrontaciones que los separan.


En este escenario, hay que valorar en toda su dimensión las declaraciones que en la mañana de este miércoles hizo el exmandatario liberal César Gaviria, quien apeló a la unidad. También, es cierto, defendió con matices a Álvaro Uribe  y criticó con dureza a Ernesto Samper.


No le faltan razones. El expresidente y actual secretario de Unasur Ernesto Samper, ha mostrado una postura sorprendente pues en la práctica se ha puesto de lado de Nicolás Maduro. La tesis de éste es que la frontera es un sector infectado por paramilitares y sicarios que buscan atentar contra la revolución bolivariana “Las deportaciones de colombianos desde Venezuela enrarecen el clima de opinión necesario para perseguir a los paramilitares colombianos que sí están traspasando las fronteras”, escribió Samper en su cuenta de Twitter.


Para Gaviria es incompresible que Samper no haya consultado a los demás jefes de Estado de la región, quienes según su interpretación, rechazarían de entrada lo que está haciendo Maduro. Y, por el contrario, sí se haya adherido a su argumento esencial: el de la presencia paramilitar, lo que da licencia para justificar los atropellos.


En cambio, Samper guardó silencio ante las estremecedoras imágenes de ciudadanos a quienes en algunos casos la Guardia Venezolana destruyó sus viviendas e incluso separó familias dejando niños en el vecino país. Fuera la razón que fuera, ¿no era natural esperar del Secretario de Unasur que se pusiera de parte de las víctimas? “Es un político corrupto a sueldo de Maduro”, le han dicho hoy cientos de usuarios tanto en las redes sociales como calificados analistas en los programas de radio.


El argumento de que la gente expulsada forma parte de paramilitares para derrocarlo, le ha dado más alas a Maduro en su confrontación: “El cierre de la frontera es la punta del iceberg, el estado de excepción es obligatorio, pero no para abusar del pueblo, sino para proteger al pueblo”, dijo.


Santos condenó el hecho y exigió respeto. Pero Maduro, inflexible, respondió: “El gobierno (colombiano) no condena el paramilitarismo, el secuestro, el esclavismo (sic) sexual, el intento de asesinato de funcionarios venezolanos”, expresó durante la emisión número 37 de su programa semanal En Contacto Con Maduro, en el Circulo Militar de Caracas. Para Maduro no son tiempos de alta diplomacia sino de buscar respaldo en los cuarteles.


¿Hay alguna esperanza de salir de esta situación? Maduro dice que sí y fija sus implacables y, al tiempo,surrealistas condiciones. Lo hará, argumenta, si “el Gobierno colombiano rechaza el paramilitarismo y las prácticas irregulares que promueve la ultraderecha colombiana, y que pretende inocular a Venezuela”. Tan desproporcionado como inviable.


Lo hace para poner sobre la mesa el nombre de Álvaro Uribe su natural adversario ideológico. Uribe no ayuda para nada. Optó por viajar a la frontera y con megáfono en mano irse lanza en ristre tanto contra el uno como contra el otro. “Así como Hitler infundió odio contra los judíos diciendo que eran la base del mal y una raza inferior y todo terminó con el asesinato de seis millones de judíos, la dictadura castro-chavista de Venezuela está dedicada a infundir odio contra el pueblo colombiano llamando a nuestras mujeres prostitutas y a nuestros compatriotas paramilitares”, dijo contra Maduro. “Pte. Santos, para no indisponer a las Farc, somete a los colombianos a los vejámenes de la dictadura de Venezuela”, escribió contra el presidente en su cuenta de twitter.


Es evidente que la frontera está siendo utilizada por los diferentes protagonistas para posicionarse cada cual por su lado.Venezuela tiene elecciones parlamentarias el 6 de diciembre en medio de un colapso de su economía y eso explica que Maduro haya dibujado un enemigo externo que cada vez toma más fuerza. De hecho, con su decisión de decretar el estado de excepción durante 60 días y la posibilidad de no descartar prorrogarlo en el tiempo y el espacio, implica que nadie podrá realizar campaña electoral en los municipios afectados. Es una herida más a la democracia que a él en este momento lo tiene sin mayor cuidado. Y en el caso, de Colombia, el uribismo ha encontrado un nuevo pretexto para golpear a Santos y a su principal bandera, el proceso de paz con las Farc.


Asimismo, Andrés Pastrana no solo ha aprovechado la situación para exhibir sus diferencias con Santos sino contra María Ángela Holguín, representante de la política exterior colombiana: “La Comisión Asesora la mató hace dos años la canciller, eso es un cadáver, los expresidentes renunciamos a eso”, dijo esta mañana al explicar porqué se ausentaba de este espacio tan vital en las actuales circunstancias.


Se trata de un complejo entramado en el que debe primar la sensatez. Por eso, son bienvenidas las palabras de Gaviria quien rechazó los calificativos de “asesino” y de “narcotraficante” de Maduro contra Uribe, pero que también le recordó que cuando él fue presidente y tuvo duelos verbales con Hugo Chávez salió a respaldarlo: “Este no es el momento para dividirnos, no es el momento para establecer desacuerdos”, clamó Gaviria.


Por las primeras reacciones de los protagonistas de esta historia, parece que por ahora no habrá un desenlace tranquilo sino que vendrán más tiempos de ruido.