Nacional

“Perdimos las ganas de vivir en Venezuela”
Autor: Giselle Tatiana Rojas Pérez
26 de Agosto de 2015


Santos reportó que hasta al momento 1.071 compatriotas han sido deportados desde Venezuela, de ellos 608 fueron trasladados a albergues. ElMundo.com habló con una antioqueña que está en uno de estos lugares de atención que ha dispuesto la Cancillería


Isabel* llegó a Cúcuta el pasado sábado en un camión de la guardia venezolana. Junto a ella estaban sus vecinos colombianos, con quienes hace dos años convive en el barrio La Invasión, del Estado de San Antonio del Táchira, Venezuela.


Esos vecinos, diversos según los describe ella, procedentes del Valle, Nariño, Norte de Santander y Atlántico, comparten con un ella un mismo “drama”.  “Llegó la guardia venezolana al barrio, nos tocaron la puerta, nos pidieron los papeles, yo mostré mi cedula de Venezuela y la colombiana, y así y todo me dijeron que me tenía ir”.


Salir deportada de un país, dice ella, es como salir humillada de un lugar. “Uno veía tan lejano ese drama, nunca me imaginé que me fuera a pasar aquí. Llevo 26 años en Venezuela, quiero mucho a mi país Colombia, pero no puedo mentir, a Venezuela también, viví los mejores años de mi vida y conseguí las cositas propias que uno aspira tener en la vida”.


Su historia


Al cumplir la mayoría de edad, Isabel llegó junto con su hermana a Venezuela. Provenientes de Tarazá, Antioquia, se fueron para el hermano país a trabajar, una amiga de su hermana les había conseguido un contrato, de seis meses, en una construcción, para administrar una “casetica” (pequeña tienda) y ella, tan joven y sin la posibilidad de estudiar, según cuenta, no lo pensó.


Al pasar lo seis meses del contrato, su hermana regresó a Tarazá y ella estaban tan “amañada” en Venezuela que decidió quedarse y buscar otro empleo, el cual en solo una semana consiguió con la misma empresa en la que trabajaba. Así inició la historia de esta antioqueña en tierras venezolanas, y luego de 26 años allí dice que ya no quiere volver, que perdió la esperanzar de vivir bien allá, y aunque pierda las cosas que ha conseguido durante estos años, está decidida a empezar de nuevo.


En Cúcuta


Desde el sábado, Isabel está en un albergue, el centro de migración de la Diócesis de Cúcuta, junto a su hija, de 17 años, quien acabó de terminar su “dieta materna”, y con su nieto, de 42 días. 


Cuenta que está junto a ellos porque nacieron en Cúcuta, “o si no la cosa fuera otra, vi como a varios vecinos les dejaron los hijos, los empacaron en otro camión porque ellos nacieron en Venezuela, eso es inhumano. Yo gracias a Dios seguí consultando en Colombia, no es desconfianza de la salud venezolana, no sé por qué fue que lo hice, pero eso es lo que ahora me permite estar con ellos acá”. 


Del albergue en el que está no tiene mucho que decir. Reconoce que por lo menos cuenta con lo básico, un lugar donde dormir, un baño, una zona limpia de alimentación. Teme porque no todos los que están allí son conocidos, “también hay gente de otros barrios, uno no sabe cómo es que fueron a parar acá, pero en la crisis no queda más que rogarle a Dios protección”, dice. 


Allí cuenta con personal de la Mesa Humanitaria Unificada que la Cancillería dispuso para la atención de los deportados. Cuenta que le han brindado atención médica, y a su hija y nieto también; le han dado ropa para cambiarse a diario, pues salieron solo con la ropa del bebé; colchas para arroparse en la noche implementos de aseo. 


Dice que allí están bien, cuentan con ayuda y protección del Estado colombiano, “pero es algo que no sé hasta cuándo se va a sostener, pasan los días y uno ve que sigue llegando gente, no sólo aquí, a los otros albergues y me pregunto: ¿hasta cuándo?, esto se tiene que acabar pronto”. 


Sin embargo, reconoce que son insuficientes las acciones del Gobierno, que todo es muy lento, que no ven avances. Ella no ha podido pasar por sus cosas a Venezuela, porque tiene que hacerlo sola y no se atreve a coger trocha e ir a la deriva. Su esperanza es que hoy la lleven en uno de los camiones colombianos que ayudarán a los trasteos, así podrá recoger por lo menos sus pertenencias más valiosas. 


De la guardia venezolana dice darle tristeza de ellos, por la forma en que los han tratado, los califica de “ignorantes y arrodillados”, aunque que sabe que así los mandó Maduro a actuar. 


Una nueva vida


Isabel siente mucho desconsuelo con la forma como fue sacada de Venezuela, la afectó tanto que reconoce que ya perdió las ganas de vivir en Venezuela. Como ya tiene experiencia empezando de cero en un lugar que no conoce, dice que ahora piensa en viajar a Medellín y junto a su hija y nieto buscar oportunidades, aunque los mismos funcionarios de la Cancillería le han recomendado permanecer en el albergue hasta que se supere la situación y poder ser beneficiaria de las ayudas, dice que no sabe hasta cuándo va aguantar, “no es fácil tratar de acomodarse en esta situación, aquí no veo futuro y no me da miedo perderlo todo, hasta las ayudas, e irme a buscar bienestar”.


Cuenta que al igual que ella son muchas las personas deportadas que sienten lo mismo, que se sienten tan “humilladas” que ya perdieron las ganas de regresar, solo piden que puedan recuperar algo de lo que dejaron o que les den opciones para empezar de nuevo en otra parte.


Ni Maduro, ni Santos


Es tanto su desconsuelo, que dice estar “negada de sentimientos” hacia Maduro y Santos. “Uno de Maduro puede esperar lo que sea, si trata mal a sus compatriotas, con más ganas a nosotros. Eso que dice que nosotros nos estamos robando la comida de ellos, es algo injusto, no es cierto. Y de parte de Santos, pues uno esperaba más, está muy metido en el proceso de paz y nosotros qué, hace tiempo se viene amenazando con que nos iban a sacar, hasta que se le dio a Maduro por hacerlo, y Colombia se quedó atónito, es hora que haga algo”, finaliza. 


 


*Nombre cambiado a petición de la fuente.