Editorial

La ONU premia esfuerzos de vida
21 de Agosto de 2015


Los honores a estos colombianos no son felicidad completa. Coinciden con el sufrimiento de afectados por minas antipersonal.

En el Día mundial de la asistencia humanitaria, instituido para recordar al diplomático brasilero Sergio Vieira de Mello y a sus compañeros muertos en un atentado en Bagdad, Colombia fue protagonista a través de dos ciudadanos y una organización ejemplares en formación para la paz y generación de conciencia sobre los riesgos de las minas antipersonal y los explosivos peligrosos. Juanes, creador de la Fundación mi sangre, fue artista invitado a la conmemoración oficial y la Campaña colombiana contra las minas fue premiada por su trabajo humanitario. 


Nacida hace nueve años para atender a víctimas de las minas antipersonal, la Fundación mi sangre desarrolla actualmente programas de formación de niños y jóvenes como ciudadanos participantes y constructores de paz. La ONG CCM, constituida en el año 2000, es la primera organización colombiana dedicada a construir información sobre los artefactos explosivos sembrados o abandonados que ponen en riesgo la vida y la salud; acerca de las víctimas de las explosiones, y para educar a la población sobre los riesgos y a las autoridades sobre el imperativo de combatir la siembra de minas y promover el desminado.


La CCM ha logrado impactos valiosos en la adopción de compromisos por el fin de las minas antipersonal; el último de ellos el acuerdo de desminado humanitario suscrito en la Mesa de conversaciones. El premio reconoce esas victorias, así como su independencia para construir información sobre los impactos de las minas y artefactos asimilables, que han sido sembrados o dejados en las regiones donde hay conflicto armado y/o economía criminal, y que en su amenaza no distinguen entre combatientes y campesinos de cualquier género o edad. Precisión y objetividad en la obtención y publicación de datos periódicos sobre accidentes con minas y territorios de afectación sustentan la confianza de la institución y en especial de su informe anual Monitor contra las minas.


Los honores a estos colombianos no son felicidad completa. Coinciden con el sufrimiento de afectados por minas antipersonal: la familia de un niño muerto en Hacarí, Norte de Santander, así como con el dolor de un campesino y un miembro de la Policía heridos en actividades de erradicación manual de cultivos ilícitos en Turbo, Antioquia. Todos sufrieron por la explosión de minas antipersonal sembradas por la guerrilla, en el primer caso, y por la banda criminal de los úsuga, grupo que ha acrecentado la amenaza de explosiones en los territorios rurales donde confluyen la economía criminal y conflicto armado. Antioquia y Arauca son los departamentos con más cantidad de accidentes, mientras en los parques nacionales se denuncia mayor incidencia de minas. Con la siembra, crecen los llamados a la eficaz ejecución del acuerdo de desminado humanitario, las actividades de desminado a cargo del Ejército, y los programas de investigación científica orientados a mejorar la detección y explosión de las minas. La CCM también avanza en la discusión sobre la eliminación de riesgos para civiles, inclusive los campesinos vinculados a la erradicación manual de cultivos ilícitos, actividad que habíamos denunciado como sumamente riesgosa para quienes se comprometen en ella.


La coincidencia en el reconocimiento justo a la CCM y su director, Álvaro Jiménez Millán, y la gravísima amenaza que representa la banda de los úsuga impone reflexionar sobre la calidad de los procesos de paz, y las acciones de reinserción de personas que han participado en el conflicto armado. El director de la CCM fue comandante del M19, tras la entrega de armas estudió e inició gestiones en proyectos de desarrollo, hasta instituir la organización que ha generado conciencia en el país sobre la gravedad de estos artefactos. La banda de los úsuga es dirigida, y está mayoritariamente integrada por desmovilizados del Epl, que a poco tiempo de la entrega de armas se vincularon al paramilitarismo arguyendo la persecución a la que los sometieron las Farc; y tras el acuerdo con las Auc, formaron las bandas criminales que hoy recogen a desertores o exmiembros de distintas organizaciones delictivas. Entender estas realidades debe demostrarnos la necesidad del control de procesos de verdad y reparación en los que los responsables de crímenes cometidos reconozcan los graves daños y asuman compromisos que les permitan ¡ojalá! ser algún día tan útiles como el líder de la CCM, justamente reconocido por la comunidad mundial.