Columnistas

Necesidad m醩 que esperanza
Autor: Carlos M Montoya
1 de Agosto de 2015


縌ui閚 puede creer que de una negociaci髇 entre dos partes que carecen de credibilidad, se puedan esperar resultados positivos para aquellos que con mucha raz髇 desconf韆n de quienes est醤 sentados negociando?

¿Quién puede creer que de una negociación entre dos partes que carecen de credibilidad, se puedan esperar resultados positivos para aquellos que con mucha razón desconfían de quienes están sentados negociando? Aún con la obligación que se tiene de entender y reconocer como válida esa duda, pues por lo menos de mi parte solo me queda la alternativa de esperar que sí, que sí se pueda obtener un resultado positivo, que nos beneficie a todos.  Tal vez, porque más que albergar una esperanza lo que tengo es la necesidad.


Para el caso, hay que reconocer que el presidente Santos, carece de confianza por parte de los colombianos y mucho más de los antioqueños, posiblemente por ese absurdo regionalismo que a veces no nos deja ver mas allá de nuestras narices, porque además de sentir que traicionó a uno de nuestros paisanos, no creo, ni veo que haya abandonado a nuestro departamento; en él como región y en sus municipios se ven inversiones importantes por parte de la Nación, sea por la vía que fuere, así sea la llamada “mermelada”, pero inversión ha habido, si no pregúntenle a los alcaldes y al gobernador. Sin embargo desconfianza hay.


Pues de la guerrilla, ni hablar, serían muchas las razones y muy largo el prontuario para manifestar el porqué hacia ellos la desconfianza es total, nos han golpeado, maltratado, herido, robado, violado, mentido, defraudado, engañado de cuantas formas es posible y a pesar de las múltiples y contundentes acciones militares contra ellos y movimientos ciudadanos que hacen explícito el rechazo, ahí siguen, como las milenarias cucarachas que por siempre han sido desagradables pero que no se ha podido acabar con ellas.


Entonces ¿cuál es la opción?, ¿perder la esperanza y mantener la necesidad de lograr la paz? Yo creería que es todo lo contrario, entender que la paz más que una esperanza es una necesidad, necesidad que tal vez muchos no la conocen a pesar de que la lean en los periódicos y revistas de circulación nacional. Necesidad que trasciende el poder ir a pasar vacaciones por tierra a la costa caribe; necesidad que supera el no poder ir a la finca en Llanogrande porque la zona “parece que esta insegura”.  Equivocados están quienes creen que la mayoría del país va a pasar vacaciones a algún lugar o inclusive que tienen vacaciones, o los que creen que la ruralidad de Antioquia esta en el oriente cercano, en las haciendas del suroeste o en las piscinas del occidente cercano. Equivocados quienes creen que la mayoría de los colombianos tienen finca. El problema es que estos pocos que tienen finca, que pasan las vacaciones en la costa, también tienen acceso a los medios de comunicación y son generadores de opinión, teniendo la capacidad de convencernos que la paz puede ser una esperanza pero no una necesidad.


Pues la paz es una necesidad, necesidad para la gran mayoría de ciudadanos que viven en los barrios marginados llenos de pobres que tuvieron que salir de sus parcelas por la guerra, necesidad para aquellos campesinos que necesitan la carretera para vender sus productos, necesidad para esos niños de los lugares más alejados de cada pueblo que necesitan el camino para ir a aprender a leer y escribir, necesidad para esas madres que entregan a diario, desde las familias más pobres sus hijos para la guerra. Ellas necesitan que sus hijos vuelvan de la guerra, para otros, la esperanza es que sus hijos regresen de Cartagena