Columnistas

Verdades urgentes
Autor: Manuel Manrique Castro
29 de Julio de 2015


Hacia fines de febrero de 1999 el abogado alemán Christian Tomuschat, nombrado por el secretario general de la ONU coordinador de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala, rompió el silencio del Gran Teatro Miguel Angel Asturias.

Hacia fines de febrero de 1999 el abogado alemán Christian Tomuschat, nombrado por el secretario general de la ONU coordinador de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala, rompió el silencio del Gran Teatro Miguel Angel Asturias de la capital guatemalteca para dar lectura a las conclusiones y recomendaciones de la Memoria del Silencio, el informe preparado por la Comisión de la Verdad, producto del Acuerdo de Oslo de 1994, con el que Gobierno y la Urng sellaron la paz de aquel país centroamericano, azotado por 34 años de confrontación interna.  Como dijo en su momento la investigadora Susanne Jones “paradójicamente, el que había parecido el más débil de los acuerdos de paz resultó ser uno de los más importantes”.  Y así ocurrió, aquel testimonio puso el dedo en las llagas del conflicto y contribuyó a la frágil reconciliación del país donde la población indígena fue la más castigada.  


Hace pocos días al reanudarse las conversaciones de La Habana, después de la peor crisis del proceso de paz, las Farc reaparecieron con una condición insostenible si de verdad están interesadas en llegar a un acuerdo final. No quieren dejar la Comisión de la Verdad para después del cierre del Proceso y exigen que “antes de aplicar el sistema de justicia que se convenga es imperativo conocer la verdad”  No hay posibilidad alguna de dejar para después, ni la Comisión, ni la aplicación de las decisiones sobre justicia; primero porque se convino que el trabajo de la Comisión, previsto para tres años,  empezará después de firmados los acuerdos y,  segundo, porque el Gobierno, urgido por la reacción mayoritaria de los colombianos cansados de dilaciones y consciente del reducido respaldo político por el que pasan los diálogos de paz, se dio un plazo de cuatro meses para decidir si el Proceso sigue o no. Después de noviembre no puede haber más de lo mismo. 


Es urgente, sin embargo, definirpronto las bases para el funcionamiento de la Comisión de modo que, si las conversaciones de Cuba concluyen bien, se empiece con la tarea que aguardan 6’000.000 de víctimas, toda la sociedad colombiana y la comunidad internacional que, desde todas las latitudes, apuesta a favor del Proceso tal como ocurre, por ejemplo, con el ahora senador Pepe Mujica cuando dice que “la paz de los colombianos es una causa de todos los latinoamericanos” 


En el trabajo de la Comisión de la Verdad,  la niñez necesita un lugar de privilegio porque quién más victimizada que ella durante el conflicto armado colombiano, sean niños de hoy o adultos  que sufrieron violencia en sus primeros años y luego sus consecuencias por mucho tiempo; especialmente indígenas y afrodescendientes. Miles reclutados tempranamente y  afectados de por vida.  Las minas antipersona y sus efectos irreparables, una realidad de la que han sido víctimas 1.101 niños, más del 80% hombres.Desde luego el grupo más numeroso lo constituye la niñez golpeada por el desplazamiento masivo: 76%  de las familias desplazadas migraron del ámbito rural a las ciudades para hacer frente a todas las adversidades posibles.  El secretario general de la ONU en su informe sobre los niños y el conflicto armado en Colombia de 2012, que será pieza útil para el trabajo de la Comisión, menciona también muertes y mutilaciones, actos graves de violencia sexual, ataques contra escuelas y hospitales, la denegación de acceso humanitario a zonas donde era indispensable y secuestros de menores de edad; todos cometidos por actores armados ilegales.


Debe ser así, tanto para que las nuevas generaciones conozcan qué fue esta larga noche negra de la historia colombiana, como para que sociedad y  Estado saquen lecciones y  asuman el compromiso de prevenirque niños y adolescentes vuelvan a ser carne de cañón de un conflicto que no les pertenece.