Nacional

Disarming the word is a matter of two
Desarmar la palabra es un asunto de dos
Autor: Sandra Milena Montoya
18 de Julio de 2015


Un país en paz se construye con hechos. En eso están de acuerdo todos los directores de medios que no están del todo convencidos frente a la iniciativa del presidente Santos de desescalar el lenguaje.


Foto: Cortesía 

El cambio en el lenguaje no es sólo tarea de los medios de comunicación, pero es  imprescindible para alcanzar la paz, señalaron expertos.

La polémica que se ha generado en los medios de comunicación alrededor de la propuesta que hizo el presidente Juan Manuel Santos para “desescalar el lenguaje” que alude a los temas del conflicto armado, proceso de paz y la guerrilla de las Farc, está aún vigente.  Y más cuando la oposición y el procurador mismo han decidido hacer caso omiso de esta recomendación, considerando que Santos quiere rendirse a los postulados de las Farc. “Mientras Gbno convoca para q se cambie lenguaje frente a Farc, esta destruye con permiso oficial antes de 20 de julio”, escribió el expresidente Uribe en su cuenta de Twitter. 


Sin embargo, el mensaje también estaba dirigido a los medios de comunicación y estos, aunque han reconocido que hay una dosis de verdad en lo planteado por el Presidente, insisten en que las Farc le debe bajar a los atentados y a mostrarse como terroristas. 


Los directores de medios creen que desescalar el lenguaje debe estar acompañado de hechos y que mientras las Farc no le mermen la intensidad al conflicto, será muy difícil.  Así lo declaró a Blu Radio, Roberto Pombo, director de El Tiempo. “El desescalamiento de los ánimos viene después de las actitudes de la guerrilla. (…) Estoy  seguro que en medio de bombas no se puede moderar el lenguaje”, señaló.


La dirección del periódico EL MUNDO también lo planteó desde su editorial de este viernes, “en aras de un lenguaje periodístico aséptico y carente de cargas ideológicas, sería viable no comparar a los farianos con otras especies biológicas como las ratas o los burros, pero ¿con qué término diferente a terrorista, puede ser definido quien perpetra atentados condenados por el DIH sólo para notificar su capacidad de hacer daño?


Atender a la verdad


Lucila González de Chaves, experta en lenguaje, considera que el periodismo ante todo debe cumplir con su deber, “parece ser que el presidente pide que sean más cautos, más calmados y que no cuenten las cosas con tanto fervor y a eso le llama desescalamiento.  Creo que por sobre todas las cosas el periodismo está al servicio de la verdad cualquiera que ella sea, y al servicio de la información, que eso es lo que hay que cuidar”, afirma.


No obstante, en lo que se refiere al modo de informar, González de Chaves es partidaria de medir muy bien las palabras en virtud de la precisión y el compromiso con la educación. “No pienso que los periodistas tengan como misión enmascarar la verdad, lo que deben cuidar es ese lenguaje exagerado que tanto medios escritos como hablados emplean.  Hay que cuidar los adjetivos y el tono”, y advierte que son estos últimos los que cambian la intencionalidad de la frase y revisten de exageración parte de la información, “hay unos adjetivos que de por sí son ponderativos y que crean de una vez la idea agrandada y distorsionada de la realidad”. 


La Fundación Ideas para la Paz advierte que algo importante del conflicto es cómo tratamos a quienes hacen parte del mismo y que en ese sentido es necesario ir desactivando los códigos del lenguaje de la guerra para lograr la paz. 


Así lo sostiene Sergio Guarín, coordinador del Área de Postconflicto de esta organización: “Me parece positiva la propuesta del presidente Santos, creo que se trata de un esfuerzo de ambas partes, si les reconocemos el carácter de insurgencia de las Farc, también ellos deben aceptar que nuestros gobernantes no son una oligarquía y que nuestro sistema de gobierno es una democracia, así sea imperfecta”, anota. 



Diccionario

Medios para la Paz, desaparecida en 2012, publicó varias ediciones del Diccionario para Desarmar la Palabra que recoge cerca de 1.000 términos alusivos al conflicto armado que con frecuencia son mal utilizados o son confundidos por las fuentes y periodistas, originando con ello desinformación y haciendo imposible la comprensión de la gente de sus realidades.  “El lenguaje puede ser un arma. Puede servir para serenar o para intranquilizar, para explicar o para confundir, para acusar o para absolver, para investigar o para distraer”, describió en su momento William Ospina. Arturo Guerrero, coautor del diccionario, expresó: “Desarmar la palabra equivale a proscribir el enmascaramiento y el embuste, y a propiciar una luz sobre la voz inocente de las mayorías (…) El Diccionario para Desarmar la Palabra es un dispositivo de inteligencia para el gremio de los periodistas en un país y en un mundo signado por las armas. Armas y municiones que no se rendirán para fundirse en esculturas, si antes no dejan de ser tormentos de las mentes. Mentes que no pasarán de ser pacíficas, si no se desarman las palabras”, puntualizó Guerrero.