Columnistas

En la crisis, magnanimidad
Autor: Luis Fernando Múnera López
13 de Julio de 2015


El proceso de paz de Colombia con las Farc está en crisis por falta de compromiso real y tangible de la guerrilla.

luisfernandomunera1@une.net.co


El proceso de paz de Colombia con las Farc está en crisis por falta de compromiso real y tangible de la guerrilla.


Después de avanzar relativamente bien en sus dos primeros años, durante los últimos meses la negociación se ha estancado por culpa de las Farc, que vienen dando un mensaje equivocado, mostrando una enorme torpeza política; manteniendo una actitud arrogante y agresiva y exigiendo lo que razonablemente no pueden esperar recibir del país. Para agravar la situación, han continuado asesinando soldados, instalando minas antipersonas y atacando la infraestructura. 


El 5 de julio de 2015 circuló en todos los medios la entrevista que Juan Gossaín hizo al jefe del equipo negociador, Humberto de la Calle Lombana. Sus palabras francas y directas mostraron la realidad de lo que se vive en las negociaciones y el alto riesgo de fracaso en que han estado. 


Algunas de sus frases fueron: “Me parece claro que el proceso está llegando a su fin, por bien o por mal. Sea porque logremos un acuerdo, ya que estamos trabajando en la recta final de los temas de fondo. O por mal, si, como está ocurriendo, la paciencia de los colombianos se agota. (...) Las Farc están equivocadas contra toda lógica y evidencia. El problema de las Farc no es con el Ejército, ni con los derechistas, ni con los que ellos llaman ‘la oligarquía’. Es con la gente, porque es a la gente a la que están afectando. (...) El país exige justicia sin amnistías generales. Eso no lo vamos a hacer. Y están las víctimas, que merecen justicia. Por eso es el territorio más difícil de la negociación. Las Farc tienen que asumir las responsabilidades de sus actos. El Estado también, naturalmente”.


En este contexto tan difícil resulta mucho más valiosa y destacable la enorme cantidad de voces de colombianos que se han levantado para pedirles a los negociadores del Gobierno y de la guerrilla que no vayan a terminar el proceso, que lo culminen pues el país lo necesita. Esas manifestaciones constituyen una actitud magnánima y patriótica. En momentos de crisis es cuando se destacan los espíritus grandes.


Esas voces también se han elevado para decir con toda claridad que las Farc deben entender que están perdiendo una oportunidad irrepetible con su actitud irracional, que tienen que terminar los atentados, que no pueden pretender impunidad para sus crímenes y que tendrán que entregar las armas.


Me he preguntado de manera reiterada en las últimas semanas cómo será posible que la sociedad colombiana pueda aceptar a los miembros de esta guerrilla reinsertados a la vida normal y ejerciendo la política abiertamente, si en esta fase final de la negociación se han comportado de forma tan funesta.


La única respuesta es: Digan la verdad, entreguen las armas, paguen las penas que la justicia transicional les imponga por los crímenes cometidos, reconozcan y compensen a sus víctimas, y, en contraprestación, Colombia perdonará lo que tenga que perdonar y les dará la oportunidad de continuar la vida incorporados a la vida civil, disfrutando de las garantías ciudadanas, respetando las diferencias ideológicas, dentro de las reglas de la democracia.


Las Farc parecen haber comprendido que el camino que están siguiendo es el equivocado, y el 8 de julio de 2015 expidieron un comunicado en el que anuncian un cese unilateral del fuego por un mes a partir del 20 de julio. 


Dice así el comunicado de las Farc: “Buscamos con ello generar condiciones favorables para avanzar con la contraparte en la concreción del cese al fuego bilateral y definitivo. (...) Vinimos a Cuba a alcanzar un acuerdo de paz, a poner fin a una guerra que sobrepasa el medio siglo. Nada puede complacernos más que acabar definitivamente con la confrontación, la violencia, la generación de nuevas víctimas y el sufrimiento del pueblo colombiano a consecuencia del conflicto”.


Si lo anterior funciona, con concesiones justas de lado y lado, con espíritu magnánimo, con generosidad y también con verdad, justicia y reparación, podremos dedicarnos por fin a construir país y no a matar más colombianos. Magnanimidad es grandeza y elevación del ánimo.