Columnistas

¡Horroroso!
Autor: Iván Guzmán López
7 de Julio de 2015


Hablando sobre la expansión de cultivos ilícitos en Colombia, este diario, en su editorial titulado “Otra verdad incómoda” (EL MUNDO, 4.VII.15), dice: “Como si no fueran pocas las verdades que el país debe afrontar cada día con el accionar de la guerrilla de las Farc en contraposición a su discurso demagógico en el contexto del proceso de paz

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Hablando sobre la expansión de cultivos ilícitos en Colombia, este diario, en su editorial titulado “Otra verdad incómoda” (EL MUNDO, 4.VII.15), dice: “Como si no fueran pocas las verdades que el país debe afrontar cada día con el accionar de la guerrilla de las Farc en contraposición a su discurso demagógico en el contexto del proceso de paz, el informe presentado el jueves por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), muestra claramente que durante el periodo de conversaciones, los cultivos ilícitos y la producción de cocaína se han incrementado en el territorio nacional, mientras las acciones para combatir este flagelo, como la aspersión aérea y la erradicación manual, se han reducido sistemáticamente, y en zonas donde se erradicó la coca, aumentó la práctica de la minería criminal y la consiguiente tala indiscriminada de bosques”. Y advierte: “ No podemos guardar silencio frente a las verdades incómodas que revela este informe, pues de nada le sirve ni al Estado ni a los ciudadanos hacer como si nada estuviera pasando o, peor aún, como si lo que se está haciendo fuera lo correcto”. Y más adelante, dice el citado editorial: “La Unodc apoya el monitoreo de cultivos de coca en Colombia desde 1999, habiendo realizado hasta la fecha un total de 16 censos anuales basados en imágenes satelitales. El último censo, financiado por el Gobierno Nacional, el Gobierno de Polonia y la Unión Europea, y cuyos resultados fueron los presentados esta semana, arrojó a grandes rasgos que en 2014 los cultivos aumentaron un 44% en relación con el año inmediatamente anterior, por lo que Colombia pasó de tener 48.189 hectáreas cultivadas con coca en 2013 a 69.132, en 2014”. 


Y es que el asunto es especialmente grave, si comprobamos que Colombia ahora no sólo es país productor de cultivos ilícitos y estupefacientes, sino ¡consumidor de primer orden! Y, lo más horroroso, esa droga se está apoderando de nuestros jóvenes, en especial, ¡de nuestros estudiantes!  El diario El Colombiano, en su edición del 2 de julio de 2015, dice que: “Una investigación adelantada por la Universidad CES y la Alcaldía de Medellín reveló que el consumo de marihuana prácticamente se duplicó entre 2006 y 2014 en los estudiantes que asisten a clase en instituciones públicas y privadas ubicadas en El Poblado, comuna 14. De acuerdo con la investigación, en 2006, de cada 100 estudiantes, casi 13 habían consumido marihuana durante la vida. En 2014, 24 de cada 100 lo hicieron. En el indicador de consumo anual la cifra también se incrementó al pasar de 9 alumnos en 2006, a más de 16 en el último estudio, 2014”. Un concejal de Medellín, pregunta con justificada razón  por las razones de los indicadores revelados en El Poblado, si en teoría son personas con las necesidades satisfechas.  ¡Si esto pasa en El Poblado!, ¿qué no ocurrirá en los barrios populares, azotados por el desempleo, la miseria y la inseguridad? Según Guillermo Castaño, uno de los investigadores del CES, “el consumo de drogas afecta a la persona, la familia y la sociedad, y está relacionado con el aumento de la delincuencia y la accidentalidad”. Triste realidad la de Colombia, en especial la de Medellín, la más educada, la más innovadora, un hogar para la vida, donde los consumidores de droga (niños, jóvenes, hombres y mujeres), se pasean tranquilos por las calles de la ciudad (en especial las del Centro),  por sus colegios y universidades, por sus parque (donde son amos y señores), y casi que con el beneplácito de las autoridades civiles y militares. ¡Horroroso!


Puntada final 1. Sin duda, la mal llamada Secretaría de Movilidad (con justificada razón, algunos la denominan “de inmovilidad”),  debe mirarse por dentro (hacerse una reingeniería, como dicen ahora), revisar su misión, visión,  recurso humano, procedimientos y metas, pues no es coherente que en Medellín, la más educada, la más innovadora, un hogar para la vida, sume, en lo que va corrido del año, 20 agresiones a sus agentes de tránsito; peor aún, 4 en menos de una semana.


Puntada final 2. ¿Hasta cuándo irá el vulgar negocio de las fotomultas?  Las denuncias de abusos en esta materia son abundantes; sin embargo, nadie le pone el cascabel al gato. Nos referimos a las bien documentadas por los columnistas de este diario, Carlos Mauricio Jaramillo Galvis (Fotomultas I, EL MUNDO, 20.III.15),  y Alejandro García Gómez (Fotomultas (1): ¿algo falla?, EL MUNDO, 4.VII.15), sin contar las innúmeras, aparecidas en otros diarios de la ciudad.