Columnistas

Del glamour al peligro
Autor: Manuel Manrique Castro
1 de Julio de 2015


Más de una película ha idealizado la motocicleta y Buscando mi destino (Easy Rider),  protagonizada en 1969 por Peter Fonda y Denis Hopper, orgullosamente montados en una Harley Davidson,  es de las más memorables.

Más de una película ha idealizado la motocicleta y Buscando mi destino (Easy Rider),  protagonizada en 1969 por Peter Fonda y Denis Hopper, orgullosamente montados en una Harley Davidson,  es de las más memorables.  No fueron los únicos porque antes Marlon Brando y después Nicholas Cage, John Travola y  Harrison Ford, entre varios otros, lo hicieron también.  Esas máquinas potentes y robustas,  de estrellas hollywoodenses pasaron a convertirse en juguetes favoritos de conductores con chaqueta de cuero, barba,  pañuelo en la cabeza y tatuajes en el cuerpo, dedicados a paseos dominicales en motos fabricadas para largas distancias y gran velocidad.  Los italianos aportaron también su cuota al glamour cinematográfico con las delicadas y femeninas Vespa y Lambretta.  En los sesenta Japón emprendió el camino hacia la masificación y abaratamiento de la motocicleta y hoy el mundo entero está poblado de ellas.  


Tengo sentimientos encontrados frente a la avalancha incesante de motos de las que no escapa ninguna ciudad colombiana, Medellín incluida.  Un amigo querido volvió hace poco de Vietnam sorprendido porque la cantidad de motocicletas hace insostenible  el tráfico en Saigon. 


Comprendo perfectamente cómo esas dos ruedas ayudan a miles de muchachos empeñados en no depender del transporte público, porque ganan en autonomía y ahorran tiempo y dinero.  En la mayoría de casos se trata de trabajadores, hombres y mujeres,  haciendo esfuerzos para comprar una motocicleta, convertirla en vehículo familiar y  mejorar su calidad de vida.  La moto les permite ir dos veces más rápido que un carro y ahorrar hasta hora y media en los desplazamientos diarios.  El otro lado de la medalla  es que las motocicletas significan un riesgo latente y multiplicado en calles, avenidas y autopistas.  Quienes las dirigen van como quieren, por donde quieren y a la velocidad que pueden,  desafiando las normas de tránsito e inyectándole a la movilidad peligros múltiples de toda índole, empezando por los propios; ocupan el mismo espacio de un automóvil,  circulan por el carril de alta velocidad y  se escabullen entre los vehículos para ganar la luz verde del semáforo o esperar, en primer lugar, a que cambie, implantando -en los hechos- una suerte de ley de la selva particular.


Ser motociclista autorizado para sumarse al flujo vehicular sólo requiere de una módica cuota inicial, pagos mensuales inferiores al gasto en transporte público, audacia  y un casco. El resto es lanzarse al ruedo del tráfico diario.  Colombia es el país que más motocicletas produce después de Brasil.  


En el año 2000 había en el Valle de Aburrá 183,362 autos y 106,812 motocicletas de 2 y 4 tiempos.  Las de 4 tiempos eran sólo 26,2121.  En 2011 el número de autos había subido a 350,824 y las motos a 353,867, siendo las de 4 tiempos 282,514.   Hace dos años se vendieron 660,000 motos, el doble de carros. 


En 2013 hubo en Medellín 303 muertes en accidentes de tránsito y de ellas más del 38% fueron de motociclistas, y 43% si se incluye a los pasajeros de las motos; muertes de jóvenes en su gran mayoría. 


El principal cuello de botella es la omisión de las autoridades frente al escenario caótico que vive la ciudad.  Las normas están pero no se cumplen y la policía poco hace para darle otro dinamismo y seguridad al tráfico vehicular.  El Decreto Municipal No. 1073 de 1998 ordenando hacer “obligatoria para los establecimientos de educación básica, la enseñanza de las normas de Tránsito y Seguridad Vial”  no se hace sentir y poca o ninguna eficacia tiene en las calles. La Administración actual y el Concejo Municipal están obligados a plantear una solución integral antes de diciembre, cuando termina su mandato de cuatro años. Esta es una de las más importantes dimensiones en que debemos estar Todos por la Vida.