Columnistas

La nueva Medell韓
Autor: Dario Ruiz G髆ez
29 de Junio de 2015


A la lista de altos impuestos como el predial que agobian hoy a los ciudadanos de Medell韓 hay que agregar las exageradas cuentas de servicios como agua, electricidad, tel閒ono que parecen propias de ciudades como Londres, Nueva York.

Con la diferencia de  que mientras en esas ciudades los dineros públicos se invierten constante y racionalmente  en obras de renovación y mantenimiento  de las redes viales, parques y arborización, bulevares,  buscando siempre una mejor calidad de vida, en Medellín crece el número de familias que deben desconectarse de la electricidad por la imposibilidad física de pagar esas altas cuentas y la cota de servicios no puede incluir el alto número de barrios de invasión que, pasivamente, surgen cada semana bajo estrategias de demagogos y explotadores sin que se hayan programado políticas efectivas para detener la llegada permanente de familias pobres de otras regiones, deslumbradas por la posibilidad de contar con una vivienda digna y con un subsidio. Ahora bien ¿De dónde ha brotado casi que de repente tanto dinero en las arcas públicas? ¿Es ya Medellín una ciudad global? ¿Cuándo se habían invertido tan altas sumas en programas de asistencia social, de cultura? ¿Cuándo se había invitado a tantas personalidades mundiales del comercio, la industria, del espectáculo? ¿Cuándo se habían comenzado a la vez  tantas obras públicas?  Sólo certifico una realidad  que nadie puede negar y a partir de la cual el equipo de trabajo del nuevo Alcalde deberá  proyectar económica, urbanísticamente, culturalmente,  lo que tantos gastos del erario le están planteando para que  se les dé o no continuidad, además de lo que el  inusitado auge inmobiliario supone  como premisa ineludible para un nuevo modelo de ciudad y que necesitará de la fiscalización de la ciudadanía. Pero el hecho, según este somero  balance, es que Medellín aparece hoy con la imagen de una ciudad  económicamente poderosa o sea que cuenta con unas arcas solventes para emprender la tarea de resolver los interrogantes  que surgen de una ciudad cuya estructura se ha modificado  radicalmente como lo demuestra la discontinuidad de su espacio.


¿Bajo qué finalidad  las Empresas Públicas Municipales  han decidido entrar al mercado inmobiliario? ¿Cuál va a ser  el  proceso de licitación, de las interventorías  en la adjudicación de los grandes contratos? ¿Cuál el de las veedurías ciudadanas completamente olvidadas hoy? Muchos  candidatos a la Alcaldía, imitando curiosamente a los políticos norteamericanos de los años sesenta, se han dedicado a visitar -en muchas ocasiones previo permiso de los combos- las diferentes comunas para pregonar sus planes de empleo, educación, seguridad, mientras besan niños y abrazan ancianos y reparten refrescos. Pero ¿dónde están sus proyectos de integración espacial mediante la cual se transformaría  la movilidad ciudadana rompiendo las  fronteras invisibles  que dividen los barrios? ¿Dónde la debida aplicación  de las obligaciones  urbanísticas? Lo importante en el concepto de una nueva ciudad, de una ciudad para la vida consiste en ir eliminando las abismales diferencias que crecen cada día, entre la congelada ciudad de la pobreza que  se extiende desorganizadamente sin control planificador  y la ciudad de los nuevos planes parciales donde  la construcción  tampoco va acompañada de un proyecto de ciudad. Treinta o cincuenta unidades residenciales privadas no hacen ciudad sino que la niegan tal como niegan la arquitectura, los espacios del intercambio social. Nuevos actores han irrumpido en la escena social  desplazando a los viejos capitales, al viejo concepto de comercio. A partir de esta desterritorialización ¿Cuáles serán las políticas de planificación capaces de reconstruir el tejido social y romper con la alarmante desigualdad?  Sólo así se podría  hablar de una nueva ciudad para la vida.