Columnistas

La bandera de la discordia
Autor: Rafael Bravo
26 de Junio de 2015


Negar que el racismo sea una cuestión del pasado seria desconocer la realidad no solo en los Estados Unidos sino en varios países de Europa donde los partidos nacionalistas crecen, haciendo presencia en el legislativo.

La brutal matanza de Charleston es otro crimen de odio en la larga historia de la violencia racial que se ha acentuado con la elección de Obama a la presidencia. El asesinato de 9 personas que participaban de un estudio bíblico en una iglesia que ha sido icono de la lucha de los negros, enciende el debate sobre la abolición de símbolos que dividen a la sociedad y la conveniencia de reglamentar el uso de las armas. 


Luego de más de un siglo y medio del fin de la Guerra Civil que partió en 2 a los Estados Unidos dando por terminada la esclavitud, aún persisten emblemas como la bandera de la Confederación que no hacen sino recordar épocas aciagas de exclusión, violencia y discriminación. En pleno siglo XXI, esa bandera sigue ondeando frente al Capitolio de varios estados del sur exacerbando los sentimientos de la comunidad afroamericana por lo que amplios sectores políticos, empresariales y sociales piden su remoción inmediata.


Resulta positivo que por fin haya coincidencia en que la bandera  como insignia de odio, retaliación e injusticia pase a ser parte de un legado histórico y trasladada a los museos de los estados del sur. A esa iniciativa se han sumado Walmart, Amazon y Sears retirando de sus inventarios todos los productos asociados con la Confederación. Como era de esperarse, la extrema derecha ha mostrado su rechazo alegando que ello es una decisión que debe dejarse a las legislaturas estatales de los estados que en su momento fundaron la Confederación, en su mayoría dominadas por el partido republicano del que hacen parte políticos poco abiertos a la diversidad y tolerancia.


Por otro lado, hay quienes se resisten a entender que los Estados Unidos y en particular el sur cada vez tienen menos anglos y hay unas minorías asentadas allí por razones históricas y más recientemente por motivo de la inmigración desde México y Centro América. Esas manifestaciones abogando por una secesión que de cuando en cuando se escuchan en Tejas, son una muestra de la miopía e intolerancia de algunos políticos nativistas que niegan la historia presente.


No hay que prestarse a engaños. El racismo no será un asunto resuelto con el retiro de símbolos divisorios. Mientras persistan los sentimientos racistas de algunos y la desigualdad que azota a las minorías es muy difícil lograr un ambiente de inclusión y tolerancia. La comunidad afroamericana por su parte necesita urgentemente entender que la función del estado no es entregar recursos ilimitados, sin que haya conciencia de sus responsabilidades en la solución a los graves problemas de desempleo, falta de educación y creciente violencia entre los jóvenes negros. Si algo han demostrado los hispanos es que sin mayor apoyo se puede salir de la pobreza, cuando la ética al trabajo, la iniciativa  empresarial y la unión familiar son las fuerzas que mueven a los recién llegados.


La contienda electoral que se avecina obliga a cambiar de paradigma para los aspirantes del partido republicano. Ya saben que sin el respaldo de las minorías y una mente abierta en el frente racial seguirán condenados al ostracismo. Lo que sigue es abordar el tema de la venta de armas, un asunto nada fácil cuando la poderosa NRA, esa organización que con sus millones en lobby, contribuye a las campañas para evitar que se toquen sus intereses.