Columnistas

Diario nórdico, primera entrega
Autor: Juliana González Rivera
18 de Junio de 2015


Escribo desde Estocolmo. Pasaré los próximos meses en Suecia y he pensado que es interesante utilizar este espacio como una especie de diario desde Escandinavia

Escribo desde Estocolmo. Pasaré los próximos meses en Suecia y he pensado que es interesante utilizar este espacio como una especie de diario desde Escandinavia, esta región del mundo en la que parece que todo funciona de maravilla: son los países más democráticos del mundo, con las tasas de desigualdad más bajas de Europa, dotados de políticas que promueven la igualdad real entre hombres y mujeres, educación de altísima calidad y cobertura total en seguridad social. Las ciudades son limpias y planificadas con mimo, abundan los parques y las ciclorutas –son ecológicamente sostenibles– y, en términos humanitarios, los barrios que aquí se pueden llamar marginales tienen niveles incluso más dignos que muchos de los nuestros en Latinoamérica. No existen los cinturones de miseria y los mendigos,  que los hay, provienen en su mayoría del Este de Europa, víctimas de mafias.


Dinamarca figura como uno de los países con los habitantes más felices del mundo –ese ranking que también ha liderado Colombia alguna vez, quizá por muy distintas razones–. Suecia es modelo en la lucha por la igualdad de género y líder en tecnología –aquí se inventó la telefonía móvil y es la casa de Spotify, por ejemplo–. El sistema educativo finlandés es uno de los mejores del mundo según el Informe Pisa que realiza la Ocde cada tres años, y es un país donde los índices de lectura per cápita los envidia todo el mundo civilizado. Islandia es hoy, en Europa, el modelo de la recuperación económica, porque a pesar de ser una de las primeras víctimas de la crisis financiera internacional, superó la bancarrota en apenas tres años y fue capaz de poner en la cárcel a algunos de los líderes empresariales que lo llevaron a la quiebra. A Noruega la conocemos por el salmón, sus fiordos paradisiacos, su gran milagro petrolero a partir de la década del setenta y ahora también por Karl Ove Knausgård, el nuevo niño bonito de literatura contemporánea. 


Pero hasta aquí todo es un lugar común. Ya se sabe: nos acostumbramos a pensar en los Otros como un tópico, y es fácil que muchos reduzcan a los suecos a rubias altas y bonitas y a novelas de Stieg Larsson o Henning Mankell; a los daneses a genios del diseño de interiores y a los finlandeses como los dueños de Nokia o, lo que es peor, a toda esta región como suicidas y borrachos. 


Pero quien haya pasado por aquí –o quizá visto Borgen, una de las últimas series de televisión de moda, basada en la sociedad danesa– puede darse cuenta de que éstas no son sociedades perfectas pero sí es aquí donde se plantean muchos de los debates más interesantes en materia política, económica y social. Cuando una nación parece que ya ha alcanzado todas las conquistas para sus ciudadanos –cohesión social, sostenibilidad económica, empleo, salud y educación de calidad, etc.– ¿Cuál es el siguiente nivel de discusión? ¿Cuáles los debates en términos de inmigración, por ejemplo, en estos países que reciben numerosas demandas de asilo y la llegada de miles de inmigrantes precisamente por su estado de bienestar? ¿Qué pasa aquí en materia tributaria? Dinamarca tiene uno de los niveles de impuestos más altos del mundo, por ejemplo. ¿Cuáles son las políticas suecas sobre prostitución que pretenden emularse por ejemplo en Francia? ¿Por qué se acusa muchas veces a esta región de xenófoba y racista y por qué vienen en ascenso sus partidos de extrema derecha? ¿Qué pasa con la mendicidad? ¿Cuáles es la discusión sobre salud pública en Dinamarca, con el mayor índice de consumo de antidepresivos en el mundo, o en Finlandia, donde el alcohol es la principal causa de mortalidad masculina? ¿Y cuáles son los debates salariales, laborales y de bienestar social en un país como Suecia en el que la licencia de maternidad y paternidad puede durar hasta un año laboral? 


“La noticia de la lejanía se le confía al viajero”, escribió Walter Benjamin, y es lo que aspiro hacer en las próximas entregas de esta columna, un viaje por esta región de la que hay mucho que emular, discutir, pero que desde luego es mucho más que Ikea, renos, novelas policiacas, frío extremo, vikingos, salmón y osos polares.