Columnistas

¿Quién manda aquí?¿Nadie?
Autor: Jorge Arango Mejía
7 de Junio de 2015


Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.” Francisco de Quevedo y Villegas

He recordado esta frase del genio español, a propósito de los anuncios que día a día hacen quienes nos gobiernan (¿o desgobiernan?): hoy pregonan que harán de Colombia, en diez  años, el país más culto de América; hace cuatro años dijeron que reconstruirían a Gramalote en dos meses; dicen, con desparpajo, que invertirán en autopistas centenares de billones que solamente existen en su mente; el uno arrebata al otro la palabra para anunciar que en unos meses no habrá pobres en Colombia, ni siquiera de espíritu. Y al final ¿qué queda de tantas promesas? Nada, como no sea la inmensa frustración de un pueblo que sabe que “es superior a sus dirigentes”, pero que no actúa en consecuencia, porque sigue eligiendo personas ineptas y voraces, insaciables ratas del erario. 


¿Quién manda aquí? Es la pregunta que nos hacemos los colombianos, confusos, desorientados, escépticos. Y como nadie responde con verdaderos actos de gobierno, manifestaciones de una autoridad racional, que es aquella que se ejerce en beneficio de quienes la soportan, todo el mundo tiene su propia respuesta. 


Dicen unos que el inefable Timochenco, ahora profesor de ética periodista, es  el verdadero poder y que lo ejerce desde La Habana mediante las órdenes, certificados de buena conducta, amenazas, de Iván Márquez y sus alegres compañeros en las charlas en que se juega con el futuro de Colombia.


¿Será, se preguntan otros, la señora Canciller, que pregona a los cuatro vientos que la pérdida de 70.000 kilómetros de mar territorial no ocurrió, como jamás existieron los islotes de “Los Monjes”, que un pariente suyo regaló a Venezuela mediante una cartita de diez renglones? La misma a quien el gobierno, ingenuo y bonachón, pero siempre cambiante “como las briznas al viento y al azar”, ha enviado dizque a poner orden en la inacabable tertulia de La Habana? ¿Habremos caído tan bajo que esta funcionaria sea realmente el poder tras el trono?


Las mayorías silenciosas, aquellas que sólo expresan sus opiniones en la intimidad de los hogares, coinciden en que aquí no manda nadie: somos una colonia, acaso la última del Imperio, no por lejana sino por sumisa. 


¿Pero, en realidad, dónde reside el verdadero poder? Lo ejercen, con descaro, con la certeza de que jamás serán descubiertos y castigados, los corruptos de todos los colores. Aquellos que reparten a manos llenas los dineros del erario, olvidando que el artículo 355 de la Constitución establece una prohibición absoluta: “Ninguna de las ramas u órganos del poder público podrá decretar auxilios o donaciones a favor de personas naturales o jurídicas  de derecho privado.” ¿De dónde salieron los doscientos cuarenta millones de pesos ($240.000.000,oo) que una gobernadora, en plena campaña para hacer que el pueblo elija a su sucesora, entregó hace unos días a mil doscientas (1.200) señoras, en dinero en efectivo, a razón de doscientos mil pesos ($200.000) moneda corriente,  a cada una?  ¿Acaso del bolsillo de la gobernadora? Y si salieron del tesoro público, ¿qué autoridad decretó el auxilio prohibido?


Los que  gobiernan a Colombia son, en general, corruptos: o saquean el erario o permiten que otros lo hagan, y se quedan impasibles, como quien oye llover. 


Nota final:


Se equivocan los cuatro o cinco chisgarabíes que han salido a insultarme,  si esperan que les conteste o que me rebaje a mencionarlos. Jamás descenderé  a su nivel. Me limitaré a usar las palabras de don Miguel de Unamuno, en su magistral ensayo “El sepulcro de don  Quijote”:


 “Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de notoriedad y ansia de singularizarse.


“No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor don Quijote resucitara y volviese a esta su España, andarían buscándole una segunda intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace para que le tapen la boca con oro; otras, que es por ruines sentimientos y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras, que lo hace no más  por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras,  que lo hace por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande que a tan pocos les dé por deportes semejantes!


“Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, de locura, a todos estos estúpidos bachilleres, curas y barberos de hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto creen haber descubierto la razón del acto -sea o no la que ellos suponen- se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen, perdió todo su valor la cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.”


Y con esto, si quieren, que sigan ladrando como los perros a la luna llena. Allá ellos...