Columnistas

Otto: colombiano ejemplar
Autor: Bernardo Trujillo Calle
30 de Mayo de 2015


La muerte de Otto Morales Benítez enlutará al país y al liberalismo por largos años.

La muerte de Otto Morales Benítez enlutará al país y al liberalismo por largos años. Hombres como él sólo nacen de vez en cuando y de allí que su ausencia hiera tan hondo el alma de los colombianos, como la hirieron las muertes de otros símbolos de la nacionalidad: Alberto y Carlos Lleras; López Pumarejo y López Michelsen; Gaitán y Uribe Uribe, para no mencionar tantos otros ilustres desaparecidos que hacen parte de la galería más notable de nuestros grandes conductores. No alcanzó Otto Morales la Presidencia a la cual tenía derecho por sus virtudes ciudadanas, los incontables servicios prestados a Colombia, su trabajo intelectual y académico, el tino en el manejo de los altos cargos confiados a su pericia y particular probidad. Y por su desbordante amabilidad, su tesón en querer vivir y hacer vivir dentro de la fe en los principios del liberalismo que fueron en su pluma y en su voz portentosas motivo de preocupación constante.


Tengo en mi poder un vibrante Manifiesto liberal por la unidad escrito por Otto Morales no hace mucho, por insinuación de un grupo de sus amigos liberales antioqueños que queríamos hablarles desde aquí, desde Antioquia a los copartidarios de todo el país de la necesidad y urgencia en acelerar la organización del Partido. No fue publicado por razones de oportunidad y pienso que este es el momento para darlo a conocer a raíz de la sentencia proferida por el Consejo de Estado que anuló los estatutos del 2011. Sería un homenaje póstumo que le haríamos al insigne republico, un llamado a la conciencia del liberalismo hoy disperso, pero aun fuerte y con decidida vocación de asumir el poder.


Digo, pues, lo que en varias oportunidades he dicho: Colombia quedó en deuda con la Presidencia de Otto Morales Benítez y también de Horacio Serpa. Pero es que mientras Serpa fue víctima de una conjura mezquina que puso al servicio de la calumnia un poder económico y social sin límites con el fin de atajarlo, Otto Morales, llevado de su natural temperamento conciliador y de su inclinación por hallar siempre una puerta por donde escaparse de cualquier confrontación política que pusiera en peligro el Partido, declinó sus legítimas aspiraciones a las que tenía derecho, haciéndole honor a su lealtad y al alto prestigio de conductor con preseas obtenidas en las infatigables luchas libradas con entereza desde su lejana juventud.


Escritor prolífico, en sus innumerables libros, no hubo tema de interés nacional que dejara de abordar: la política, las luchas sindicales, los problemas del agro, la investigación sociológica, la literatura; sus estudios sobre la colonización antioqueña del Sur-Occidente, la historia de nuestra cultura, los movimientos sociales pasados y presentes, fueron motivo de sus inquietudes de escritor. Ideólogo, estadista, hombre de profundas convicciones liberales, jurista y conciencia limpia que entendió el valor universal del humanismo, el cual vivió en su práctica constante. Como conductor liberal se codeó con  los personajes sobresalientes del país, porque él también perteneció -lo supo muy bien- a esa estirpe de los grandes de Colombia. Mas desde la cima de sus virtudes, jamás hizo ostentación, otra de sus innumerables cualidades que lo acompañaron hasta el día de su muerte.


Una de sus últimas obras histórico-políticas fue sobre el completo seguimiento que hizo de las causas que motivaron la separación de Panamá para destacar el papel cumplido por Uribe Uribe, quien se empeñó en demostrar que fue un acto de felonía y traición la que condujo a esa separación, que por demás tampoco fue reparada moralmente sobre bases honrosas.


La muerte del inolvidable amigo Otto Morales Benítez, pregonero de la paz y de sus enemigos ocultos agazapados, como lo dijo alguna vez, nos llena de tristeza.