Columnistas

España: ahora sí, el fin de la transición
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
28 de Mayo de 2015


Durante los últimos 39 años, la vida política y social de España se alimentó del denominado “espíritu de la transición”, una especie de aliento, de soporte moral y/o disculpa política que permitía la vida en común sin mayores sobresaltos.

Durante los últimos 39 años, la vida política y social de España se alimentó del denominado “espíritu de la transición”, una especie de aliento, de soporte moral y/o disculpa política que permitía la vida en común sin mayores sobresaltos, que a su vez sirvió de plataforma para la consolidación y el dominio excluyente de dos grandes partidos tradicionales, uno fortalecido en la lucha clandestina contra la feroz dictadura franquista y el otro nacido de las entrañas del régimen y alimentado por el “espíritu nacional” de Primo de Rivera, Francisco Franco y Manuel Fraga, su fundador. De igual manera, el espíritu de la transición creó una especie de mutua complacencia entre los partidos, que consintió la alternancia en el poder y los hizo cómplices de la corrupción y el quietismo institucional, ya que todo asomo de reforma económica, política o social era rechazada de plano porque alteraba “el espíritu de la transición”.


Pero el tiempo pasa, los años corren y unas generaciones mueren y otras crecen. Con el paso del tiempo la memoria se vuelve frágil y las lealtades mutan. La mitad de las nuevas generaciones, nacidas en el período de la transición, piensa distinto a sus padres y son fieles a los principios y no a los partidos. Son esas nuevas generaciones las que están votando para remover las estructuras políticas, porque la transición no puede durar eternamente.


Tentativamente, puede decirse que la transición cobija el período transcurrido entre la muerte de Franco (20 de noviembre de 1975) y la abdicación del rey Juan Carlos, aunque no hay acuerdo sobre la fecha del comienzo porque otros lo sitúan en la fecha del proclamación del Rey Juan Carlos I de Borbón el 22 de noviembre de 1975. Y hay quienes aseguran que la transición realmente empieza con la escogencia de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno el 6 de julio de 1976, porque inicialmente el rey, para no pisar muy fuerte, mantuvo como presidente a Carlos Arias Navarro, heredero del gobierno franquista.


Es innegable que la democracia española se debe al rey Juan Carlos. Al principio, había recelos por ser un rey franquista, que le debía lealtad a Franco, quien lo escogió como sucesor. Pese a ello, es una figura clave en la historia de la democracia porque facilitó su implantación con el nombramiento de Adolfo Suárez González como presidente de Gobierno en julio de 1976, en desarrollo de un plan concertado entre el Rey y Torcuato Fernández Miranda, presidente del Consejo del Reino, quien había sido profesor de Derecho del Rey. 


Con Suárez, se cambia en menos de dos años toda la estructura del Estado español. Primero se expide la Ley de reforma política, aprobada por referéndum el 15 de diciembre de 1976, la cual entierra el régimen franquista y convoca las primeras elecciones democráticas. Más tarde, se produce la legalización del Partido Comunista el llamado viernes santo rojo: 9 de abril de 1977, un verdadero “coco” para la derecha española, que se tragó entero ese sapo.


Las primeras elecciones democráticas desde la Guerra Civil se celebraron el día 15 de junio de 1977. La coalición Unión de Centro Democrático, creada y presidida por Suárez resultó ganadora aunque no alcanzó la mayoría absoluta. Suárez fue encargado de formar gobierno. A partir de ese momento comenzó el proceso de construcción de la Democracia en España y de la redacción de una nueva Constitución, que se aprobó en referéndum el 6 de diciembre de 1978 y entró en vigencia el 29 de diciembre.


Desde el año pasado, distintas voces se levantan para proclamar el fin de la transición, que puede atribuirse a los siguientes hechos:


La muerte de Adolfo Suarez, primer presidente de la democracia y artífice de la nueva época de convivencia ciudadana y política, el 23 de marzo de 2014. 


La renuncia del rey Juan Carlos el 2 de junio de 2014 y la proclamación del nuevo rey –Felipe VI - el 19 de junio de 2014.


El esperado fin del dominio bipartidista. El PP y el PSOE tuvieron la hegemonía política desde 1982, alternándose en el ejercicio del gobierno, hasta que el titubeo en el manejo de la crisis económica mundial, desatada en 2007, hundió al socialismo y le dio mayorías absolutas en el Reino y en las autonomías al Partido Popular, protagonista de grandes casos de corrupción que duermen en los anaqueles de la justicia. Como reacción, desde mayo de 2014 ya no son dos sino cuatro los partidos que copan el escenario estatal: Partido Popular, Partido Socialista, Podemos y Ciudadanos. A su lado, han tratado de sobrevivir Izquierda Unida (coalición de matices construida sobre las ruinas del Partido Comunista) y Unión, Progreso y Democracia (partido de corte personalista fundado por Rosa Díez, antigua dirigente del PSOE), cuyos votantes y algunos militantes se desplazaron a Podemos y Ciudadanos. 


La pérdida del dominio bipartidista se inició con las elecciones europeas de mayo de 2014, siguió con las elecciones andaluzas en abril pasado y se concretó en las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo 24 de mayo.


El fin de la transición debe traer otros hechos significativos: la reforma de la Constitución y la concreción del desafío soberanista de Catalunya.