Columnistas

Una lección de noviolencia en Mayo por la Vida
15 de Mayo de 2015


“Violentar a un solo ser humano es perjudicar no solo a ese adversario, sino a todos los hombres a través de él” (Mahatma Gandhi).

Luz Gabriela Gomez Restrepo


La programación especial formulada y realizada desde MAYO POR LA VIDA, iniciativa ciudadana auspiciada por la Secretaría de Cultura Ciudadana, da forma a una gran intención pedagógica que quiere irradiar a todos los ciudadanos de Medellín para que la inspiración y el deseo por multiplicar el bien, llegue a todos.


El momento es oportuno para ofrecer un acercamiento a la noviolencia. Para disponer de algunos elementos que permitan una concepción más cercana a la realidad y menos permeada por todo tipo de prejuicios. A continuación se presenta lo que pudiera entenderse como una especie de curso rápido o lección primordial sobre el tema.


Mientras la violencia se constituye en la expresión de la animalidad del hombre, la noviolencia le permite evolucionar y ser creativo para hacer posible la transformación social de los conflictos. No podemos esperar de ella, la noviolencia, que nos libere de los miedos, pero sí se ofrece como herramienta importante para combatir las causas de esos miedos. Y lo logra porque cuenta con unos atributos (verdad, justicia, fraternidad) que le posibilitan llevar armonía al rodaje social. Ahimsa es una palabra del sánscrito que significa “no daño a ningún ser vivo susceptible de sentir dolor o miedo”. Una persona convencida del poder transformador de la noviolencia se abstendrá siempre de la injusticia, independiente de las causas o consecuencias de una acción humana. Alcanza ese nivel de humanidad porque entiende que el más imperfecto, elemental y humilde de los seres humanos y el sabio más refinado y poderoso, comparten la misma dignidad.


En terrenos de noviolencia es importante no confundirse con las generalizaciones propias de la democracia, que nos llevan a suponer que lo que conviene a la mayoría se entiende como el mayor bien. Ese supuesto es utilitario y violento y nos aparta dramáticamente del respeto a la dignidad humana y a la causa de la paz. Entendemos entonces la noviolencia como una norma de conducta necesaria para hacer posible la vida en sociedad. No cometamos el error simplista de confundir el término con un silencio complaciente, consentimiento o manifestación de los débiles, cuando en realidad es una determinación que requiere valentía, una alternativa creativa e innovadora, una clara expresión de indignación que empuja posiciones críticas frente a la inequidad.


Comprendemos y practicamos el Manifiesto de Mayo por la Vida cuando aclaramos que la noviolencia crea una sana resistencia civil a los abusos y permite la construcción colectiva de acuerdos, y todo porque es afirmación de vida, objeción de conciencia y contundente ejercicio de libertad. El miedo, la resignación, la coerción o el irrespeto al poder legítimo se apartan entonces y con claridad de la propuesta de convivencia planteada desde la noviolencia. Pongámosla muy lejos de un simple manual de buenos deseos o de una moda pasajera, porque nace, se desarrolla y actúa desde la más profunda convicción personal, impone la fuerza de la razón por encima de la razón de la fuerza y es un método efectivo y probado para resolver los conflictos propios de la vida social.


La noviolencia es un estilo de vida, es un método de acción. Sus principales protagonistas son:


Henry D. Thoreau. Su pensamiento puede sintetizarse en “Decir lo correcto o incorrecto a conciencia y no según la conveniencia”.


León Tolstoi. Lo comprendemos a cabalidad en “Si no quieres que el malo exista, no obres mal”.


Mahatma Gandhi. Imposible resumirlo en una frase, pero su potencia está alrededor de “Ojo por ojo, y todos vamos a quedar ciegos”.


Martin L. King. “Utilizando la violencia se mata al mentiroso, pero no a la mentira. La oscuridad no puede esconder la oscuridad. El odio no puede esconder el odio: solo el amor puede hacer esto”.


Sería injusto e irrespetuoso considerar a la noviolencia como incitación al desorden, como elemental reacción a la violencia, cuando en realidad se plantea desde el derecho a tener derechos, exige vocación de servicio y es un potente ejercicio de autonomía y libertad. Exige autocontrol y se instala dentro de una clara empatía con el dolor y el sufrimiento de los otros. No aparece como pataleta, reclamo o interés en atraer la atención. Por eso es sano que se presente separada de tendencias ideológicas particulares, a pesar de su atractivo aporte a la denuncia valiente, al compromiso ciudadano de transformación. Es entonces una verdadera pedagogía de la reconciliación, un método de aproximación al auténtico perdón, donde la verdad y la restitución lo anteceden.


La no cooperación con lo humillante, la resistencia y la rebeldía, propias de la noviolencia, nos hacen más coherentes y valerosos ante realidades indignantes y bajas de moral. Es imposible ser cobarde y noviolento a la vez. La noviolencia apela al corazón y no solo a la razón y es por eso que acepta el autosufrimiento como lucha contra la injustica. Y la prueba de oro de que el método sí funcionó para solucionar conflictos, es la ausencia de resentimiento en las partes antes enfrentadas. Como diría Héctor Abad Gómez, “Si la violencia se aprende, la noviolencia también puede aprenderse”.


Este Mayo por la Vida 2015 abraza con intervenciones especiales a periodistas, maestros y taxistas, que por su quehacer diario se enfrentan a maltratos y amenazas. Pero, también todos los ciudadanos encontraremos acciones pedagógicas especiales en los centros comerciales, en el Metro, en los parques bibliotecas, para practicar intensivamente en Mayo lo que se aplicará todo el año: la solidaridad, el respeto por distintas formas de felicidad, la alegría del dar, la bondad y potencia de la noviolencia.