Mundo deportivo

Wanner seeks a new leap in his career
Wanner busca un nuevo salto en su carrera
Autor: Federico Duarte Garcés
9 de Mayo de 2015


La versión 26 del Grand Prix Internacional de Atletismo Ximena Restrepo se cumple hoy en el estadio Alfonso Galvis.


Foto: Giuseppe Restrepo 

El referente de Wanner Miller es Gilmar Mayo, quien ostenta el récord suramericano de salto de altura con 2,33 metros.

Aún sembrado en la colchoneta, en la mitad del estadio Panamericano de La Habana, Cuba, después de haber alcanzado un salto de 2,28 metros que lo impulsaba de repente a ser el atleta 107 de Colombia en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Wanner Miller permanecía absorto. En su mente se repetía lentamente lo que el público alrededor manifestaba entre vítores y abrazos: “¡Lo hizo! ¡Lo hizo!”. La mayoría eran cubanos que aplaudían la marca de este urabaense, oriundo de Vigía del Fuerte, pero quien había dado sus primeros pasos deportivos en el municipio de Turbo, allí donde diez años atrás lo conociera su entrenadora Regla Sandrino Izquierdo, la única cubana presente para quien la marca obtenida por este extranjero en su tierra no era un extraño.  


Era el año 2003, en que recién Sandrino Izquierdo se había instalado en Colombia para potenciar el talento que emergía en el territorio nacional, pero sobre todo en una región en particular: Urabá. Miller, uno de los estudiantes más sobresalientes de bachillerato de El Tres, de Turbo, donde se encontraba becado por su buen desempeño académico, representaba a la institución en unos juegos intercolegiados de Carepa. 


Allí entrenaba baloncesto, pero en alguna ocasión la profesora de atletismo advirtió un salto de este muchacho de 15 años para clavar el balón en un aro de 3,15 metros de altura. De inmediato lo probó en salto alto junto al grupo que se entrenaba en esta disciplina. A todos les ganó. Su percepción fue la misma que la formadora cubana: había un talento por despuntar.    


A grandes saltos


“Cuando los conocí eran unos perezosos”, comenta Sandrino Izquierdo con su natural acento y gracia cubana sobre Wanner Miller y Catherine Ibargüen. Ambos debieron trasladarse de su tierra natal a la Villa Deportiva Antonio Roldán Betancur de Medellín para trabajar bajo las órdenes de ella. 


“A mí no me van a tramar”, les decía. “Una cosa es tener una persona que no aplique tanto la inteligencia; tiene las condiciones pero no discurre bien. Cuando son perezosos e inteligentes son más difíciles porque se le escurren a uno, y Catherine y Wanner son de esa naturaleza”, dice sobre sus exitosos pupilos.


Para Wanner Miller todo transcurrió muy rápido. En un mayo como el de ahora se había iniciado en el atletismo, en julio disputaba los Intercolegiados, y dos meses más tarde clasificaba a los Juegos Nacionales de Cali. 


Al siguiente año hubo un Suramericano en Ecuador al que no lo llevaron. En vez de él fue otro joven de Turbo, Luis Casimiro Salazar, quien tuvo un registro de 2,01 metros. Ese mismo día Miller saltó 2,08 y logró récord nacional de menores en salto alto. Más tarde, en 2005, durante los Juegos Bolivarianos, alcanzaría el récord juvenil de 2,16 que permanecería cerca de diez años vigente. 


Ese mismo año hizo parte de la delegación de siete atletas del país seleccionados para participar en el Panamericano Juvenil de Canadá. Al llegar a Bogotá, previo a su primer viaje internacional, llegó con una lesión de la cual sospechaba el Comité Olímpico Colombiano, pero que no quería revelar con el miedo que este no le permitiera viajar. 


Así que, al frente de ellos, le dijeron: “Si tocas la lámpara que está allá arriba vas, si no la tocas, no vas a ninguna parte”. Miller saltó y la tocó, aunque “sentí que me dolió todo el corazón por dentro”. No obstante, acto seguido hizo ver que todo estaba bien. De ahí que le dieran luz verde para el primero de sus múltiples viajes a por lo menos 16 países en el mundo como deportista de élite.


Disciplina y tesón


“Eso es irresponsabilidad. Yo era consciente que eso no se podía hacer, pero quería viajar. Por eso lo hice”, dice Wanner hoy a sus 27 años, quien comenzó a entrenarse en el deporte ante la disyuntiva de llegar a su casa después de clases y tener que hacer oficio en las tardes, aun cuando había una persona encargada de ello en las mañanas, como forma de ocupar el tiempo. Él en sus ratos libres se lo dedicaba a la lectura, su otra gran pasión, y en especial de un autor viajero por naturaleza: Ernest Hemingway. 


“El viejo y el mar” es su obra favorita. La historia escrita en Cuba es un reflejo de su pensamiento a estas alturas de su vida. 


“La vida es un ratico, uno no dura más de 100 años”, dice Wanner, quien en los meses previos a los Juegos Olímpicos de 2012 atravesaba un mal momento: se había lesionado una vez más el pie, había perdido los apoyos y había perdido el contacto con su entrenadora, por lo cual entrenaba solo. De ahí que aquel día en el  Challenger Atlético de La Habana sólo entrara en razón de su clasificación olímpica pasada la competencia, ya en el avión de regreso.


No obstante, desde entonces inició la carrera de Ingeniería de Sistemas, que dentro de un año sueña terminar.  


“El deporte no es todo”, plantea Wanner, quien después de clasificar a la final de los Olímpicos de Londres y lograr un meritorio noveno lugar entre los catorce mejores del mundo se volvió a lesionar. Su presencia de vuelta en el Prix Internacional de Atletismo que comienza hoy, después de una operación a la que fue sometido en abril de 2014, es una oportunidad para renovar su sueño de alcanzar una medalla en los próximos Olímpicos de Río 2016. 


“Hay que trabajar, hay que creérselo”, decía ayer, después de una sesión de entrenamiento iniciada a las 4:30 a.m., el hombre de la frase: “El día tiene 24 horas, de las cuales uno puede utilizar 18”.



Programación de algunas pruebas

8:00 a.m. - 100 metros planos.


12:00 m. - Impulsión de bala.


2:00 p.m. - Lanzamiento de martillo.


3:00 p.m. - Salto alto.


5:00 p.m. - Salto triple.