Editorial

Las presencias de Guillermo y Gilberto
5 de Mayo de 2015


Para la sociedad donde fueron sembradores y ejemplo, revisar sus ideas, escritos y obras, es ocasión para mantener viva la esperanza que en ellos fue rasgo característico e irrenunciable.

Ingenieros de profesión, constructores de vida por voluntad, Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía confluyeron en sueños, huellas y proyectos transformadores. Su primer encuentro ocurrió en 1990-1992, cuando Gilberto, gobernador de Antioquia, se acompañó de Guillermo en un encuentro que sentó las bases para la planeación del túnel de Occidente, puntal de los nuevos desarrollos de la carretera al Mar. Diez años más tarde, Guillermo, entonces gobernador electo, invitó a su amigo para dar forma a un sueño transformador del pueblo y su cultura, el Plan congruente de paz de Antioquia, que tenía uno de sus pilares en la formación de la cultura de la Noviolencia. 


Hace doce años, Guillermo, Gilberto y diez militares que los acompañaban en ignominioso secuestro, fueron asesinados por las Farc. El gobernador de Antioquia y el asesor de Paz habían sido secuestrados cuando presidían la Marcha de la Noviolencia en solidaridad y reconciliación con el municipio de Caicedo, municipio sometido al bloqueo económico de las Farc. Guillermo y Gilberto aceptaron internarse en la selva con sus captores, para no poner en peligro las vidas de sus acompañantes y esperanzados en que tarde o temprano podrían  lograr interlocución con el Secretariado de las Farc y exponerles la magnífica oportunidad que ofrecía esa filosofía y metodología de enfrentar los conflictos humanos, sociales y políticos.  Durante los trece meses de secuestro, Guillermo y Gilberto nunca desistieron en este empeño, pero encontraron totalmente cerrada la puerta de sus interlocutores. Vendrían entonces los años de la guerra frontal que diezmó a ese grupo guerrillero hasta obligarlo a sentarse en un proceso de paz, pero sobre cuyas buenas intenciones crece la desconfianza del país.¡Cuántas vidas humanas se han perdido desde entonces!


En un país donde la coherencia y el compromiso sincero de sus gobernantes es bien bastante escaso, la ausencia de Guillermo y Gilberto es dolorosamente significativa. Para la sociedad donde fueron sembradores y ejemplo, revisar sus ideas, escritos y obras, es ocasión para mantener viva la esperanza que en ellos fue rasgo característico e irrenunciable. En nuestras páginas centrales, el lector encontrará información sobre proyectos y acciones emprendidas con su guía, aliento o compañía que se encuentran en casi toda la geografía de Antioquia y que han contribuido a tejer redes de solidaridad, confianzas, conversación y a identificar mecanismos de expresión y discusión de conflictos ajenos a la violencia y sus amenazas. En Caicedo, Tarso, la región Oriente, Granada, Rionegro, Medellín, ellos viven y expanden su fuerza y convicciones. A estos proyectos que los mártires de Mandé (Urrao) contribuyeron a sembrar se suman nuevos sueños que recogen sus esperanzas y de los que estaremos dando cuenta en las páginas informativas a propósito de Mayo por la vida, iniciativa ciudadana que promueve múltiples aproximaciones al respeto a la vida como preocupación prioritaria de nuestra sociedad. 


Las contribuciones de Guillermo y Gilberto en obras físicas, proyectos nacionales e instituciones generadoras de equidad, desarrollo y paz, hacen memoria de su talante de constructores. Sus huellas por la Noviolencia se tejen cada día en las obras que alcanzaron a emprender en apenas quince meses de acción pública común y en lecciones que revelan las transformaciones pendientes, que son reto para quienes les rendimos homenaje.


La expansión y consolidación de la Noviolencia como convicción y método de solución de conflictos ocurrirá, así lo entendían estos líderes, con la consolidación de una cultura que modifique el paradigma que avala el predominio del más fuerte por uno que reconozca la potencialidad de forjar razones colectivas desde la conversación, la deliberación, la resistencia civil incluso, en las que múltiples voces representan distintas expectativas y aspiraciones en un marco de respeto por los derechos fundamentales de todos y de aceptación de la legitimidad de las diferencias. En FundaMundo y el periódico EL MUNDO trabajamos con la educación para forjar esa cultura que ponga la vida y la palabra como razones máximas de la vida en común.