Columnistas

Hablar
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
5 de Abril de 2015


Algunas veces nos encontramos con personas que parece sintieran necesidad de impresionar a sus interlocutores con giros rebuscados, con palabras poco conocidas, con gestos y entonaciones extravagantes.

¿Cuál es la causa de este modo complicado de hablar? La falta de espontaneidad y sinceridad, lo que es fácilmente captado por el interlocutor; esta circunstancia  crea una inmediata sensación de rechazo. 


No debemos olvidar que, si bien el idioma está guiado o gobernado por normas, la manera que cada persona tiene de expresarse es absolutamente personal, puesto que la elección de las palabras está regida por nuestra mente, en un acto que es puramente individual.


Démonos cuenta de que el deficiente manejo de la lengua perjudica  al que habla y sus relaciones con los demás. Lo comprobamos con frecuencia: una persona que no se expresa adecuadamente, encuentra  dificultad en comunicar sus pensamientos,  deseos e intenciones.


En cambio, si puede plantear oralmente, con claridad, un problema, traducir fielmente sus impresiones sobre cualquier asunto, estará en óptimas condiciones de adquirir una forma de escribir con concisión, precisión  propiedad y elegancia.


Cultivar la capacidad de hablar de un modo sencillo, claro, sin adornos, fácil de comprender, sin gestos ni tonos exagerados, es el primer paso para lograr otro lenguaje más enriquecido que, además de ser correcto, está lleno de armonía y elegancia.


Hay quienes hablan de modo espectacular, aturdiendo a los oyentes; es como si creyeran que el mérito, el interés y la calidad de las personas que escuchan y de las cosas que dicen, aumentaran con la manera altisonante de hablar. Una voz suave, armoniosa, bien articulada y expresiva se escucha con gusto, y hace menos enojosos los conceptos, los avisos, las noticias, las propagandas, la conversación. 


Los locutores y los presentadores de programas y noticias, ya no hablan sino que gritan, y parece que cada día estuvieran en una competencia desenfrenada para ver cuál grita más. Hay quienes dan tono de discurso oratorio, o explicaciones académicas, a cualquier anuncio o información insignificantes. 


En las entrevistas, también hay boberías lingüísticas con apariencia académica; el periodista inicia la pregunta con un largo discurso de apreciación (¡y de respuesta!) antes de formular preguntas enmarañadas. En este presente tan complicado en todo, el entrevistado no retiene los planteamientos y apreciaciones del entrevistador, y se ve obligado a responder solamente: “¿me repite la pregunta?”. O contesta otra cosa, porque no entendió.


No llegamos hasta la mente del entrevistado con un lenguaje claro, con una pregunta corta, seria, sin incluir en ella la posible respuesta; pero, es lo que está de moda.


Debemos dejar ese “discursismo” tropical, innecesario y de mal gusto; sencillamente, tratemos de hablar bien.


Recomendaciones:


- Evitar  actitudes falsas y petulantes.


- No aburrir a los demás con detalles innecesarios.


- Expresar las ideas sin rodeos y sin expresiones vagas.


- La frase lógica y que tenga precisión, claridad, sencillez, adecuación y propiedad.


- Administrar bien las pausas y permitir que nuestro oyente capte correctamente las ideas.


- Una disposición afectiva; esto quiere decir que debe gustarnos la conversación, el tema, el interlocutor. 


-No tener prevenciones ni ánimo combativo, ni entablar con el oyente una competencia.


- Cuando se habla en público, es un espectáculo aburrido y produce desazón en los oyentes, un expositor que esté continuamente moviéndose; en permanente paseo mientras habla.


A veces, en el lenguaje oral no establecemos límites entre los vocablos; lo que escuchamos son “cataratas de palabras”. En los idiomas que conocemos, las cataratas de palabras son fácilmente manejadas, pero en los  desconocidos, es bastante difícil. Por eso, quien no entiende, pide que le hablen  despacio.


El idioma oral es riesgoso en las personas sin cultura, porque se trasmiten los errores, (y los defienden como verdades idiomáticas) sobre todo los de pronunciación, entonación y vocalización. Además, están los errores en las estructuras de las frases debido a la falta de estudio de las normas de construcción y adecuado empleo de palabras. Y como las personas de solo lenguaje oral, no leen ni tienen contacto con personas de cultura, ni van a reuniones de altura en donde se maneje bien el idioma, se quedan solamente con lo que oyen y muy satisfechas con lo que hablan.