Editorial

La AP denuncia a la OMS
24 de Marzo de 2015


En cuidadoso informe de investigación periodística, que no obstante su importancia ha recibido muy poca atención en los medios de comunicación y entre autoridades científicas y de la ONU.

La agencia de noticias Associated Press demostró que la Dirección de la Organización Mundial de la Salud, asentada en Ginebra, Suiza, retrasó deliberadamente la declaratoria de la emergencia sanitaria mundial por la epidemia de ébola que desde inicios de 2014 azota al occidente de África. Basada en documentos originales, la agencia desmintió afirmaciones de portavoces del organismo que habían alegado que carecieron de información oportuna sobre el crecimiento de la epidemia y su gravedad, además demostró razones económicas y políticas detrás de una posición que alimenta las dudas sobre las capacidades técnicas y el criterio ético que guía al actual equipo directivo de la OMS.


Antes de marzo de 2014 y previa la declaratoria oficial de muertes por ébola en Guinea, expertos habían denunciado misteriosas muertes que se sucedían en Conarky, capital de Guinea, y que eran reportadas como ocurridas por causas no identificadas. En junio, y dado el crecimiento del contagio, la científica Lucien Manga pidió a Silvie Brand, directora de Epidemiología de la OMS, la declaratoria de la epidemia, recibiendo el rechazo de su propuesta, bajo el argumento de que “por ahora, podría ser más efectivo usar otros instrumentos de la diplomacia” para actuar conteniendo el mortal brote. La respuesta fue indolente, a pesar de los reportes que la OMS tenía sobre el crecimiento del impacto del virus, pues este pasó de dejar las 59 muertes reportadas el 25 de marzo en Guinea a provocar 231 fallecimientos, reportados el 5 de junio, en Guinea, Liberia y Sierra Leona.  El 8 de agosto de 2014 era posible hablar de una tragedia. Los muertos llegaban a 959 y el mundo empezaba a reaccionar bajo el impulso del sensacionalismo mediático, tomando acciones desproporcionadas, como el levantamiento de guetos, o “cierres de fronteras”, para viajeros llegados de África y hasta el aislamiento racial. Fue entonces cuando la OMS accedió a declarar “una emergencia de salud pública de importancia internacional”, pero las consecuencias de la tardía decisión saltan a la vista: a corte del pasado jueves 19 de marzo, los fallecimientos en los tres países ascendían a 10.179, la mayor cantidad de víctimas del ébola desde 1976, cuando se tuvo el primero y, hasta el año pasado, más dramático reporte de fatalidad por la epidemia.


La declaratoria, que es potestad exclusiva de la Dirección de la OMS, abrió camino a decisiones de los países con capacidades de apoyar, cuya presencia era anhelada por los científicos que en precarias condiciones luchaban contra el monstruo. Estados Unidos y países europeos desplegaron grupos de apoyo y acciones económicas para impulsar la construcción de hospitales de emergencia. China aportó expertos de laboratorio y Cuba se sumó enviando un grupo de 400 médicos. Entre tanto, los grupos de investigación en que participan entidades científicas y laboratorios aceleraron las investigaciones, cuyos resultados promisorios ya se anuncian, sobre vacunas y medicinas que eviten la propagación y contengan los efectos del virus. Los analistas reportan el declive del contagio.


La renuencia de la OMS no se explica en el temor a repetir errores como el de 2009, cuando se aceleró la declaratoria de epidemia por el virus AH1N1, favoreciendo al fabricante de Tamiflú; tampoco en la falta de información, argumentada por la doctora Margaret Chan, directora general de la OMS, en recientes declaraciones. ¿Qué sucedió?: la investigación de la AP denuncia presiones económicas y políticas del gobierno de Guinea, país donde surgió el contagio, para evitar que se declarara una emergencia que le traería graves costos. Sorprende que un gobierno pida “minimizar artificialmente la magnitud del brote de ébola para tranquilizar a trabajadores inmigrantes de la actividad minera”, como denuncian apartes de los documentos publicados por la AP, y reclame evitar una acción que impactaría la posibilidad de los musulmanes guineanos para peregrinar a La Meca. Pero aterra que el máximo organismo instituido por las naciones como guardián y protector de la salud y la vida humana, y que dirigen médicos, haya aceptado presiones extra-sanitarias para contener una medida que era urgente para contener la expansión de un virus de alto poder mortífero. ¿Cuántas vidas hubiera salvado una reacción oportuna?, es pregunta que la doctora Chan tiene pendiente de contestarle al mundo.