Columnistas

La justicia injusta
Autor: Alvaro T. López
24 de Marzo de 2015


El sistema presidencial se erige como una limitante a las ambiciones de los políticos que concurren al Congreso, no siempre con los mejores propósitos, en aparente representación de los intereses ciudadanos.

La exigencia de necesarias iniciativas, sobre todo en materia económica, hace que sea mucho más fácil el control del gasto y que los planes de desarrollo, por lo menos en teoría, sean viables. Se controlan los apetitos personales, pero puede ser peligroso cuando quien recibe el mandato de administrar la Patria no tiene claro hacia dónde deben ir todos los esfuerzos. 


Es exigencia de derecho que los que administran, los que juzgan, los que legislan y los que controlan, estén por encima de cualquier sospecha, que miren y atiendan a todos los ciudadanos, que se atengan a los principios constitucionales de los fines del Estado. Lo peor de una situación generalizada de desvíos y exorbitancias, como la que estamos viviendo en Colombia, es que los ciudadanos  tomemos partido por unos o por otros, en vez de condenar de manera absoluta la forma en que se maneja la cosa pública. Cuando el Presidente está favoreciendo solo a sus aliados, está prevaricando. Es malo, muy malo. Cuando la Fiscalía solo persigue a los amigos de Uribe, está actuando mal, muy mal. Cuando la Procuraduría solo condena a los enemigos de Uribe, está desdibujando el sentido institucional. Es malo, muy malo. 


Y se acentúa la sensación de desamparo, cuando el aparato judicial abre el telón para presentar el drama de sus propias ignominias. La total desesperanza se apodera de nuestros corazones cuando se oyen intervenciones como la radial del magistrado Pretelt está semana. Se deduce que cualquier mala acción de su parte, tiene como justificación y considerando, las acciones delincuenciales de los otros funcionarios. Sabía que sus colegas, por lo menos eso dice, usan la toga para colocar a sus familiares en el Gobierno, el Congreso o los organismos de control, ¿a cambio de qué? Es posible que a cambio de otros puestos burocráticos, pero lo que viene a la mente, y ojalá no sea cierto, es que un juez produce principalmente decisiones sobre los negocios que conoce, y si se lo propone y su conciencia lo permite, puede traficar con ellas.


Es una lástima que las reformas pensadas por el Gobierno, para ser presentadas al Congreso, solo estén dirigidas a la consecución de beneficios para los delincuentes más sanguinarios que ha tenido el país. La impunidad campea en los propósitos de la dirigencia nacional cuando piensa en los aliados guerrilleros, hasta el punto de proteger al sátrapa venezolano para que lo de Cuba no se dañe. El equilibrio de poderes tiene que favorecer al grueso de la población colombiana. Las normas que se dicten y los acuerdos a que se lleguen, tienen que redimensionar las instituciones nacionales. La paz solo se logra si nos sentidos protegidos, si todos somos iguales, si la guerrilla no puede alcanzarnos con sus garras asesinas, si hay pan y justicia social.