Columnistas

Cuando la tierra sacude
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
17 de Marzo de 2015


Pocas cosas como un temblor de tierra para hacernos pensar en lo incierta que es la existencia, en segundos tal y como se derrumba una edificaci髇, se puede tambi閚 acabar una vida.

Pocas cosas como un temblor de tierra para hacernos pensar en lo incierta que es la existencia, en segundos tal y como se derrumba una edificación, se puede también acabar una vida. Así como cuando va a ocurrir un movimiento telúrico, algunas especies de animales lo sienten y comienzan a su manera, a manifestar señales de advertencia mediante estampidas o su salida a la superficie, las personas no deberíamos esperar hasta que solo un temblor o un terremoto sea el que nos mueva el piso para valorar lo que podemos perder en instantes y reflexionar sobre lo desaprovechado. 


Cada vez más la indolencia y falta de consideración hacia los otros sume a la humanidad en la más absoluta desolación, angustia y temor. Así como muchos no sienten cuando la tierra los sacude, de la misma manera, hay millares que no tienen tiempo para nada más que sí mismos. 


El individualismo es cada vez más evidente en estos tiempos en los que por el contrario, se necesita que más situaciones nos muevan el piso, nos sacudan, confronten y movilicen para así como en los temblores, aplicar correctivos de  prevención y mitigación de consecuencias nefastas.  


Es necesario sacudirse y experimentar la extraña sensación de que el piso se mueve ante tantas injusticias de las que a diario somos testigos y aunque no se puedan cambiar, sí se puede intentar transformar las actitudes frente a ellas y hacia quienes las padecen. Pero, la tierra no solo se sacude frente a lo negativo, también debe movilizar y sensibilizar ante las acciones positivas de muchos que pese a los obstáculos, persisten en subsistir, en no sucumbir y en salir a la superficie.


Hay que estar más preparados para dejarse “mover el piso” ante las pocas emociones que aún movilizan. Es incomprensible cómo entre más confort, el ser humano también es más vulnerable y puede desmoronarse hasta por el temblor más leve. 


La verdadera fortaleza es interior, está en la capacidad que se tiene para, con unas bases firmes, sostener la estructura de la existencia. Las personas al igual que las edificaciones también deben en el transcurso de su vida y con las situaciones que hacen tambalear, construir personalidades antisísmicas que proporcionen cierta resistencia, esto es prepararse para dejarse “mover el piso” sin tanto temor, identificando las señales de alerta y con lo indispensable para resistir, sin dejar temas pendientes en las relaciones con los demás. 


Hay muchos casos de sobrevivientes a desastres y accidentes de la naturaleza, que pese a la vulnerabilidad y el trauma por su situación de víctimas, logran reedificar su vida y transforman su existencia para estar preparados ante una nueva sacudida.


El escritor Franz Kafka dijo que solo dos pecados capitales existen en el hombre que son los que provocan todos los demás: la impaciencia y la indolencia que además son las manifestaciones más evidentes del egoísmo y el individualismo. Aprovechar a consciencia cada instante transcurrido, la fuerza de voluntad que no es nada diferente a persistir en lograr lo que se quiere, el amor y la conmiseración,  se constituyen en materiales indispensables para edificar seres humanos cada vez más resistentes, fuertes y preparados para cualquier sacudida.