Columnistas

Rescatar la Ilustración
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
6 de Marzo de 2015


260 años atrás, 1755, falleció Montesquieu, uno de los principales filósofos de Ilustración francesa.

260 años atrás, 1755, falleció Montesquieu, uno de los principales filósofos de Ilustración francesa, que, junto con Voltaire, Rousseau, Diderot, el alemán Kant y los ingleses Hume y Smith, quienes retomaron el ideario de Locke y Berkeley, sentaron las bases filosóficas del Estado y la dinámica jurídico-política de la sociedad con los altos dignatarios (quienes poseen la cualidad de digno), es decir, “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”-Drae-. Y esa condición de dignatario la consiguen, en términos de la Ilustración, porque el pueblo en su soberanía y sabiduría, de manera directa o indirecta, los inviste para administrar la cosa pública –res publica-. 


El ideario de la ilustración se fundamenta en la razón humana que nutre el Derecho Natural. De allí la propuesta política de estos pensadores, consistente en un estado tripartito (poder Ejecutivo, Judicial y Legislativo), la igualdad del hombre frente a la ley, la elección popular, la soberanía popular y la libertad. Ideario que se tradujo en 1789 en la Revolución Francesa y de esta, cual efecto dominó, las campañas libertadoras en América. 


Hago esa pequeña reseña sobre la ilustración, porque hemos visto como el país va de escándalo en escándalo en los tres poderes públicos. Del legislativo y del ejecutivo, desde los “tiempos de upa” se ha hablado mal y ya nada sorprende. ¿Pero del judicial? Solo en los últimos años ha estado en el ojo del huracán, sobre todo en las altas cortes. Situaciones de corrupción, tráfico soterrado de influencias, los famosos “choques de trenes” y la “puerta giratoria” han ido minando poco a poco la credibilidad en los altos jueces de la Patria, que son pocos quienes tienen comportamientos anómalos, pero, que gracias a aquellos que han estado caminando entre esa línea delgada entre la moral y la conducta tipificada como antijurídica, hacen que la sociedad juzgue en conjunto la institucionalidad.


Gracias al escándalo del magistrado Jorge Pretelt, se ha venido discutiendo en el país sobre los aforados, si deben mantener o no los privilegios de ser investigados y juzgados por ciertos rangos del enrocado poder que se da entre los entes de investigación y control del país, que terminan casi siempre “sin pruebas suficientes para judicializar”, como son en las actuaciones de la Comisión de “impunidad” de la Cámara de Representantes. Sobre este punto en particular, una importante abogada penalista me expresó su punto de vista: “solo aquellos que toman decisiones políticas deben estar aforados, pero, si la conducta antijurídica no es derivada de sus funciones, deben ser investigados y juzgados por la justicia ordinaria, como sucede con los miembros de las FFAA.” Esta propuesta retoma también otro ideario de la Ilustración, “la igualdad ante la ley”. De la cual la historia ha demostrado, que “muchas veces la ley es para los de ruana”.