Columnistas

Tertulia y brindis caribeño
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
17 de Febrero de 2015


No es racional olvidar las lecciones de la historia; la apreciación de acontecimientos de actualidad sólo puede aproximarse a la sensatez si se recuerdan los hechos objetivos que se dieron en la crudeza de la realidad política y social.

No es racional olvidar las lecciones de la historia; la apreciación de acontecimientos de actualidad sólo puede aproximarse a la sensatez si se recuerdan los hechos objetivos que se dieron en la crudeza de la realidad política y social de la humanidad. Teniendo en cuenta esto, es necesario un escaso esfuerzo para imaginar una escena que podría tener lugar ahora mismo en La Habana. El escenario podría ser una sala de reuniones de un elegante hotel diseñado para turistas burgueses dispuestos a gastar allí algunos dólares muy apreciados en medio de los racionamientos, o bien, las instalaciones de un espacioso yate proporcionado generosamente por la familia de los dueños de la isla a sus comensales. Los protagonistas de esta tertulia caribeña han viajado allí en el tren de la historia; ambos son muy conocidos, no requieren de mayor presentación: Lenin y Maquiavelo; ellos, con su puro en la mano, dialogan. 


-Como sabemos, camarada Nicolás, el fin justifica los medios. Lo nuestro siempre ha funcionado así. Para el activismo  marxista son válidas todas las estratagemas y argucias que nos permitan obtener el fin deseado, el poder. A fin de cuentas, una vez lo tengamos, es una consecuencia necesaria la aparición del paraíso socialista, siempre y cuando no lo impidan las oscuras fuerzas del imperialismo…


-¡Cómo no, mi estimado Vladimir Ilich!: el fin justifica los medios. Responde Nicolás Maquiavelo, un poco incómodo metido en su elegante capa de paño, en medio de la cual suda a pesar del aire acondicionado; nunca se imaginó que hiciera tanto calor en ése lugar. Demasiado, para un funcionario que toleró sus agitados veranos florentinos.


-El proletariado tomará el poder –dice Lenin, con énfasis-. Una vez que se instaure su dictadura, sin lugar a dudas, todos los miembros de la sociedad tendrán la única opción: unirse a la causa socialista. Los que no lo hagan, como de costumbre, serán silenciados por el sistema. Es interesante… (medita en voz baja el ruso) ver como los nuevos izquierdistas latinoamericanos jamás recuerdan que tuvimos los archipiélagos Gulag, y que mi sucesor, José Stalin, supo aniquilar a todo aquel que se le opusiera, en una eliminación masiva que desbordó numéricamente a las víctimas de Hitler.


-Así es Vladimir Ilich. No les menciones esto a los progresistas de este siglo XXI, porque se pueden poner nerviosos. Recuerda que nuestra máxima es que una vez lleguemos al poder, hay que mantenerse allí, a como dé lugar: la mentira, la traición, la astucia, la violencia, son solamente mecanismos operativos para obtener resultados.


Llega en ése momento una amable y tropical camarera. Ofrece a los dialogantes amigos un buen trago, las opciones son: ron de caña de la región, un vodka rústico, o un tintineante vaso con un par de cubos de hielo y un whiskey color de oro, de la mejor marca  norteamericana. Sin vacilar, y con la mano libre del  eterno habano con que aderezan su conversación, Nicolás  Maquiavelo y Vladimir Ilich Lenin se inclinan al unísono para tomar sus respectivos vasos del elegante licor capitalista y burgués. Ambos, sonrientes y optimistas, levantan sus vasos y brindan por la salud de cada uno de ellos y de todos sus amigos en este ingenuo nuevo mundo, que progresivamente se acoge a las tesis totalitaristas. Piensa Maquiavelo, entre tanto: “Pobres gentes; todavía creen que la historia es una cosa que no tiene nada que ver con ellos, y que pueden olvidarla”. ¡Salud!