Columnistas

Antes tabaco, hoy az鷆ar
Autor: Manuel Manrique Castro
11 de Febrero de 2015


Mientras en Colombia y Latinoam閞ica estamos en la euforia azucarada, en el Reino Unido la organizaci髇 ActiononSugar se ha propuesto reducir el consumo de productos con alto nivel de az鷆ar a馻dido a alimentos y bebidas, entre ni駉s y j髒enes...

Mientras en Colombia y Latinoamérica estamos en la euforia azucarada,  en el Reino Unido  la organización ActiononSugar se ha propuesto reducir el consumo de productos con alto nivel de azúcar añadido a alimentos y bebidas, entre niños y jóvenes,  hasta en un  40 por ciento para el año 2020.  Quiere hacerlo  impulsando la aprobación del  impuesto del azúcar destinado a estimular alimentación más saludable y cortarle el paso al aumento de la obesidad infantil en la Gran Bretaña.   


En Colombia ya circula una idea semejante propuesta por el Gobierno frente a la que los industriales mostraron de inmediato su oposición, pese a que el ministro de Salud dijo que se trata de un tema que hay que discutir. Chile y México cuentan con legislaciones de este tipo, con repercusiones positivas en ambos países. 


La industria alimentaria no descuida ningún resquicio capaz de afectar sus intereses como sucedió cuando se opuso a que  sus empaques fueran marcados con un semáforo facilitando la identificación del contenido de azúcar, grasa o sal,  como lo vienen haciendo Gran Bretaña desde 2007 y Ecuador hace poco tiempo.  El lobby fue tan intenso que la iniciativa del semáforo naufragó en el Parlamento Europeo y se impuso un sistema desarrollado por las grandes corporaciones, nada fácil de entender por el consumidor común. 


Lo paradójico es que mientras crece la investigación científica mostrando los efectos negativos del consumo excesivo del azúcar,  aumenta y se diversifica la oferta alimentaria azucarada,  de la mano de la llamativa y omnipresente propaganda que relaciona dulce con disfrute y felicidad.


Penetrando en la consciencia colectiva con actividades que la sociedad valora, la industria alimentaria se posiciona mejor. Parecido a lo que por muchos años hicieron las empresas tabacaleras.  


Esa estrategia corporativa empieza con los niños  en sus primeros años y se extiende, con aparente naturalidad, al resto de la vida, creando adicciones y, desde luego, deterioros diversos a la salud pública, especialmente en la edad adulta.  El médico español Rafael Román llama al azúcar psico adictivo legal y menciona que la molécula de este producto es la misma que la de la cocaína. (https://www.youtube.com/?gl=CO&hl=es-419)


Lo que no dicen las corporaciones  es que el azúcar, como lo reiteró la Organización Panamericana de la Salud, en su  53 Consejo Directivo de octubre de 2014, cuando aprobó el Plan regional de acción para la prevención de la obesidad en la niñez y la adolescencia, es que diversos estudios muestran “una asociación estadísticamente significativa entre el consumo de azúcares agregados y el aumento de peso”  Además, el consumo de bebidas azucaradas se ha asociado con las enfermedades cardiovasculares, la diabetes de tipo 2 y el síndrome metabólico.  Tampoco dicen que la obesidad entre niños y adolescentes tiene magnitud epidémica en nuestra Región, ni que el cuerpo humano no necesita azúcar agregada como sostiene Philip James, ex Director Técnico de Nutrición de la OMS. 


Aunque los sistemas de salud disponen de poderosos argumentos científicos sobre los efectos del alto consumo de azúcares y grasas, las empresas productoras tienen en el mercado el gran socio que les facilita imponer productos y hábitos  alimentarios  que la estructura de salud pública no consigue contrarrestar. 


Es indispensable que la industria de alimentos ejerza su más importante responsabilidad social empresarial reconociendo las consecuencias dañinas que la combinación de azúcares y grasas trae para la salud pública y sumándose a la tarea de las autoridades sanitarias  que tienen en el Plan elaborado por la OPS una valiosa herramienta para educar a la población desde que la vida y los hábitos se inician.