Columnistas

Tolerancia y responsabilidad Intelectual
Autor: José Hilario López A.
11 de Febrero de 2015


En columnas pasadas quedamos en que un diálogo interreligioso es condición esencial para la búsqueda de la Paz en el mundo donde imperan las tres religiones monoteístas: El Cristianismo, El Islam y El Judaísmo.

En columnas pasadas quedamos en que un diálogo interreligioso es condición esencial para la búsqueda de la Paz en el mundo donde imperan las tres religiones monoteístas: El Cristianismo, El Islam y El Judaísmo. La fe en un solo Dios verdadero implica considerar las demás creencias como falsas y a sus fieles, en casos de frecuente intolerancia, como  enemigos de la verdad, lo cual ha significado guerras y exterminios de pueblos. Esta intolerancia religiosa se traslada al campo político, como lo muestra el terrorismo yihadista y muchas de las guerras civiles en Colombia a partir de la independencia, con nuestros partidos liberal y conservador enfrentados y la Iglesia Católica en medio, azuzando el fanatismo. 


La Cátedra Grandes Pensadores de la Cultura Contemporánea de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional Sede Medellín, dirigida por el Profesor José Lopera, nos permitió el pasado semestre revivir el pensamiento del Karl Popper, el gran filósofo de la ciencia del Siglo XX, en especial, por lo significa para nuestro actual interés  la ponencia, que con el mismo título de esta columna, fuera presentada en la Universidad de Tubinga en mayo de 1981 por el pensador vienés. 


Popper empezó aquella conferencia recordando el horror de ver los refugiados de Vietnam, las víctimas de Pol Pot en Camboya, las víctimas de la revolución iraní y los refugiados de Afganistán por causa de la invasión soviética, aunque su ilustre vida no le alcanzó para ver la guerra de Kosovo, ni el terrorismo de los fundamentalistas musulmanes y la reacción por parte de EE.UU y sus aliados occidentales, entre otras tragedias humanitarias en estas tres últimas décadas.


Los hombres independientes que se interesan por las ideas, intelectuales de la estirpe de Popper, deben actuar ahora de manera contraria a seguir incitando a un grupo de personas a la confrontación con otras comunidades o individuos formados en culturas diferentes.  Es que desde la misma religión mosaica, se olvidó el mandamiento no matarás, cuando  el profeta, en nombre  del Dios de Israel, ordena que cada cual ciña su espada para acabar con la herejía en que  habían caído sus mismos hermanos, parientes y amigos. Esto fue apenas el comienzo, ya que después de que el Cristianismo se convirtiera en la religión  del Estado siguieron las persecuciones religiosas en defensa de la ortodoxia y más tarde, durante los siglos XVII y XVIII llegaron los fundamentalismos ideológicos, para justificar persecuciones y crueldades contra los nacionalismos y pueblos diferentes en religión, raza y sistema político.


Voltaire, nos lo recuerda Popper, define la tolerancia “como la consecuencia necesaria de la comprensión de que somos personas falibles: equivocarse es humano y todos nosotros cometemos errores. Por tanto, dejémonos perdonar unos a otros nuestras necedades”. Esta es la ley fundamental del derecho natural 


Se sabe que los fanáticos viven el  intento enfermizo de encubrir sus propias y reprimidas incredibilidades, y de ahí el llamado del ilustrado francés a nuestra honradez intelectual para reconocer cada vez que actuemos dominados por estos miedos.  Debemos perdonarnos unos a otros nuestras debilidades y flaquezas, pero nunca la intolerancia: es el único caso donde la tolerancia tiene su límite


Sin embargo no debe aceptarse que la tolerancia llegue hasta el relativismo hirsuto, postura que conduce a aceptar que todas las tesis y actos son justificables y que todo está permitido, el todo vale. A esto Popper contrapone el pluralismo crítico, sobre todo autocrítico  que, contrariamente al relativismo, o tolerancia laxa, exalta el interés por la búsqueda de la verdad en libre competencia para todas las hipótesis y opiniones, en una discusión racional y respetuosa.  Sólo con esta discusión se genera un proceso de acercamiento a la verdad mejor y de mayor conveniencia para las mayorías, acontecimiento que ahora sí que necesitamos los colombianos para empezar a construir los caminos de la Paz, que se nos abrirían con los acuerdos de La Habana.