Columnistas

Los concejos que necesitamos
Autor: Alvaro T. L髉ez
27 de Enero de 2015


Es una l醩tima que la elecci髇 de alcaldes opaque un poco otra elecci髇, important韘ima para la vida local, que es la de los integrantes de los concejos municipales.

alvarolopez53@hotmail.com


Es una lástima que la elección de alcaldes opaque un poco otra elección, importantísima para la vida local, que es la de los integrantes de los concejos municipales. Este debería ser una especie de consejo de sabios que dotara a las ciudades de instrumentos eficaces para asu desarrollo en materia de servicios y bienes que sirvieran a la población electora. Y en  buena medida eso eran antes, cuando no tenían ni sueldo, ni las pomposas oficinas de ahora, ni asistentes, desde las que se atrincheran los concejales para no volver a abandonar la institución, haciendo de su quehacer una permanente campaña en pro de adeptos que solo piensan en las pequeñas dadivas.


Tienen fundamentales funciones los concejos. Entre sus responsabilidades están las de hacer los planes de ordenamiento territorial y de aprobar el plan de desarrollo del alcalde. Dos actividades que requieren de cierta pericia, aun cuando se contraten expertos o cuasi expertos para elaborar o discutir un borrador. Se supone que hemos elegido un grupo de conocedores de los temas de ciudad, con capacidades suficientes para determinar qué le conviene a la ciudad con la perspectiva del bienestar ciudadano. No es de recibo que los concejales reciban capacitación sumaria sobre los temas que deben abordar con la suficiente enjundia intelectual y la necesaria experiencia en materia de manejo de comunidades y territorio. Con la aprobación de la remuneración, para hacerla justa, debieron ser aprobados ciertos requerimientos.


Hay gente importante en los concejos, pero no en la medida requerida. Uno no se imagina como intervenir en la discusión del presupuesto del municipio o distrito, sin los elementales conocimientos de hacienda pública, lo cual requiere de competencias que permitan una aprehensión integral de la Administración. Lo que se aprecia en lo local, con honrosas excepciones, es una banda de tiradores de piedra que solo entienden su trabajo como un fuero para obstaculizar las buenas obras, denigrar sin pruebas, oponerse a los planes que deben discutir, hasta cuando se produzca un milagro que les cambie el parecer. No es suficiente con ser doctor o ídolo popular; para ser concejal se debería exigir, por lo menos por el elector, que el candidato muestre conocimientos de ciudad, probidad y compromiso.


Puede esto hacer parte de la crisis de los partidos políticos en Colombia. Puede ser consecuencia de la inmadurez política que nos aqueja. Puede ser que se derive del sentimiento corrupto generalizado. Pero sería importante analizar la personalidad y el desempeño de cada concejal para, simplemente, no reelegirlo. Hay que exigirles que el compromisos no sea con el gamonal que lo apoyó, sino con los ciudadanos que esperamos ser representados en los concejos, para coadyuvar los buenos propósitos de la Administración, y para oponerse a lo que no sea bueno. Los concejales tienen que estar atentos al clamor popular y ser capaces de proporcionarnos bienestar y progreso.