Columnistas

A la rueda rueda de pan y canela
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
27 de Enero de 2015


Como la noria, los humanos retomamos los ciclos socialmente establecidos cuando damos por terminado un a駉 solar y comenzamos otro.

Como la noria, los humanos retomamos los ciclos socialmente establecidos cuando damos por terminado un año solar y comenzamos otro. Se reinicia o se le da continuidad a actividades laborales, académicas, económicas y políticas, y en el nuevo comenzar, los propósitos, los compromisos, las expectativas y las esperanzas, aparecen como cosa nueva.


Hace ya 50 años, el martes 9 de Febrero de 1965, inicié mis estudios de primero de primaria en el inolvidable Colegio de San José, “Mi colegio por siempre”. Parece que fue ayer, que en una mañana, esa sí llena de expectativas, alrededor de una experiencia para mí completamente nueva, puesto que el kínder lo había realizado en mi casa bajo la orientación de doña Bertha, mi madre, iniciaba el proceso de aprendizaje y socialización más importante de mi vida.


Nos recibieron el Hermano Nestor y el Hermano Apolinar, Don José María y Don Conrado, personas y maestros a carta cabal que fueron organizando los respectivos grupos para iniciar el proceso de conocimiento y reconocimiento de nuestra nueva realidad, ante la cual nuestros ojos y todos nuestros sentidos estaban abiertos de par en par.


Resultaba emocionante conocer las enormes instalaciones locativas, la Capilla, las canchas, la Gruta, la piscina, la Biblioteca, el Salón de música, el Museo y la Procura, así como la interacción con los otros estudiantes mayores y sus profesores y la compañía siempre amable de los hermanos del momento.


Qué época tan importante, tan rica, tan divertida. El entender que en el Colegio se aprende, se juega, se vive, se tiene la posibilidad de interactuar con otros, es una realidad que bien fundamentada, produce enormes beneficios a futuro. El cumplimiento de los horarios, el método para dictar las clases, el tiempo que rendía para todo, desde la misa matutina, hasta las clases, los recreos, el poder ir a final de la mañana a la  casa y regresar, los juegos del medio día, las clases y los recreos de la tarde y el regreso a casa para realizar las tareas propuestas para el otro día.


Así se fueron pasando 11 maravillosos años, hasta culminar los primeros ciclos académicos y recibir el anhelado título de Bachiller, de eso va a ser ya casi 40 años.


No habrá la posibilidad de agradecer en toda su magnitud a mis padres, a  mis profesores, a mis compañeros y a los Hermanos de las Escuelas Cristianas,  las posibilidades que me abrieron  y me potenciaron alrededor del mundo Lasallista.  


Solo hoy, en perspectiva, se puede valorar todo lo recibido. Una amplia cosmovisión, unos principios de actuación, una alegría en la acción y un espíritu de colaboración y gratuidad que nos invitan a la solidaridad.   


Pasando a otro asunto, se anuncia, en medio de un creciente hacinamiento carcelario, el cierre de la cárcel militar en Tolemaida y el traslado de los reclusos a la cárcel de Bello. Otro ejemplo de que a pesar de que cambiamos de año, en este país seguimos vendiendo el sofá. En vez de administrar como debe ser un escenario carcelario, se le cierra. ¡Bendito sea el Señor!


Recordemos a Epicuro cuando dice: “El hombre que no se contenta con poco, con nada se contenta”.