Editorial

Las soledades de Venezuela
26 de Enero de 2015


Con torpeza que no sorprende, el presidente Nicolás Maduro no se ahorró en insultos contra los expresidentes Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón...

Con torpeza que no sorprende, el presidente Nicolás Maduro no se ahorró en insultos contra los expresidentes Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón, invitados a Venezuela por los líderes de la opositora Mesa de Unidad Democrática, y su gobierno desplegó un amplio operativo policial en la entrada de la cárcel de Ramo Verde, a fin de impedir que los exmandatarios visitaran, en día domingo, a Leopoldo López, uno de los más famosos detenidos políticos del régimen chavista y del momento presente en el mundo. La orden contra esa visita no fue dada (formalmente) por el presidente en funciones, que a esa hora participaba en Riad del sepelio del rey Abdullah, en nuevo viaje con que completa 18 de 26 días de enero de 2015 fuera de su país.


 


Las agresiones contra los expresidentes que iniciaron su arribo a Caracas coincidiendo con las exitosas Marchas de Cacerolas Vacías, convocadas por la oposición en varias capitales, no menguaron su determinación de participar en el foro “Poder ciudadano y democracia de hoy”, organizado por la exdiputada María Corina Machado y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, dos de los líderes más visibles de la perseguida oposición al régimen chavista. En cambio, sí alertaron a la Cancillería chilena que, tras destacar que la visita de señor Piñera es de carácter privado, anunció que permanecerá atenta a cualquier incomodidad que enfrente. Aunque es privada, como exjefes de Estado de sólidas democracias y líderes de fuertes partidos políticos, esa solidaridad con la oposición y el pueblo de Venezuela da apoyo significativo a la hasta ahora muy solitaria lucha por la democracia que allí se libra.


La visita de los presidentes coincidió con la amplia convocatoria de la oposición a la Marcha de las cacerolas vacías, realizada el sábado en las principales capitales de Venezuela, y que sirvió para el reencuentro de los líderes de opositores, incluido Henrique Capriles, con el pueblo que ha acompañado sus batallas políticas por los derechos humanos, la libertad y la democracia y con nuevos marchistas que sumaron su voz a las protestas contra las erráticas decisiones económicas vigentes así como contra los equívocos anuncios de Maduro en su discurso a la Asamblea Nacional, el pasado jueves. En su mensaje, amplificado por la radio a su servicio, el presidente ofreció una complicada y costosa receta, de la que faltan importantes detalles, que los analistas consideran sólo contribuirá a agravar a un paciente aquejado por la inflación de 64 % anual en 2014, el desabastecimiento de todos los bienes de consumo básico y el empeoramiento de una economía en recesión: según cálculos del FMI una contracción que en 2015 será del 7 % y como si fuera poco, Latinbarómetro acaba de darle una calificación de apenas 11,4 sobre cien, la peor del continente americano. Para tan enrarecida situación, el presidente decidió de un plumazo aumentar el salario mínimo en 15 %, un nuevo ataque al ya golpeado sector productivo privado, y para el caso de los empleados públicos, el origen de otro endeudamiento que la Asamblea Nacional ya anunció que aprobará por 49.000 millones de bolívares, o sea casi 80 millones de dólares. ¿Va a compensar el gasto con el anunciado aumento del valor de la gasolina más barata del mundo -US $0,02 por litro- o lo hará con los nuevos controles artificiales al cambio de divisas?, son respuestas pendientes de un discurso tan largo como etéreo en los temas pendientes de respuestas posibles y realistas que garanticen que los mercados tendrán los productos de la canasta familiar, los empresarios gozarán de seguridad jurídica, los trabajadores disfrutarán de la estabilidad de sus ingresos y las riquezas nacionales se destinarán a fortalecer el desarrollo del propio país. 


 


El discurso poco convincente de Maduro consiguió, como se temía imposible, que la ciudadanía se superpusiera al silencio de la censura, las falsedades de los áulicos y el miedo a la represión, para iniciar una nueva marcha a fin de reclamar los derechos y las riquezas usurpadas por un gobierno que derrochó petrodólares, abusos e insultos. A pesar de las dificultades de enfrentarse al totalitarismo, a sus divisiones y a la falta de solidaridad de los gobiernos democráticos con su suerte, un camino de gloria parece despuntar en el Oriente de América, corresponde al Bravo Pueblo recorrerlo con unidad y a sus amigos en América y el mundo acompañarlo ofreciendo confianza en que todo futuro puede ser mejor.