Columnistas

Libertad y responsabilidad
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
22 de Enero de 2015


Todos somos librepensadores hasta que los otros se meten con nuestra ideolog韆, nuestras creencias, nuestras querencias o nuestras fobias. Es la libertad adaptada a las medidas particulares de cada quien.

Todos somos librepensadores hasta que los otros se meten con nuestra ideología, nuestras creencias, nuestras querencias o nuestras fobias. Es la libertad adaptada a las medidas particulares de cada quien. 


“Eres libre de aceptar lo que yo digo y pienso, de lo contrario te condeno, te agredo o te mato”. Esta parece ser la fórmula vigente en cuanto a libertad de expresión, impuesta a sangre y fuego a lo largo de los años, y no únicamente ahora, por cuenta del terrorismo político-religioso. Según lo anterior, la nueva definición de tolerancia es dejar que los demás acepten lo que yo pienso o, dicho de otra manera: cada cual es libre de no meterse con mis ideas.  Si es así, entonces ¿Qué es el disenso? o ¿Para qué son los debates? o ¿En qué consisten las libertades de pensamiento y expresión? “Ser o no ser (demócrata, tolerante), he ahí el dilema”. 


La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 sentó un principio jurídico insoslayable: “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no daña a otro; el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no debe interferir aquellos que aseguran a los otros miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos”. Este principio, fuente del debate sobre el sentido y alcance de las libertades públicas, fue ratificado por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, promulgada por las Naciones Unidas: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.


Los derechos a la libertad de expresión e información no son absolutos. Se cumplen dentro del respeto a las libertades ajenas y a los derechos fundamentales consagrados para todas las personas. ¿Cuáles son los límites? Una cosa es meterse con la persona y otra con sus ideas. Las ideas siempre son rebatibles, discutibles. No hay ideas únicas ni ideas más importantes que otras. Impedir, por cualquier medio, que otro critique lo que pienso, es una limitación a la libertad.


La libertad de expresión significa que si bien nadie debe ser molestado por sus opiniones, tampoco nadie debe lastimar a otras personas ni poner en peligro el orden público por el abuso de este derecho. La libertad de expresión es fundamental para la supervivencia de la democracia. No es una consecuencia de la democracia sino una condición básica para que esta florezca.


La libertad de expresión es amplia y universal, cuyos únicos límites están en la responsabilidad de cada quien para ejercerla. En cambio, la libertad de información es una libertad responsable cuyas fronteras son los derechos fundamentales de las personas, el bien común, la veracidad e imparcialidad y la responsabilidad social, civil y penal que surgen, para informadores y empresas informativas, de la aplicación específica de las normas legales en cada materia.


Un debate de esta naturaleza exige tener claro qué es la crítica y qué es la difamación. Cuando se traspasa el espacio de la crítica y se difama a otro, la solución que la civilización impone a través de los tiempos no es la agresión ni la venganza sino la justicia. Cuando una persona cree que sus derechos son vulnerados o amenazados, acude ante la justicia.


Hasta ahora, no es la libertad de expresión la que gana terreno. Al contrario, el espacio que pierde por cuenta de la absurda violencia, lo gana la discriminación. ¡Hay que tener cuidado con los extremos y los dogmatismos xenófobos! Una peligrosa cultura discriminatoria predomina en el mundo desde tiempo atrás. Durante mucho tiempo, los colombianos todos fuimos tachados de narcotraficantes en el mundo y para los noticieros de Bogotá todos los antioqueños éramos sicarios. Hoy hay mucha islamofobia, judeofobia, africanofobia, homofobia. En Europa, los inmigrantes pagarán los platos rotos de la xenofobia imperante, la misma que lleva a concluir que cuando un musulmán delinque, todos los musulmanes son sospechosos. 


Esto es muy visible en algunos medios de comunicación, que suelen generalizar en sus titulares cuando una persona de una nación diferente o de otra religión o identidad sexual comete algún delito. Sucede con los latinos, con los negros, con algunas nacionalidades asiáticas, con los judíos, con las mujeres. Repasen con cuidado los titulares de prensa, para que vean la diferencia de trato. ¿Alguien ha visto alguna vez un titular que diga: “heterosexual blanco cristiano comete un delito”?  Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno…


*Director Centro de Comunicación Pública