Columnistas

Educaci髇 a distancia y virtual
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
20 de Enero de 2015


La semana anterior compart韆mos algunos fundamentos de c髆o enfrentar con 閤ito una clase presencial.

La semana anterior compartíamos algunos fundamentos de cómo enfrentar con éxito una clase presencial. Hoy observaremos algunas pautas para servir como docente-tutor en las modalidades a Distancia y Virtual, reguladas por el Ministerio de Educación Nacional con respecto al porcentaje de sesiones presenciales y de sesiones virtuales, partiendo del principio de responsabilidad y gestión académica autónoma por parte del estudiante. La Institución, a partir de su área de desarrollo de contenidos virtuales, debe agrupar para la correcta elaboración y permanente actualización de los módulos virtuales de aprendizaje, que contienen el desarrollo temático y las interacciones de los distintos tipos de medios pedagógicos apropiados para cada contenido, a   profesionales de cada área,  acompañados por diseñadores gráficos, pedagogos, expertos en TIC, manejadores técnicos de la plataforma particular y comunicadores, entre otros tipos de profesionales. 


En la modalidad a Distancia, (denominada también como Distancia Tradicional) la idea es que un porcentaje importante de  las sesiones sean presenciales, no como sesiones de clase, sino como sesiones de tutoría, donde lo que realiza el docente tutor es una labor de acompañamiento, seguimiento y proyección de las labores a realizar por los estudiantes, respaldados en los módulos virtuales de aprendizaje asociados que deben estar disponibles en la respectiva plataforma tecnológica las 24 horas, para que a su ritmo, el estudiante pueda desarrollar la temática planteada y se logren establecer las relaciones colaborativas entre estudiantes y entre estudiantes y docentes tutores. El Docente tutor organiza la sesión, aclara las dudas y emplea diferentes estrategias pedagógicas que giran, entre otras varias alternativas, alrededor del estudio de casos, conferencias, trabajos grupales, investigaciones, etc. El estudiante se apoya en el módulo virtual y desarrolla las actividades y estudia los contenidos allí planteados.


El docente tutor debe ser una persona idónea en el área particular de conocimiento, con solvencia en el manejo de la plataforma específica y con una enorme capacidad para organizar el trabajo de relacionamiento con los estudiantes, a través de una gran disponibilidad y vocación de atención y servicio.


Su capacidad para aprovechar los recursos tecnológicos debe ser visible en aspectos como la elaboración de una muy pertinente web-grafía, establecimiento de vínculos y formación de redes, entre otras estrategias.


Por su parte el estudiante debe hacer gala de una enorme responsabilidad y organización de su tiempo, pues la interacción con la plataforma y los módulos virtuales de aprendizaje es absolutamente estricta en el manejo de plazos y de los tiempos para las labores asociadas con el desarrollo del programa.


Para personas que estudian y trabajan y para aquellas que viven en lugares apartados o realizan sus labores  en lugares remotos, siempre y cuando el acceso a las tecnologías de información esté disponible, esta es una alternativa inmejorable.


Estas modalidades, en mi concepto, tienen un mayor nivel de exigencia y de competencia a nivel planetario. En orden creciente se observa como importantes Universidades del mundo comienzan a ofertar de manera gratuita, contenidos de diferente índole, para que cada quien, de acuerdo con su necesidad y expectativa arme su propio pensum y lo pueda  acceder a su ritmo particular.


Nos debemos preparar para las enormes transformaciones que se vienen alrededor de estas modalidades.


Por eso es tan importante comenzar a diseñar las estrategias  de cambio en la  formación de nuestros maestros normalistas, de nuestros profesores profesionales y sobre todo, de nuestros estudiantes, acompañados de la infraestructura adecuada, física y tecnológica que debe ser aportada por el Estado y el Sector Privado para atender este derecho fundamental, así como de un marco jurídico adecuado y moderno.


Recordemos a Miguel de Unamuno cuando sentencia: “No existe el futuro. Lo que se acostumbra llamar futuro es una de las mejores mentiras que todos decimos. El verdadero futuro es hoy”.