Columnistas

Otros ecos de La Habana
Autor: Manuel Manrique Castro
14 de Enero de 2015


Cuba está en el centro de la atención de los colombianos desde hace dos años largos porque ese país caribeño es la sede de los diálogos de paz cuyo resultado, en caso de ser positivo, marcará para siempre la historia del país.

Cuba está en el centro de la atención de los colombianos desde hace dos años largos porque ese país caribeño es la sede de los diálogos de paz cuyo resultado, en caso de ser positivo, marcará para siempre la historia del país.  En realidad, más que en Cuba, esa mirada está puesta en la mesa de negociaciones y menos en la realidad sui géneris que viven sus  más de once millones de habitantes.  


Quienes ampliaron esa mirada restringida sobre la Isla  y sorprendieron, no sólo a Colombia sino   a la opinión pública mundial,  fueron los presidentes de Estados Unidos y Cuba cuando, antes de que terminara 2014 y luego de 53 años de tensa y oscilante convivencia,  anunciaron el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas,  rotas estrepitosamente en 1962 con el complemento de un  embargo económico de muy dañinas consecuencias para el país caribeño y poca eficacia para la estrategia norteamericana de aislar a Cuba. 


Como era previsible, en cuanto el Congreso norteamericano reinició sus actividades, la mayoría republicana mostró su descontento con la decisión de Obama y dijo que no aprobará un centavo para la construcción de la futura embajada en La Habana y menos ratificará al embajador que les proponga la Casa Blanca, con lo cual Cuba se ha convertido en tema adelantado de la disputa entre demócratas y republicanos hacia las elecciones 2016.


Ni el rifirrafe político norteamericano ni la concentración en las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, deberían hacer perder de vista que,  en medio de grandes dificultades, producto de su opción política,  Cuba ha privilegiado su atención a los niños  desde los inicios de la Revolución y la ha mantenido  en los momentos más difíciles, como evidencian indicadores de varias décadas principalmente en salud y educación. 


A fines de 1989 hubo en La Habana un encuentro memorable entre el entonces director mundial de Unicef, norteamericano de nacionalidad,  y Fidel Castro.  La charla tuvo lugar de madrugada y el líder cubano, después de hacer derroche de conocimiento sobre lo que pasaba con los niños de su país, le dijo a James Grant: “Por qué las Naciones Unidas nos castigan y pese a los avances que hemos logrado, y lo que podemos compartir, aquí no hay una sede de Unicef”. Dos años después se abrió la oficina del Fondo en La Habana. 


En Cuba el 99 % de los nacimientos ocurre en instituciones de salud. La mortalidad infantil cerró en 2014 con una tasa de 4.2 por mil nacidos vivos cuando en 2012 era de 4.83, la de Estados Unidos de 5.98 y la de Colombia de 15.92.  La cobertura de atención a la primera infancia, también en  2012, era del 96 %. Estos indicadores, entre otros, se explican porque en ese país caribeño, de recursos limitados, cuyo PIB per cápita equivale al de Honduras,  se han combinado a lo largo del tiempo voluntad política y una arquitectura estatal preparada para sostenerlos y mejorarlos.


Sin duda los cubanos tienen multiplicidad de desafíos relacionados con sus niños y adolescentes más allá de los relacionados con la salud y la educación.  El más difícil de todos es que esta riqueza de resultados, producto de la atención privilegiada recibida por niños y jóvenes, se topa con las limitaciones de un modelo político  que les ofrece muy restringidas oportunidades cuando alcanzan la edad para  desempeñarse productivamente y ejercer con plenitud sus derechos democráticos.  


El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y eventualmente el levantamiento del embargo, traerá a la isla dinámicas sociales  y económicas completamente nuevas, potenciadas  considerablemente por el soporte de una población diligentemente cuidada desde antes del nacimiento y con niveles educativos envidiables para la mayor parte de los países de la región. Este 2015 será decisivo para comenzar a escuchar los nuevos ecos.