Columnistas

Diálogo interreligioso y paz mundial (1)
Autor: José Hilario López A.
13 de Enero de 2015


Como lo afirma el ex clérigo católico Küng, no habrá paz en el mundo sin un diálogo interreligioso.

A raíz de la brutalidad de los recientes ataques de fundamentalistas musulmanes al semanario parisino Charlie Hebdo y consecuente estupor mundial, he vuelto a los escritos del reconocido teólogo suizo Hans Küng y a un texto de este columnista, relativo a la geopolítica del petróleo y la cuestión islámica.  A continuación algunas reflexiones.  


Como lo afirma el ex clérigo católico Küng, no habrá paz en el mundo sin un diálogo interreligioso. No hay posibilidades de vivir en paz mientras subsistan espacios para éticas opuestas y antagónicas, como lo son las que fundamentan  el cristianismo, el judaísmo y el islam. Esto no significa que se proclame una religión o una ideología únicas, pero si algunos mínimos valores, ideales y fines, obligatorios y obligantes para nuestras tres religiones monoteístas.


Repasemos la historia, empezando por reconocer que judíos y musulmanes, cuyo enfrentamiento explica mucho del conflicto actual y la temida amenaza terrorista sobre occidente y sus aliados, no han sido siempre enemigos, sino todo lo contrario: a los judíos les ha ido mejor con el Islam que con el cristianismo. El Islam, que apreció en 622 y a los pocos años ya había conquistado a Palestina, que hasta ese entonces era parte del Imperio cristiano-bizantino. Después de la conversión al cristianismo de Constantino (año 313) los judíos en Palestina eran minoría, ya que casi todos se habían convertido a la nueva religión del imperio. Las minorías judías que se resistieron a la conversión  fueron sometidas a tantos vejámenes, que recibieron al Islam como su libertador.  Más tarde las cruzadas cristianas diezmaron cruelmente a judíos y musulmanes que ya convivían en sana paz en todo el Medio Oriente, a lo que se agrega el despiadado saqueo de sus poblados.


En España ocurrió algo similar. Desde la dominación romana los judíos formaban una gran comunidad en la Península Ibérica, pero con la conversión de los visigodos al cristianismo empezaron los vejámenes contra los judíos, llegando hasta obligarlos al bautismo.  Cuando en el año 711 España fue conquistada por los árabes, como antes en Palestina, los judíos lo celebraron como una nueva liberación.


En pacífica convivencia con los musulmanes, primero en el Califato de Córdova y luego en Granada y Sevilla, el judaísmo y el Islam  vivieron épocas de esplendor en las artes, la filosofía y las ciencias. Lo mismo puede afirmarse de la convivencia de estas dos culturas en Egipto durante los siglos XI y XII.


Ahora vale la pena resaltar las diferencias entre el cristianismo y el Islam, a partir de las cuales se puede explicar el mal llamado atraso del mundo musulmán, en contraposición con el progreso material de occidente y demás culturas que se han estado asimilando a su ideología secular:


El Islam involucra la religión en el gobierno de los pueblos, como reconocimiento de que Dios está inscrito en la historia humana.


El cristianismo es una religión centrada en la felicidad en el otro mundo.


El proyecto del Islam es la creación de una sociedad justa y equitativa: el Ummah.


En el cristianismo calvinista, dominante en los países industrializados de occidente a partir de la Reforma Protestante del Siglo XVI, se impone la idea de la necesidad del mejoramiento continuo del hombre para merecer la predestinación, origen del capitalismo y del desarrollo industrial.


En el Islam la ciencia está por principio al servicio de Dios, en desmedro del progreso material.


En el cristianismo la ciencia está sobre todo al servicio del progreso material, de allí la separación entre ciencia y fe, y entre la religión y el estado laico.


A la situación de atraso material se suman las frustraciones y derrotas del mundo musulmán, por causa de las desacertadas intervenciones de Occidente y de la incapacidad política de nuestros dirigentes.  Baste sólo mencionar algunos de estos desaciertos y frustraciones:


Imposición de regímenes coloniales y protectorados por los ingleses para controlar el petróleo en el Medio Oriente, a la  caída del imperio otomano después de la Primera Guerra Mundial.


Implantación del Estado de Israel en territorio palestino en el año de 1948, para resolver un problema creado por Europa en Europa (el Holocausto).


Panarabismo de Nasser en los años 50 del siglo pasado, especie de colonialismo soviético, con su intento de secularización de la vida cotidiana.


Intento de secularización con el proyecto Sha de Irán en la década de 1970.


Corrupción de las castas dirigentes musulmanas, en connivencia con los occidentales.


Invasión a Irak en el 2001 por EE.UU y sus aliados occidentales.


Toda esta larga historia de vejámenes, fracasos y desengaños ha creado en los actuales dirigentes musulmanes la conciencia de la necesidad de buscar una salida que les permita superar atrasos e injusticias.  La solución esperada consiste en volver al Islam en su más pura esencia, tal como la define y resume Sayyid Qutb, su más destacado ideólogo: incompatibilidad del Islam con la secularización.  


Creo que un diálogo interreligioso y político de occidente con el Islam debe partir de entender y reconocer  esta situación.


Seguiremos con este tema en próxima columna.