Palabra y obra

The state of Art in Medellin
La situación del arte en Medellín
10 de Enero de 2015


Luego de conversar con algunos amigos que visitaron las pasadas ferias de arte en Bogotá e interactuaron con muchos de sus actores, se lleva uno la impresión de que la situación del arte en Medellín está peor que nunca.

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Foto: Cortesía 

Félix Ángel nació en Medellín en 1949 y vive hace más de tres décadas en Estados Unidos. Sus creaciones han sido exhibidas en varios países de Latinoamérica, en más de cien exposiciones.

Félix Alberto Ángel


Pintor colombiano radicado en Washington, Estados Unidos


La ciudad no ha podido recuperarse del interruptus que la cancelación de la Bienal de arte representó hace cuatro décadas. La terminación de la Bienal arruinó el entusiasmo de la incipiente clase profesional coleccionista, impidiendo el desarrollo de una dinámica económica pertinente al comercio de la obra de arte. Sin la Bienal los coleccionistas potenciales perdieron el aliciente para invertir dinero en expresiones visuales, traumatizó el interés para rodearse de arte como parte de una experiencia de vida, y estranguló los lazos capilares -culturales- que se habían creado entre Medellín y el resto del mundo, esfumando el posicionamiento que adquirió la ciudad en pocos años con centro artístico, para ser luego reemplazado por el de la capital de la droga.


Bogotá estuvo temerosa por unos cuantos años del entusiasmo de las provincias (Cali y Medellín), porque ese entusiasmo, manifestado en la celebración de eventos artísticos internacionales, ponía en peligro el monopolio que hasta finales de los años sesenta -en particular con el Salón nacional de artistas- mantuvo como  carta blanca para manejar a su antojo los vicios centralistas con la venia de los artistas bogotanos y demás componentes de la fauna cultural, que son quienes se han beneficiado particularmente de la situación.


Extinguidas las bienales de Medellín y Cali, ambas ciudades se ahogaron con el narcotráfico y la confusión cultural que contagió a todos los estamentos, porque con el dinero de la droga se puede todavía comprar cualquier pendejada, borrando las distinciones entre el arte serio y el que no lo es.


También colaboraron en la debacle los artistas de provincia, porque en esos años inmediatamente siguientes -la mitad de los setenta en adelante- se vendía cualquier cosa, sobre todo lo regular, lo malo y “requetemalo”, puesto que había clientes para todo y les interesaba más la plata que reaccionar contra un estado de cosas que tenía escrita la palabra “desastre” por todos lados. Ello afectó tremendamente los museos locales, por lo cual luego de cuarenta años Medellín sigue con museo y medio, una anomalía en cualquier parte del mundo civilizado.


Bogotá se ha apoderado, como en el pasado, de todo lo que es importante para la vida nacional, ignorando cualquier cosa que ocurre en la provincia, sin que esta manifieste deseos de corregir la situación. En Medellín y en Antioquia seguimos “montañerizándonos” a más no poder. Bogotá tiene cinco ferias de arte al mismo tiempo y Cartagena tiene una -malas o buenas, pero ese no es el punto-, en las cuales participa arrimada la provincia con el mismo servilismo de décadas atrás para poder sobarse los codos con el arte internacional, o sea que la provincia ayuda a reafirmar y financiar ese papel centralista, porque en lugar de usar la imaginación para transformar el medio local, se pliega a la hegemonía de los cachacos y los políticos “cachaculturizados”.


Y no me vengan ahora con el cuento de MDE. Entiendo que hay uno programado para este año, todavía sin cabeza. Como expresó uno de los amigos con quien conversé, el MDE es una feria de vanidades incomprensible para el público, realizada a un costo enorme y de una inutilidad comprobada en cada una de las convocatorias anteriores, que ha ignorado consistentemente cualquier talento local, pero muy entretenida y beneficiosa para curadores invitados, asesores de plataformas conceptuales y toda la palabrería al uso que tanto excita a quienes la utilizan como jerga que les permite reconocerse entre sí a los de la misma tribu, pero enajena al ciudadano que, de una manera u otra manera, es un contribuyente forzoso con sus impuestos y pasividad.


Este ejercicio vacío, pero aparentemente cosmopolita, atrae algo de prensa local, trae “artistas”, curadores, visitantes, etc.,  pero no deja de ser otro show mediático esporádico como los conciertos de Madonna, no establecen ninguna continuidad, no crean ninguna infraestructura ni contribuyen a la reflexión histórica, al estudio o la investigación en una ciudad que sin pasado ni presente busca ser reconocida como algo que no es ni será.


Escenarios para la banalidad local y el arribismo


Medellín no es Milán ni París, así quieran hacérnoslo creer cada vez que hay un desfile de brassieres en Plaza Mayor, ni Bogotá es Basel, así cobre los mismos precios por cubículo en una feria de arte. Ello es apenas el comienzo del problema. Medellín está desprovista de buena infraestructura, incluyendo la cultural. A nivel institucional parece que se han logrado avances, pero un examen profundo demuestra que esos avances son más cosméticos que otra cosa.


Sabemos que en el pasado nuestros museos se vieron afectados por problemas económicos y mediáticos, hasta que Botero decidió apoderarse del Museo de Antioquia para hacerse el suyo.  


Recuerdo la sorpresa que una exdirectora expresó cuando al preguntarme qué opinaba de la “donación Botero”, le respondí que “al maestro se le había ido la mano”, una manera eufemística de decir que la ciudad, a falta de invertir sus propios recursos y conocimientos para sacar adelante su museo más importante y respaldar su acervo, se lo había entregado a un artista que con “generosidad” logró cerrarle las puertas a todos los demás.


Ahora otro museo, que luego de cuatro décadas no ha podido contar con sede propia, se encuentra  en proceso de expansión con apoyo del Municipio y la empresa privada. Sus éxitos, los pocos que ha tenido, se basan en exposiciones importadas, descontextualizadas,  y en  ningún caso en proyectos propios. Con todo el tiempo perdido jubilando empleados, esperemos que no se convierta en un museo que como tal, debió existir en el siglo XX, y ahora entra atrasado al XXI.


Las entidades artísticas en Medellín siguen teniendo una deuda con la educación, o como dicen ahora: de formación de públicos. Los museos son  pasarelas para que los mochileros vayan y sean  vistos en una que otra inauguración tomando licor gratis, o para hacer desfiles de diseñadores frustrados.


Crítica no hay, y el periodismo cultural, que tuvo su edad de oro durante el comienzo de los setenta, nunca fue peor. “Comunicadores” que ni saben redactar, prensa que no ofrece contenidos serios y da gran despliegue a tonterías (el nuevo novio de una actriz o el gol que no hizo James Rodríguez, pero al cual ayudó). La prensa hablada y escrita tiene en deuda su cuota de responsabilidad. ¡Hace falta un nuevo Yo Digo!



El mercado artístico

Hay que ver las “obras originales” con que los estratos superiores adornan sus viviendas -cuando lo hacen, porque ahora somos todos víctimas del minimalismo-. Con pocas excepciones, nunca ha habido tanta distorsión en el gusto y el saber de los paisas, tanta ignorancia y superficialidad. Mientras en Bogotá proliferan galerías -algunas cierran y otras abren-, en Medellín las ventas de arte languidecen mientras avanza un mercado informal, a espaldas del pseudo-neoconceptualismo que impulsan las facultades de arte y los museos.


Los artistas exitosos producen para la capital y para el exterior, y con suerte, para algún encargo corporativo local, si cuenta con el contacto clave del oficinista conectado con el burócrata-político que ya sabemos es de apellido Serrucho.


¿Y qué decir de la educación artística?, dos facultades de artes desaguan graduados todos los años. Se recita muy bien a Arthur Danto (próximo a ser reemplazado, dado que murió el año pasado) como antes se recitaba a Foucault, pero vaya pregúnteles por Cano o por Chaves o por Pedro Nel Gómez a ver qué saben o dicen.


Habría que hacer un estudio para entender qué hacen con su profesión tantos titulados, y dónde están las obras que producen. Muchos cumplen con los postulados posmodernos de repetir y apropiarse, pero no saben, y lo que es peor: no entienden qué es dibujar, pintar o esculpir, puesto que la noción de espacio les resulta más abstracta que lo que su imaginación les permite. Más éxito han tenido algunos trabajando en academias informales donde hay más libertad y pasión que en la enseñanza oficial, que gasta recursos públicos de manera improductiva, mientras ignora olímpicamente la inexistencia de un mercado laboral que debería ocupar a tantos “graduados”.


Eso sí, las ganas de dinero fácil siguen intactas, y crece como espuma la especulación inmobiliaria al igual que la cantidad de motocicletas, enriqueciendo sin traba a importadores que tienen colapsado el tránsito.




Los “artistas”

Los artistas antioqueños que por razón de ser de nuestro pasado y realidad local son avaros y egoístas, no piensan en nada más que en ellos mismos y en cómo se pueden beneficiar así sea arrastrándose. No tienen reparo en pagarle a un vendedor ambulante por una banca en cualquiera de las ferias colombianas e internacionales.


A su vez, me atrevería a decir que la mayoría de los comerciantes de arte local, quienes están lejos del honroso título de “galeristas”, no tienen -me consta- inconveniente en entorpecer ventas de artistas que no controlan porque en ellas no hay comisión para ellos. Es decir, hay doble fuga de recursos por la novelería y la envidia, y la causa de ambas es la incapacidad de la provincia para regir su propio destino  como solamente en la época de las bienales pareció la ciudad de Medellín asumirlo.


Seguimos moviendo la cola para ver si en Bogotá “le dan un puestico” a Medellín en cualquier cosa, ferias de arte incluidas. Los artistas no tienen reparo en pagar de su bolsillo a los oportunistas de turno por la silla en una feria si es el caso, antes de hacer algo que contribuya a dotar el medio (incluidas sus instituciones culturales) de personalidad, capacidad y destino propios. Pero francamente, ¿a quién le va importar una ciudad que se precia de ser “la más montañera”, en un país donde, según una encuesta reciente, sólo el 3% es infeliz? Creo que el tiempo me ha dado la razón. Por eso la cantaleta de tantos años es la misma.





Comentarios
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Henry
2015/01/15 09:51:47 pm
Menos mal este señor Félix Alberto Ángel, no reside en nuestra ciudad, quien sabe que generación lo reconoce como artista, ignoto en todo caso es para mí que ya llevo más de medio siglo respirando aquí en mi barrio Doce de Octubre, su sátira a la gestión Cultural de Medellín solo destila RESENTIMIENTO SOCIAL, con razón a quien le llaman “pintor”, al parecer no pudo hacer parte de la “ELITE” de esos artistas cargados de títulos académicos y amaestrados como “Artistas Plásticos” en cualquier universidad y, hubo de refugiarse por allá en la USA, mal informado don Félix por sus émulos y copartidarios de la impericia como artífices en Medellín y Bogotá, … le va tocar darse una pasadita “ojala muy breve” porque ni riegos que se nos quiera quedar aquí, que camine por cada una de nuestras comunas, de nuestros barrios, de nuestros corregimientos para que de primera mano se lleve bien “tatuada” la imagen de la nueva cultura urbana, y los testimonios fehacientes de los también artistas comunales que viene forjando de manera acertada “LA AGENDA CULTURAL” la “CIUDAD ESCUELA”, esta “MEDELLÍN DE TODOS POR LA VIDA”, en la que a través del PLPP la Secretaria de Cultura Ciudadana nos esta transformado y entregando el enhiesto a poder sentir, hacer, y vivenciar el ARTE Y LA CULTURA como un derecho para todos y todas y no como un universo o el privilegio donde solo caben los artistas de Museos, Bienales y esos otros cuentos que se inventan pretendiendo hacerse diferentes, diplomarse como ARTISTAS. HENRY ORTIZ ZAPATA - CONVOSHABLO
Fabio
2015/01/15 05:34:20 pm
Me parecen acertados ciertos comentarios del artículo, sin embargo, no podemos caer en generalidades; soy artista plástico y estoy lejos de ser “avaro y egoísta…. y no solo no pienso en mí y en cómo me puedo beneficiar, ni tampoco recuerdo haberme arrastrado”. Considero que para hacer ese tipo de afirmaciones hay que fundarse en algo más que la simple observación. Muchos de los artistas antioqueños le apostamos al arte como dispositivo para la transformación social, que va más allá de la comercialización.
toro
2015/01/12 09:49:23 am
El comentario del maestro Felix Ángel es muy acertado frente a todos los fenómenos de las artes plásticas en el medio. El periódico el mundo debería ampliar las perspectivas sobre el tema. ¿Qué hacen los museos y hace cuanto por los artistas de la ciudad, por las colecciones, por la difusión de estas, a los artistas sobre esta situación, sobre los guiones en el museo, sobre el oficio de los egresados de las carreras de artes plásticas, sobre los vendedores de arte, etc. Gracias por permitir este tipo de artículos, el colombiano y su mojigatería no lo hubiera permitido, lo hubiera recortado..