Columnistas

Navidad. 蓀oca para viajar a nuestra interioridad.
17 de Diciembre de 2014


En Navidad algo pasa. La Ciudad se alumbra, las calles se recorren, las empresas cierran el a駉 y ajustan proyecciones, el comercio se aumenta, las familias se encuentran, los corazones cantan de alegr韆. Hasta el sol nos regala una luz especial.

Gregorio Posada Greiffenstein 


En Navidad algo pasa. La Ciudad se alumbra, las calles se recorren, las empresas cierran el año y ajustan proyecciones, el comercio se aumenta, las familias se encuentran, los corazones cantan de alegría.  Hasta el sol nos regala una luz especial. Y en medio de los ires y venires propios de esta época, hay una pregunta. Tú. 


¿Te has detenido un segundo y has preguntando por ti? ¿Por el sentido de existir?  Más aún, ¿somos conscientes de nuestra vida? Quizá, el ruido nos aleja del siempre apasionante viaje por nosotros mismos. Un viaje de paisajes claros y a veces turbios,  los cuales tomamos en algunas ocasiones con ligereza.  


Es admirable cómo en la época navideña hay algo que nos impulsa a darnos, a salir de nosotros y entregar lo que somos y tenemos. ¿Te has preguntado el por qué? ¿Será la época? ¿Serán las campañas comerciales? ¿Será la costumbre? Quizá si decidimos embarcarnos en el viaje por nosotros mismos, descubramos el por qué.  


Lo que sí es cierto, es que allí, en ese movimiento de entrega, es cuando se da la maravilla del ser humano. Salir de su finitud para darse a los demás, algo que rompe el egoísmo y salta jubiloso el servicio, al amor, al perdón.  Es en ese movimiento en el cual se da en concreto la acción y la presencia de Dios en el hombre. Es en ese movimiento, en el cual se da el nacimiento de Jesús, saturando nuestro límite y llevándonos al encuentro con el otro.  


Probablemente Navidad sea la época privilegiada para viajar hacia nosotros mismos, preguntándonos por los talentos que tenemos y cómo los entregamos a los demás. Quizá en Navidad encontremos las pistas del estado del hombre, un ser para servir, para ir en procura del bienestar radical de los seres humanos.    Quizá Navidad sea la época en la cual se trasparenta a Dios de una manera especial, mostrando el estado de plenitud del ser humano. Frente a este sentimiento surge una pregunta: ¿Con quiénes compartes la vida, ven en ti la presencia de Dios? 


Que todos aquellos quienes te rodean; tu familia, amigos, compañeros de trabajo, hermanos de comunidad y cualquiera otra persona que se te acerque,  pueda decirte ¡feliz navidad! porque viven en ti, el espíritu de acogida, de solidaridad, de amor, de entrega, de presencia de Dios. 


*Miembro del Centro de Fe


 y Culturas.