Editorial

Inspiradores
11 de Diciembre de 2014


“Llamamos a los líderes del mundo a unirse en torno a la educación como su mayor prioridad”, Thorbjorn Jagland, presidente del Comité Nobel de Paz.

Cuando Kailash Satyarthi y Malala Yousafzai recibieron ayer en Oslo la medalla y el diploma que los certifica como ganadores del Premio Nobel de Paz 2014, los más de sesenta millones de niñas vulneradas en su derecho a la educación, los siete millones de niños sometidos a diversas formas de esclavitud y los millones de niños que no pueden disfrutar su infancia porque han sido abandonados, sufren agresiones familiares o violencia social, coparon las agendas mundiales invitando al compromiso con su presente y su devenir. 


Con estos dos activistas, y los niños que ellos representan, el sueño de un mundo que albergue la niñez, la voluntad de construirlo, y la valentía de ciudadanos sin más investidura que su firme convicción, se hicieron protagonistas inolvidables del primer Premio Nobel de Paz concedido a trabajadores de la educación y apenas el cuarto entregado a defensores de la Infancia, valor que también representaron Unicef, galardonada en 1965, y la abogada iraní Shirin Ebadi, premiada por defender los derechos de la mujer y la niñez.


La ceremonia de Oslo antecedió la entrega de los Nobel de Medicina, Química, Física, Literatura y Economía, realizada en Estocolmo. Ambas son el momento culminante de la semana Nobel realizada en ambas capitales para reunir a los ganadores de estos premios con sus colegas y estudiosos del mundo, con quienes reflexionan en jornadas académicas sobre sus avances científicos y propuestas para una mejor humanidad; el sueño de Alfred Nobel que inspira a la Fundación que lleva su nombre y que guía a los esforzados trabajadores por este propósito.


Los motivos del Nobel de Paz 2014 y la fuerza moral e intelectual de quienes lo recibieron bastarían para que la entrega de sus premios fuera una ceremonia memorable. Si se suma el simbolismo de los momentos culmen, queda inscrita en el corazón de los asistentes y quienes la han visto. Cuando el presidente de la Marcha global contra el trabajo infantil  invitó a los asistentes a cerrar los ojos y poner su mano en el corazón para buscar el niño que tienen dentro de sí, nos recuerda el crucial papel de la infancia como etapa que instala nuestro lugar en el mundo y como población digna de disfrutar sus derechos materiales y espirituales. Es inolvidable, y compartido por el mundo, el instante en que asistentes llegados de todo el mundo se ponen de pie para manifestar admiración a la valiente joven que ha asumido la voz de sus iguales víctimas de discriminación, violencia familiar, esclavitud temprana, violencia política y prohibiciones a escoger su rumbo. Y fuera del acto oficial, pero igualmente significativo, queda la irrupción del adolescente que portaba la bandera mexicana para recordarle a Malala y al mundo que no es posible olvidar la masacre de Ayotzinapa y a las víctimas de ese horror. 


Satyarthi y Malala reconocen su premio como aliciente para sus proyectos por los derechos de los niños y como esperanza para fortalecerlos. Reconociéndose heredero de los líderes de la Noviolencia, en especial de Gandhi, King y Mandela, el indio invitó al mundo a reconocer los quiebres de la globalización, y que son barreras contra los niños que sufren. Con inmensa fuerza, aplaudida por el público, alzó su voz para clamar por una nueva marcha: “globalicemos el conocimiento, la compasión, la educación. Marchemos para cambiar la pobreza en prosperidad, la esclavitud en libertad, la ignorancia en conocimiento, la oscuridad en luz, la muerte en vida”. Al trazar su rumbo llamó a Malala y a las niñas que reconoce como “sus hijas” en la lucha por la libertad de los jóvenes esclavizados. Coincidiendo en sus reclamos por los niños, la líder pakistaní ratificó su compromiso, ante el cual el mundo entero no debe menos que corresponderle, y señaló su propósito de destinar los recursos del premio, para construir escuelas y una secundaria en su tierra natal.


Si en las ediciones anteriores, los premios Nobel de Paz recogieron las aspiraciones de la humanidad a la Noviolencia, la paz global, la formación de organismos multilaterales democráticos, el desarme y el cese de la amenaza nuclear, la reconciliación interna de los países y la diplomacia, el Premio a Satyarthi y Malala es inspiración a todos los seres humanos para que exploren su potencial de generosidad, compromiso y trabajo, para forjar nuevas realidades para quienes sufren las desigualdades, la inequidad o las peores formas de persecución.