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¿Somos tan felices?
Autor: Hernán Mira
2 de Diciembre de 2014


Apareció recientemente el Índice de Planeta Feliz del 2012 en el que Colombia ocupa el tercer lugar después de Costa Rica y Vietnam.

mira@une.net.co


Apareció recientemente el Índice de Planeta Feliz del 2012 en el que Colombia ocupa el tercer lugar después de Costa Rica y Vietnam. Ese índice mide expectativa de vida, percepción de bienestar y huella ecológica que corresponde a la cantidad de tierra utilizada para obtener recursos. Es muy cuestionado ese índice, pues es muy débil y le da mucha importancia a la percepción de satisfacción plena en el presente, algo que corresponde más a una sensación individual que depende de muchos factores difíciles de medir y conjugar para obtener un resultado.


En el 2013 la ONU publicó el Informe Mundial de Felicidad que está basado en el análisis de seis variables: la renta per cápita, ayudas y apoyo social, esperanza de vida, percepción de la corrupción, prevalencia de generosidad y libertad para tomar decisiones. Este es, evidentemente, una medida más objetiva que incluye la evaluación de otros factores como el apoyo social, la corrupción, generosidad y libertad, que le dan a la felicidad un contenido, no tan individual como en el Índice de Planeta Feliz, sino comunitario y social como debe ser. La felicidad es más un bien común.


En este informe los tres primeros lugares los ocupan Dinamarca, Noruega y Suiza. Mientras los tres primeros de Planeta Feliz, aquí aparecen: Costa Rica 12, Colombia 35 y Vietnam 63. Se llama la atención sobre la enfermedad mental como una de las principales causas de la infelicidad. Y se señala que a pesar que 10% de las personas sufren depresión o ansiedad en algún momento de su vida, ningún gobierno gasta siquiera el 15% del presupuesto de salud en el cuidado de salud mental.


Medidas de felicidad como esta de Planeta Feliz, son abiertamente controvertidas por Amartya Sen, el gran economista y Premio Nobel en 1998, en entrevista (http://www.ciudadnueva.org.ar/revista/542/actualidad/amartya-sen-cambiemos-la-economia). Allí plantea la diferencia entre los conceptos de bien-estar y felicidad. El primero se refiere a lo que hace la persona y el segundo a lo que siente. El bien-estar está relacionado con la libertad, derechos y capacidad y funcionamiento. Sen habla del “esclavo feliz” -algo que bien pudiera aplicarse a esos resultados de Planeta Feliz- y dice que las evaluaciones de la felicidad propia están sujetas a efectos de la adaptación, pues las personas se adaptan a situaciones desfavorables para sobrevivir y estas adaptaciones distorsionan las evaluaciones de felicidad.  


En la evaluación de condiciones de vida y bienestar de los más pobres, los indicadores de felicidad no dicen lo que muestran otros índices sobre condiciones reales de privación y falta de libertad, dice. “Seres reconciliados y contentos con sus propias desventajas es algo muy diferente a no tener esas desventajas. Los indicadores basados en la felicidad son problemáticos, porque hacen que se cometan errores graves en perjuicio de las personas más desfavorecidas”.


CODA. Cuando le dieron el Nobel a Sen, le preguntaron si era feliz y contesto que no creía que tuviera derecho a sentirse feliz cuando en el mundo había tanta gente en la miseria.